Córdoba / LA FERIA DE LAS VANIDADES
EL ALCALDE DE SESTAO
Con alcaldes así, el País Vasco puede llegar a convertirse en un edén. Sin moros ni gitanos
ABC, , 27-05-2014«¿LA mierda a Sestao? ¡Pues no! La mierda ya no viene a Sestao; si no, la echo yo. La echo yo. Ya me encargo yo de que se vayan; a base de hostias, claro». El alcalde de Sestao se llama Josu y se apellida Bergara, como el abrazo que sirvió de reconciliación entre Espartero y los carlistas. El alcalde de Sestao ha dado un salto cualitativo en la relación que mantiene el PNV con los inmigrantes, que para ellos son maketos. Ahora tiene la deferencia de llamarlos por un apelativo en lengua castellana: mierda. Es un paso que habría que valorar en su justa medida, ya que ha usado la lengua del foráneo en lugar de la propia, que como todo el mundo sabe –menos algún dirigente peneuvista que todavía está aprendiendo a leerla en el Mitxo– es el euskera, antes vascuence.
En Cataluña también están mejorando las cosas en el ámbito del nacionalismo. Antes se dedicaban a trazar cordones sanitarios para aislar a los españolistas, que no son los aficionados del equipo barcelonés que este año ha ganado los mismos títulos que el Barça: ninguno. Los nacionalistas que presumen de «seny» y de tolerancia frente al frentismo de Madrid, esa ciudad contaminada por la crispación propia del español castizo, ya se mezclan con los militantes del PP. ¡Albricias! ¡Aleluya! Antes los condenaban a ese alejamiento de lazareto y leprosería que los identificaba con enfermos contagiosos que podían infectarlo todo con el virus de España. Ahora se acercan para reventarles los mítines, para insultarlos, para darles trabajo a esos mossos de escuadra sin cartabón que combinan la chistera con las alpargatas en un uniforme digno de las comparsas o de las chirigotas gaditanas.
El insulto de los nacionalistas no es algo negativo. Debemos agradecerles que nos menosprecien y que lleguen al extremo de la vejación. Ellos son así, y así hay que aceptarlos. Nos lo enseña el mester de progresía, ese fiel aliado de los que se dedican a llamar mierda al inmigrante, de los que deciden quiénes pueden vivir en su territorio y quiénes están destinados a cruzar la frontera para no regresar jamás. Esa alianza del progre español con el nacionalista vasco y catalán es digna de estudio. Nos llaman maketos y charnegos. Vascos con ocho apellidos euskaldunes o catalanes con carné de payés, y gentuza de segunda o de tercera. Así les luce el pelo a estos nacionalistas que presumen de ser más europeos que nosotros. Nos adjudican el trabuco del bandolero, el estoque sangriento del torero, la pereza congénita del flamenco. Ellos, en cambio, son activos. Echan a la mierda a hostias, con perdón, o rodean con insultos y amenazas a los que no piensan como Mas.
Lo de Cañete es una tontería si lo comparamos con lo que ha soltado el alcalde de Sestao. Lo dijo en una reunión con empresas inmobiliarias para asegurarles que podían construir pisos y venderlos tranquilamente. Euskadi, salada klaridad, es una balsa de aceite donde la paz no ha llegado del todo por culpa del afán vengativo de las víctimas. Con alcaldes así, el País Vasco puede llegar a convertirse en un edén. Sin moros ni gitanos. Sin la mierda que arrastran los maketos. Y si queda alguno, el alcalde lo echará a guantazos. Antes echaban mano de esos gudaris que hacían lo mismo, pero a tiros. Para que luego digan que no son progresistas.
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