Las iglesias sicilianas se convierten en refugios

Acogen a centenares de inmigrantes llegados a la isla

La Voz de Galicia, Cristina Cabrejas, 21-06-2014

Iglesias y capillas de Sicilia se han convertido en dormitorios para centenares de inmigrantes, en respuesta a la petición a los religiosos que hizo el papa Francisco en Lampedusa para que abrieran templos y conventos para acoger refugiados. Es una medida de absoluta emergencia. Los centros de acogida están colapsados por la llegada de cerca de 60.000 inmigrantes en lo que va del año a las costas sicilianas.

El director de Cáritas de Palermo y párroco de San Juan María Vianney, Sergio Mattaliano, explicó que actualmente en iglesias y centros religiosos de la capital siciliana se alojan más de 550 inmigrantes, pero que el número cambia a medida que llegan nuevos indocumentados o que son trasladados. Ante la emergencia, Mattaliano no dudó en desalojar el área litúrgica de la iglesia donde estaban los bancos y colocó en su lugar decenas de camas que dan espacio a 225 jóvenes africanos que duermen ahora bajo el gran crucifijo del altar.

Siguió su ejemplo el padre Mauricio Francoforte al alojar a 25 jóvenes inmigrantes en el centro Padre Nuestro, fundado por el Beato Don Pino Puglisi, asesinado por la mafia, en el barrio palermitano de Brancaccio. Asimismo, otros 200 jóvenes han podido dormir estos días en la parroquia Santísima María Consoladora, en el barrio de Ruffini, también en Palermo. Entre los santos, frescos y mosaicos de la Iglesia exconsagrada de San Carlo, donde Cáritas tiene uno de sus locales, se han instalado otras cien camas para acoger a los africanos.

«Hemos sustituido el altar con camas. Pienso que es la misa más bonita que podíamos celebrar», explicó el párroco de San Luis Gonzaga, Rosario Francolino, quien también ha dado alojamiento en su parroquia a cientos de inmigrantes en los últimos días.

Al director de Cáritas de Palermo no le importa que se hayan alterado completamente las actividades litúrgicas, con cientos de catres repartidos por todo el centro que impiden que se celebren las misas. «La Iglesia es un lugar de acogida. En una emergencia como esta no se puede no abrir estos locales para nuestros hermanos», afirmó.

Mattaliano comentó que hace falta ayuda completa «porque esta gente no tiene nada, desde comida a ropa, hasta un simple cigarrillo», pero sobre todo poder llamar a casa para comunicar que están vivos. Cuenta que muchos de estos inmigrantes, la mayoría procedente de Costa de Marfil y Guinea, han quedado traumatizados porque han visto morir a sus familiares mientras atravesaban el Canal de Sicilia y muchos han sufrido torturas y han sido explotados por los traficantes, sobre todo a su llegada a Libia.

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