El rey confirma la oportunidad de Marruecos

¿La relación de Felipe VI con la casa real de Rabat será tan buena como fue la de su padre?

La Voz de Galicia, Manuel Campo Vidal, 20-07-2014

«Portugal, tan cerca y tan lejos», rezaba una vieja publicidad, o más bien un lamento, para advertir que los dos países de la península ibérica vivíamos de espaldas. «Marruecos, casi igual de cerca y aún mas lejos», podría parafrasearse. Es una realidad susceptible de traducirse en pérdida de oportunidades. Felipe VI pareció llamar la atención sobre ese problema y puso de su parte lo que pudo en su visita a Rabat para tratar de confirmar la oportunidad que para España significa Marruecos. Treinta y dos millones de habitantes; 1.200 empresas españolas instaladas, buena parte de ellas pymes; 20.000 empresas españolas exportadoras, con saldo comercial favorable a nuestro país; una clase media emergente que se esfuerza por llevar a sus hijos a colegios extranjeros: 5.000 niños en la enseñanza media en once colegios españoles – 900 en Casablanca frente a 35 alumnos con solo dos maestros en El Aaiún – colegios americanos, franceses, alemanes, italianos y muy pronto uno belga con oferta de 600 plazas y una lista de espera de más de 2.000. Recorriendo Marruecos uno tiene la sensación de revivir la España de los setenta, en un marco no sin problemas, sin duda, pero lleno de oportunidades. Solo que avanzan en su modernización en una equivalencia de tres años de progreso por cada doce meses transcurridos.

El centro de Rabat lucía repleto de banderas españolas la pasada semana y todas las cámaras del país se centraban sobre la pareja real visitante mientras la policía, en estado de alerta máxima, se ocupaba de impedir un atentado yihadista. En realidad, flotaba en el ambiente una pregunta: ¿La relación con el nuevo rey será tan buena como con su padre, que no dudó en volar a Rabat para llorar las pérdidas familiares de la casa real marroquí?

Tal como bajaron los monarcas del avión, Mohamed VI, que había acudido a recibirlos con toda su familia, le dio la buena nueva: acababa de desbloquear la firma de Marruecos con la UE de un acuerdo pesquero que, sobre todo, beneficia a los españoles. Además del gesto de recibir a don Felipe y doña Letizia en pleno Ramadán, algo inusual porque es tiempo de intimidad, los periódicos y la televisión marroquí destacaron que era el primer viaje de los nuevos reyes de España a un país africano y a un país árabe. Es lo que, en el fondo, les interesa: ser el socio preferencial de Europa y de EE.UU. para esos dos mundos, el árabe y el africano. El ministro de Educación Superior, Lahcen Daoudi, un islamista moderado, hubiera preferido que don Felipe viajara a Rabat antes que a Lisboa, pero le replicamos en nuestra distendida conversación, que Rabat, a estos efectos, debe compararse con París – que también los franceses son vecinos – o con Bruselas y Washington. Y don Felipe eligió antes Rabat. Estuvo de acuerdo. Sin embargo, no ponía objeción a que la primera visita de los reyes fuera al Vaticano. Esa es otra liga. En su mentalidad, sería como viajar a La Meca.

Mohamed VI, sobre el que no cesan discretísimos rumores sobre su estado de salud, tiene una estrategia inteligente y bien definida: ser el interlocutor con España, y por tanto con Europa, del África emergente y de los países árabes con los que se puede hablar. De ahí sus viajes, sobre todo a los países de la francofonía africana, su política de puertas abiertas a la emigración del continente – aunque le genere problemas en las costas y en las inmediaciones de Ceuta y Melilla – y hospitalidad a los estudiantes hijos de las élites africanas que tienen cada vez más dificultades para obtener visados para Londres, París, EE.UU. e incluso Madrid. Es una gran inversión de futuro la de ser referente estratégico y hasta emocional de esas élites en formación.

Mirando el mapa del mundo desde Rabat, Mohamed VI promueve una política de apertura y liderazgo hacia el sur de África y hacia el mundo árabe – con excepción de Argelia, a la que no perdona el apoyo al Frente Polisario – y una conexión privilegiada con el norte, comenzando por España. Si la visita de los nuevos reyes vecinos encerraba alguna incógnita, quedó satisfactoriamente despejada. En la era pos juancarlista, la relación será impecable, la colaboración tan alta como los empresarios de los dos países sepan establecer y los sueños de futuro sin límite, en particular el que aflora en cualquier conversación económica, política o universitaria mantenida en Marruecos: la utopía de un túnel bajo el Estrecho que incluya una autopista y el tren de alta velocidad. Una gran oportunidad.

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