Nueva York / Una obra ‘comprometida’
Una gran esfinge contra el racismo
La artista Kara Walker esculpe una esclava negra con 40 toneladas de azúcar
El Mundo, , 29-05-2014Una esfinge blanca brilla en la nave
oscura de la antigua fábrica de azúcar
de Domino a la orilla del río Este.
La cabeza con labios gruesos se eleva
más de 10 metros y el cuerpo contundente
se alarga más de 20. La figura
está recubierta de azúcar refinado.
La ensucian las gotas de la
melaza que cae del techo los días de
calor. El olor dulzón es mareante.
Miles de personas hacen cola para
ver gratis la escultura diseñada
por la artista Kara Walker en esta
planta del sur de Williamsburg, en
Brooklyn, abandonada hace 10 años
y a punto de ser destruida. Mientras
esperan para entrar, los visitantes llaman
por teléfono o conversan alto y
firman un documento aceptando los
riesgos de pasear por una zona de
obras. En la nave, muchos callan. Algunos
susurran al acercarse.
«La esfinge domina el espacio, tiene
profundidad, memoria. Mi intención
es que provoque cierta reverencia
», explica Walker en una charla
en la Biblioteca Pública de Nueva
York. El nombre oficial de la enorme
pieza es Una sutileza o Maravillosa
Sugar Baby, un homenaje a los artesanos
explotados que han refinado
nuestros sabores dulces desde los
campos de caña hasta las cocinas
del nuevo mundo en ocasión de la
demolición de la fábrica de refinado
de azúcar de Domino. http://creativetime.
org/projects/karawalker/.
Los labios gruesos, los carrillos salientes
y el pañuelo atado en la cabeza
pretenden ser el reflejo de una esclava
negra, según cuenta Walker,
que es afro-americana. La posición a
cuatro patas simboliza la sumisión y
el abuso sexual de las trabajadoras
durante décadas, si bien la grandiosidad
de la esfinge trasmite poder.
«Me interesa la paradoja: la conciencia
de uno mismo, la vulnerabilidad,
la sumisión, el mundo industrial…»,
dice Walker, que recuerda a los esclavos
en los campos de caña de azúcar
y la explotación de los trabajadores
en plantas como ésta.
Walker también ha repartido por
la nave esculturas negras de niños
de tamaño humano que portean cestas.
Algunos están hechos de resina.
Otros sólo de azúcar y agua y se están
derritiendo poco a poco dejando
una mancha oscura a su alrededor.
En 1856, la familia Havemeyer
construyó aquí la que entonces fue la
mayor y más innovadora refinería de
azúcar del mundo. La estructura actual
data de 1882, cuando la planta
fue reconstruida tras un incendio.
Durante décadas, produjo más de la
mitad del azúcar consumido en
EEUU y fue uno de los símbolos del
florecimiento industrial de Nueva
York gracias a la apertura del canal
Erie, que conectaba la ciudad con el
resto del país. Pero también representó
los abusos de la industria. En
1894, el diario New York Tribune
describía el trabajo en la azucarera
como «una tortura perpetua» y la
muerte allí, algo habitual, como una
«liberación».
Un siglo después, el lugar fue el
escenario de una huelga de récord:
20 meses entre 1999 y 2001 para
protestar contra los despidos. La
planta cerró en 2004. Para el proceso
mecánico de refinado, que Domino
hace ahora en Yonkers, sólo hacen
falta siete personas.
Pero la señal amarilla de Domino
de 1920 sigue colgada en la torre
más alta del complejo: se ve desde
Manhattan y es uno de los iconos
de una ciudad que también adora
su pasado más duro. Pese a haber
sido declarada patrimonio histórico,
la planta será destruida cuando
termine la exposición de Sugar Baby
el 6 de julio. Los intentos de grupos
de ciudadanos de impulsar un
MARÍA RAMÍREZ / Nueva York
Corresponsal
La impresionante escultura de Kara Walker, de 10 metros de altura, en una nave de Brooklyn. / ANDREW BURTON
proyecto público manteniendo las
estructuras seculares han fracasado.
Según el plan recién aprobado
por el Ayuntamiento, pronto empezarán
a elevarse dos nuevos rascacielos
de 55 pisos. También habrá
un parque y un nuevo paseo a la
orilla del río. El actual propietario
del terreno, la inmobiliaria Two
Trees, quiere amigarse con el barrio
y por eso le ha dado una despedida
artística a la azucarera.
Cuando Walker entró en el espacio
por primera vez dice que «durante
tres segundos» pensó que el lugar
era tan «bonito» que lo mejor sería
dejarlo vacío. Después, se decidió
por una escultura monumental que
atrajera al público. «No soy una artista
minimalista», dice con una de sus
habituales explosiones de risa. «Tiene
que suceder algo en este espacio.
Necesita tener una cara. Cuando las
cosas tienen una cara, la gente se
identifica más con ellas». Un equipo
dirigido por la artista construyó la
base con 330 bloques de espuma de
polietileno y la recubrió con 40 toneladas
de azúcar, la mitad de lo que
Domino donó para la obra.
Walker, que recibió a los 27 años
el premio de la fundación MacArthur
para «genios» creativos, suele
mezclar figuras blancas explotadoras
y figuras negras maltratadas.
«Siento la tensión entre el orgullo, el
miedo y la ansiedad como mujer negra
en América», cuenta en la charla
en la Biblioteca. Parte de esa angustia
viene de su adolescencia en
Atlanta. Nació y vivió su infancia en
el norte de California, pero su padre,
trasladó a toda la familia a su Georgia
natal. Allí, Kara se enfrentó al racismo
que nunca había sentido de
manera tan generalizada. En su calle
veía desfiles del Ku Klux Klan y
en su instituto la insultaban. «Si yo
estaba por un chico, le llamaban
amante de negros. ¡Aunque él ni siquiera
me quisiera!», dice la artista,
que también recuerda cómo en un
cine de la CNN ponían en bucle Lo
que el viento se llevó. Puede que las
facciones de la esfinge recuerden a
la Mammy del filme, pero Walker dice
que su heroína «no es divertida».
(Puede haber caducado)