Desmontando al político que no quiere vecinos rumanos

Diario Sur, ÁLVARO SOTO | MADRID, 01-06-2014

No sera justo decir que a Nigel Farage no lo conoca nadie en Reino Unido hasta el pasado fin de semana, pero s es cierto que desde que el domingo su partido barriera en las elecciones europeas, todo el pas quiere saber ms sobre el hombre que va a condicionar la poltica britnica durante mucho tiempo. Para conseguir la mayor cantidad de informacin posible, los peridicos britnicos, que ya tenan controlada a la primera fuente (l mismo), han decidido buscar a la segunda: su esposa. Y lo que ella ha contado tiene bastante inters.

Para empezar, resulta que la mujer de Farage, Kirsten, no es britnica, sino alemana, un hecho ciertamente curioso si se piensa que el poltico del UKIP se considera a s mismo y a su partido como los guardianes de las esencias patrias. Vamos, que el bueno de Nigel, divorciado de su primera esposa, no encontr otra paisana con la que rehacer su vida y tuvo que cruzar a su odiado “continente”. Para muchos de los compatriotas de Nigel, adems, los alemanes siempre sern los terribles enemigos de las dos guerras mundiales, as que por ah, el lder ultraderechista les ha salido heterodoxo.

La cosa, sin embargo, se vuelve ms britnica cuando se traspasa el umbral de la casa de Farage. Dice Kirsten que su marido, que siempre que puede se fotografa en un pub y con una pinta en la mano, “bebe y fuma demasiado”, y en eso empatiza Nigel con gran parte de su electorado, aunque no con su esposa, que muestra una gran preocupacin por el estado de salud de su marido. “No puede dormir demasiado, no descansa mucho, vive con frecuencia impulsado por la adrenalina, no toma almuerzos regulares”, dice Kirsten, que confiesa que ya empieza a hablar “como si fuera su madre”.

Pero la seora Farage se pone ms seria cuando le cuestionan por si su marido es racista. “Si fuera un racista, yo no estara con l. No creo que tenga una pizca de maldad en su cuerpo, no es un abusn, le gusta hacer las cosas bien”, afirma Kirsten, aunque su marido ha afirmado en alguna ocasin que si una familia rumana se instalase en su vecindario, l se sentira “incmodo”.

La relacin de Farage con los artilugios modernos es uno de los asuntos que trae como loca a su mujer. “Sinceramente, no sabe cmo usar un ordenador, y ya ha perdido el tren, no creo que vaya a aprender ahora”, afirma. Y con el telfono no es mucho mejor: “Tiene un mvil completamente obsoleto, puede enviar y recibir mensajes de texto y ya est. Si le digo que se siente a leer algo, puede desplazar el texto arriba y abajo, aprendi cmo hacerlo, pero eso es todo”, dice la esposa. Quiz por eso a Nigel no le qued ms remedio que contratar a su mujer, con un buen sueldo del Europarlamento, para que le ayudara con la tecnologa.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)