Sociedad

«No me imagino mi vida sin Cruz Roja»

ABC, josefina g. stegmannmadrid, 04-07-2014

Los 200.000 voluntarios con los que actualmente cuenta la organización son los que día a día hacen posible mitigar el sufrimiento humano

Son 200.000 voluntarios con los que actualmente cuenta Cruz Roja Española y el número no ha parado de crecer y los perfiles tampoco: estudiantes, trabajadores, parados, jubilados…pese a la heterogeneidad, es difícil encontrar a alguno que no sonría pese a la cantidad de horas que dedican al día de forma totalmente desinteresada muchas veces enfrentados a situaciones duras, con personas que pierden a sus seres queridos, que no tienen trabajo, que se sienten solas o que sufren enfermedades terminales.


Se hace patente la sonrisa, la alegría de quien hace lo que le apasiona, de quien asume un compromiso, de quien, en definitiva, se siente útil a los demás.


«Empecé en 2005 y no he parado un solo día. Al principio, no eres consciente de lo que va a pasar y ahora siento mucha satisfacción. Son muchas horas sin cobrar pero merece la pena, yo animo a la gente a que lo haga, el agradecimiento de la gente te hace seguir», cuenta Paula Gadea, voluntaria del Equipo de Respuesta Inmediata en Emergencias (ERIE) de Oliva, Valencia y que actúan en casos de incendios, inundaciones, terremotos, etc.


Paula tiene solo 25 años y está a cargo del centro logístico de emergencias a nivel autonómico y se encarga, en caso de emergencias, de administrar la ayuda, preparar a los equipos en función del número de afectados, necesidades, etc. «Lo más fuerte que me tocó vivir fue el terremoto de Lorca, donde nos desplazamos por la magnitud de lo sucedido. Vi cómo quedó el pueblo, la cantidad de gente que se quedó sin casa, miles de personas albergdas que estuvieron meses en las tiendas de campañas…y aún hoy hay gente que arrastra las consecuencias», recuerda Paula.


«En esos momentos intentas actuar lo más friamente posible, aunque te preparas nunca lo haces como hubieras querido, es difícil pero saco la fuerza al pensar que esta gente nos necesita, si nosotros no vamos, ¿quién va a hacerlo?», explica Paula.


Su compromiso se percibe en cada palabra y por ello, no duda un segundo ante la pregunta de si se imagina en otra vida, que no esté dedicada a la ayuda a los demás. «No imagino mi vida sin Cruz Roja, me faltaría parte de mi vida, son muchos años y experiencias…», concluye.



Cristóbal Zaragoza tiene 27 años, es de Cruz Roja Málaga y trabaja en el programa de atención a inmigrantes . «Elegí la inmigración para ayudarlos, creo que son los más vulnerables, es difícil llegar a una país que no es el tuyo y encima sin recursos», cuenta Cristóbal delatando desde el primer momento su sensibilidad respecto a este tema.


Cristóbal traslada a los inmigrantes , la gran mayoría que han saltado la valla de Melilla y «llegan llenos de cicatrices en los brazos, apenas hablan español…», cuenta y se interrumpe mientras aparecen más anécdotas y recuerdos, algunos de ellos amargos. «Hace un mes me puse a charlar con un inmigrante que había pasado 4 años tirado en la calle en Melilla antes de saltar, me dijo lo mal que lo habían tratado allí y se quedó paralizado por los recuerdos…yo intento animarlos y decirles que ahora, en España, será distinto», cuenta Cristóbal


Este voluntario malagueño que vive en primera persona el drama de los inmigrantes lamenta que mucha gente en España no lo entienda. «Lo que cuentan los medios es muy diferente a lo que sucede, hablan de invasión y no es así…me duele que muchos no lo comprendan», explica.


¿Por qué esta entrega? «Empecé para “matar el aburrimiento laboral”, porque no tenía trabajo y de hecho sigo sin él, pero reconforta saber que puedes ayudar, me hace sentir bien y además los chicos y las familias te lo agradecen, me siento útil», explica animado.



Víctor Domínguez Santacruz es el coordinador de Cruz Roja Juventud en Extremadura y también lleva un programa de prevención de consumo de drogas en espacios de ocios que se llama «Con sentido». Víctor empezó como voluntario en 2002 y se ha dedicado en sus inicios a ayudar a niños hospitalizados. «Tenemos programas de ocio para niños hospitalizados en Badajoz y trabajamos en cirugía pediátrica, oncología y preescolares…intentamos que los niños tenga un respiro de la situación que viven en el hospital», cuenta.


Víctor recuerda los rostros, los niños a los que ayudó, algunos que fue a buscar al hospital y se encontró con la triste noticia de que habían fallecido…Pese a las situaciones difíciles, Víctor reconoce que trabajar con niños es «muy agradecido». «Se crean vínculos, es como una familia, a muchos de ellos les han dado de alta y se han puesto a llorar porque no iban a volver a vernos», cuenta.


«Recuerdo también una niña que tenía 14 años y dijo que esperaría a ser mayor de edad para hacerse voluntaria. “Me ayudasteis tanto que estoy deseando poder hacerlo yo”», recuerda que aquella niña le dijo hace algún tiempo.


Este voluntario lleva ahora la coordinación de emergencias de Badajoz. «La último que nos ha tocado ha sido el accidente de Monterrubio de la Serena, y fue muy complicado, había familias que no habían asumido lo ocurrido y, además, se olvidaban hasta de comer…nosotros intentamos que todo sea lo más llevadero posible»


Víctor empezó a los 16 y al echar la mirada atrás reconoce su satisfacción por «hacer algo útil».


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