Cartas a la Dirección

Alcalde de Sestao . La familia

Diario de noticias de Gipuzkoa, , 26-05-2014

Josu Bergara, alcalde Sestao, no quiere empadronar a los emigrantes y a los gitanos. Ha declarado “¿La mierda a Sestao? ¡Pues no! La mierda ya no viene a Sestao. La echo yo. Ya me encargo yo de que se vayan, a base de hostias, claro” SOS Racismo le ha puesto una denuncia por la vía penal. Posteriormente, Bergara ha dicho que no se enorgullece de las frases que dijo durante las reuniones celebradas en el Ayuntamiento con inmobiliarias. Es evidente que el alcalde dijo lo que piensa, luego ha pedido disculpas por aquello de lo políticamente correcto. Lo que debe hacer es dimitir. De inmediato. Una cabeza llena de basura xenófoba no puede ocupar un cargo público, un minuto más. Este señor es un peligro para la libertad y la democracia y es indigno de ser alcalde de la ciudad de Sestao. Para más inri anteriormente fue Director de Igualdad y derechos Ciudadanos de la Diputación de Bizkaia. También en el PNV hay cañetes, por lo que se ve. De su partido nadie le ha pedido que dimita. Lo que ya tiene tela.

En el transcurso de la historia, la familia se ha reconocido como la unidad básica de la sociedad y el mejor medio para transmitir y preservar los valores fundamentales de la persona humana. Mediante la función de educación y socialización, la familia no solo transmite los valores, las costumbres y las tradiciones de padres a hijos, sino que es la ayuda y refugio para sus miembros en los momentos difíciles. Más que una simple unidad jurídica, social y económica, la familia es, ante todo, una comunidad de amor, de enseñanza y de solidaridad. A diario tenemos ejemplos claros de estas cualidades intrínsecas a la institución familiar, que está siendo el auténtico sustento y salvaguarda de las personas más castigadas y desfavorecidas por la actual crisis económica. La generosidad intergeneracional está cubriendo las necesidades básicas de miles de ciudadanos que tienen que acudir a sus seres más cercanos, su familia, para poder sobrellevar sus cargas económicas. En un momento como el actual, es fácil ver la fuerza, protagonismo y necesidad de la institución familiar. Pero no siempre ha sido así y no quedan lejos los años en los que se cuestionaba su papel o importancia. Para evitar que vuelva a ocurrir, una vez que pase la crisis económica, nuestros gobernantes e instituciones, deberían considerar a la familia como el mejor y más seguro capital social, como la mejor inversión que puede hacer un país.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)