El regreso del antisemitismo
Los asesinatos en el Museo Judío de Bruselas y el auge de los partidos extremistas en la UE encienden las alarmas en las comunidades hebreas «Es terrible que el odio se transmita de generación en generación». El antisemitismo enseña otra vez sus dientes
Diario Vasco, , 15-07-2014El atentado que acabó a finales de mayo con la vida de cuatro personas en el Museo Judío de Bruselas ha reavivado los viejos fantasmas del antisemitismo en la población judía de Europa, que observa también con creciente preocupación el ascenso de ideologías abiertamente xenófobas en el seno de la Unión Europea. El asesinato el pasado 24 de mayo de dos turistas israelíes de Tel Aviv que visitaban el Museo Judío de Bruselas y de dos de los trabajadores del centro ha encendido todas las alarmas en las comunidades judías europeas. El crimen, atribuido a un joven francés de ascendencia argelina que había combatido en Siria con las milicias yihadistas, de nombre Mehdi Nemmouche, no es consecuencia de un arrebato puntual, tal y como ocurrió hace un par de años en el ataque a una escuela judía de Toulouse, sino que habría sido minuciosamente planeado. El hallazgo en poder del presunto asesino, que fue detenido posteriormente en Marsella, de un vídeo que recogería fragmentos del atentado, avalaría una hipótesis que, de confirmarse, podría ser el punto de partida de una estrategia contra intereses judíos en territorio europeo.
El cuádruple asesinato de Bruselas, el acto antisemita más grave que ocurre en Bélgica después de la Segunda Guerra Mundial, se produjo en vísperas de unas elecciones al Parlamento Europeo que han reforzado las posiciones de partidos que han hecho de la xenofobia una de sus señas de identidad. La entrada en la Eurocámara de grupos como el griego Aurora Dorada o el húngaro Jobbik, abiertamente contrarios a los judíos, es un preocupante precedente al que se añade el triunfo en Francia del Frente Nacional, que aunque intenta ahora reorientar su política de rechazo a determinadas minorías, nació con una vocación antisemita explícita. Las palabras de desprecio hacia los judíos que pronuncia Jean-Marie Le Pen cada vez que tiene oportunidad pesan bastante más que las rectificaciones sobre la marcha que hace su hija, que pretende sin mucho éxito marcar distancias con el antisemitismo clásico de la extrema derecha y dirigir su rechazo hacia otros colectivos.
El ambiente se ha enrarecido hasta el punto de que una semana antes del atentado contra el Museo Judío, el movimiento Debout les Belges (Arriba los Belgas), que aglutina a grupos de extrema derecha, había convocado en Bruselas un acto abiertamente antisemita bajo el nombre de “Primer Congreso Europeo de la Disidencia”. A la cita habían sido invitados personalidades conocidas por sus provocaciones contra los judíos, entre ellos el polémico cómico francés Dieudonné y el activista y predicador Kemi Seba, condenado por incitación al odio racial. La celebración de la jornada fue criticada por la Liga Belga contra el Antisemitismo, que denunció que concurrían todas las circunstancias para que «se produzca un verdadero día del odio que se convertirá en el marco del peor encuentro de autores, teóricos y propagandistas antisemitas en Bélgica desde la Segunda Guerra Mundial». El acto fue finalmente prohibido aunque los organizadores se negaron a desconvocarlo y la Policía tuvo que intervenir para impedir su celebración. El parlamentario Laurent Louis, uno de los principales promotores, puso el grito en el cielo y denunció: «¡Estamos en la república soviética de Bélgica!».
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Por muy preocupantes que resulten todos esos indicios, no hay afortunadamente ningún paralelismo entre la Europa actual y la que fue escenario el siglo pasado de las sistemáticas persecuciones que desembocaron en el Holocausto. El antisemitismo se circunscribe a corrientes minoritarias que han adquirido visibilidad en las elecciones europeas debido al alto índice de abstención. Los observadores políticos no creen que ninguno de esos grupúsculos tenga posibilidad de influir en los gobiernos de sus respectivos países. Las comunidades judías, sin embargo, se sienten cada vez más incómodas ante el avance de las acciones de signo hostil. La Federación de Comunidades Judías de España (FCJE) ha pedido a las autoridades de la Unión Europea «que pasen a la acción con toda celeridad para legislar y penalizar la incitación al odio racial y antisemita que deriva en actos criminales como el de Bruselas».
Mauricio Toledano, secretario general de la FCJE, cree que las cosas empiezan a ir demasiado lejos. «Las calumnias en las redes sociales cuando el Maccabi de Tel Aviv venció al Real Madrid lamenta evidencian que el antisemitismo no es cosa del pasado y que por desgracia sigue latente en la sociedad española. Es necesario que las autoridades tomen conciencia de lo que ocurre, no se puede permanecer de brazos cruzados apelando a la libertad de expresión cuando se da rienda suelta a comentarios que alimentan el odio y la xenofobia». A Toledano le parece especialmente triste que pervivan sentimientos contra los judíos en países donde su presencia es casi residual. «El 90% de los españoles no se ha cruzado en su vida con un judío porque somos muy pocos, apenas 45.000, y encima no llevamos una kipá en la cabeza. Es terrible que generación tras generación la gente nazca y crezca con odio».
En la mayor parte de Europa occidental las poblaciones judías representan una ínfima minoría. En Bélgica, por ejemplo, se calcula que hay unos 40.000, una cifra similar a la de España. Francia tiene el colectivo más nutrido, cerca de medio millón. A pesar de su escaso peso en términos demográficos, los judíos siguen despertando recelo en buena parte de las sociedades europeas. En España, por ejemplo, una encuesta encargada por el Ministerio de Asuntos Exteriores desvelaba que un tercio de la población (el 34,6%) tiene una opinión «desfavorable o totalmente desfavorable» de la comunidad judía y que uno de cada dos escolares rechaza tener a un compañero de pupitre de origen hebreo. «La única explicación que se me ocurre es que la crisis económica hace que avancen los sentimientos contra las minorías, sean judíos, gitanos o africanos», reflexiona el secretario de las comunidades judías de España.
En Europa las cosas no están mejor. Un estudio dado a conocer este mismo mes por la Agencia Europea para los Derechos Fundamentales indica que el 26% de los judíos europeos dicen haber sufrido algún tipo de acoso en los doce últimos meses. El 4%, además, asegura que ha sido agredido por su religión durante el año anterior al sondeo. Los indicadores son preocupantes porque empeoran la última serie: en menos de siete meses las personas que dijeron haber sufrido acoso pasaron del 21% al 26% mientras que las agresiones se doblaron del 2% al 4% El sondeo se realizó entre 5.847 ciudadanos judíos de Alemania, Bélgica, Francia, Hungría, Italia, Letonia, Suecia y Reino Unido, naciones que agrupan al 80% de la población judía europea.
En países como Francia se empieza a hablar de una salida de la población de origen judío hacia Israel aunque no hay datos que lo verifiquen. El aumento de la emigración francesa hacia Tel Aviv parece ser una realidad a tenor de estadísticas aún provisionales, pero la gran mayoría de los analistas creen que tiene más que ver con la crisis económica que con el temor al avance de fuerzas como el Frente Nacional. «¿Quién ha hablado de emigrar? Lo que hay que hacer es actuar en la educación para erradicar de una vez por todas el sentimiento de rechazo hacia el diferente», razona Mauricio Toledano.
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