Conflicto social en Sevilla

«Si hubieran pillado a uno, aquí se habría matado»

Vecinos de Estepa advierten de que puede haber más ataques al clan de ‘Los Chorizos’

El Mundo, MARÍA RIONEGRO ESTEPA (SEVILLA), 07-07-2014

Estepa es la imagen de la rebelión. De un pueblo que cae en la peligrosa tentación del ojo por ojo en lo que considera la lucha contra la injusticia. Sus vecinos han dicho basta a una oleada de robos que dura meses –incluso años– y que atribuyen a Los Chorizos, un clan de etnia gitana cuyos miembros se definen, según cuentan los vecinos, como «los dueños del pueblo». Tan sólo en las últimas dos semanas se han producido 23 robos.

El miedo de los vecinos ha dado paso a la venganza y los fuertes altercados vividos en la mañana del sábado –el asalto y la quema de viviendas del clan sospechoso de los robos– podrían no ser los últimos. El Gobierno local y las Fuerzas de Seguridad tienen una semana para tomar medidas. De lo contrario, el próximo sábado los vecinos volverán a tomar las calles de la localidad sevillana.

La tensión y la indignación siguen presente en el ánimo de los estepeños. Horas después de la trifulca en la barriada de Los Poetas, un numeroso grupo de vecinos exigía medidas contundentes al alcalde, Miguel Fernández Baena, al que abucheó y pidió la dimisión a su llegada a la sede del Ayuntamiento. Estos vecinos no se arrepienten de los hechos del sábado: si detuvieran a alguna persona por los altercados, aseguran que estarían dispuestos a pagar las posibles sanciones entre todos.

«Nuestra casa se ha convertido en un búnker, con alarmas, y tengo que dormir con un machete bajo la cama», explica un vecino que afirma que le han robado más de 7.000 euros en material agrícola. La situación es insostenible y algunos estepeños coinciden en asegurar a EL MUNDO en que, si los vecinos hubieran «pillado» a algún miembro de Los Chorizos, «aquí se habría matado». «Todos apoyamos lo que pasó, nos cubrieron las espaldas», afirma una joven madre.

Otros estepeños cuentan cómo recuperaron sus pertenencias en los asaltos a las viviendas. Por ejemplo, una señora recuperó una máquina de coser en una de las casas del clan, otro joven encontró su televisor y el dueño de una cafetería descubrió algunos artículos de su negocio. «Raro es el comercio donde no han entrado a robar, e incluso hace unos meses desvalijaron un salón de bodas la noche anterior al enlace. Se lo llevaron todo», cuenta una señora.

El dato más surrealista que comentan los estepeños es que «los choris» –como ellos los llaman– aprovecharon que todos los vecinos se estaban manifestando la mañana del sábado para intentar robar. «Entran en las casas a plena luz del día, amenazan con cuchillos y dicen que son los dueños del pueblo», relata una vecina.

Al otro lado del pueblo, el miedo sigue siendo protagonista. En la barriada de Los Poetas, donde vivían algunos miembros del clan de Los Chorizos y donde sucedieron los graves incidentes, los vecinos no quieren hablar. Era el paisaje de la desolación tras una batalla campal y el silencio, la norma.

En las fachadas asaltadas aún se ven los rastros del fuego y los daños causados. La convivencia siempre ha sido complicada con ellos. Incluso han protagonizado algunos tiroteos «entre ellos mismos», además de participar en la venta de droga. «Aquí se ha visto a gente drogándose junto a los niños que jugaban en el patio común; no hay derecho a que el Ayuntamiento permita esto».

Ante las críticas de los vecinos, el alcalde, Miguel Fernández, dijo ayer estar al lado de los estepeños, pero también reprobó los altercados y pidió «no caer en la tentación del ojo por ojo, sino esperar a que la Justicia dirima quiénes son los responsables de los robos».

Tras el ataque a las viviendas de Los Chorizos, la familia puso rumbo a otro pueblo, Puente Genil, donde pretendía refugiarse. Sin embargo, el nuevo hogar del clan apenas les duró unas horas. Según informó el Ayuntamiento de la localidad cordobesa, los agentes detectaron el mismo sábado, día de los altercados en Estepa, que la familia ocupaba una vivienda de forma ilegal en la calle Nueva.El alcalde, Esteban Morales, puso los hechos en conocimiento de la Subdelegación del Gobierno y a primera hora ayer se montó un dispositivo policial para impedir que la familia se instalara allí definitivamente. Los Chorizos abandonaron la vivienda de forma voluntaria.

El clan decidió entonces volver a la provincia de Sevilla a bordo de una furgoneta, pero en su camino se topó con la Guardia Civil, que identificó a sus miembros y detuvo a siete de ellos por posesión de objetos robados.

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