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Güeñes sonríe a las ganas de vivir
El senegalés Mamadou Día emociona en una charla sobre viajes organizada por el área de JuventudTras contar su historia en un libro, pronto regresará al país que abandonó hace ocho años en cayuco
Deia, , 24-05-2014Güeñes – En mayo de 2006 Mamadou Día embarcó en un cayuco en la costa de Senegal con destino a Canarias. A sus 22 años, se creía a bordo del pasaporte hacia una Europa repleta de oportunidades. Tras una travesía de once días en la que estuvo a punto de morir, alcanzó la isla de Gomera, pero no El Dorado que esperaba. El ciclo de conferencias Enkarterriz Bidaia – tzen que acoge Güeñes hasta el próximo miércoles, no ha obviado la cara más amarga de los viajes en una charla que sobrecogió a los jóvenes que llenaron el Gazte Gune situado en el núcleo urbano de Sodupe. “Después de escucharle apreciamos más todo lo que tenemos”, confesaban Leire, Valeria y Jennifer, tres de las asistentes.
Los adolescentes se han transportado a Estados Unidos y escalado las siete cumbres más altas del mundo de la mano del alpinista de Zalla Unai Llantada en el marco de una actividad que el servicio de Juventud, Gugaz, organiza desde hace años. Sin embargo, ningún testimonio les ha impactado tanto como el de Mamadou. Un libro titulado 3.052, “los kilómetros que separan Dakar de Murcia, donde viví”, según les explicó él mismo, recoge esa historia que ha cristalizado en el nacimiento de la ONG Ha Ha Tay, impulsora de proyectos de ayuda al desarrollo en su localidad natal.
Sonrisas En un dialecto africano Ha Ha Ha Tay significa “sonrisa”. La misma que él no perdió mientras relataba los buenos y durísimos momentos vividos en los últimos ocho años, desde las amistades que facilitaron su adaptación hasta el hambre y las noches al raso. “En Senegal nunca pasé hambre y en España sí. Tuve que dormir en la calle más de un día”, recordó.
Todo comenzó cuando Mamadou Día abandonó sus estudios de Administración de empresas para volcarse en la carrera de Trabajo Social, más acorde con sus inquietudes. “Hablaba portugués y francés y quería conocer mundo, así que pensé en proseguir mis estudios en Francia”, rememoró. Acudió a la embajada en busca de un visado que le denegaron. Frustrado por el revés, empezó a prestar atención a quienes repetían que el futuro estaba en España y que el viaje en cayuco a través del Atlántico le permitiría sortear los obstáculos burocráticos.
Decidió hacerse a la mar sin contárselo a nadie mientras escribía una carta de despedida a sus amigos. En la misiva les prometía “escribir un libro si llegaba vivo a Canarias”, consciente de que cabía la posibilidad de que la aventura terminara en tragedia. El 11 de mayo de 2006 se subió a una patera de doce metros con ochenta personas más. No todos soportaron las condiciones extremas del viaje. “Un compañero se tiró al mar”, apuntó Mamadou. Poco después, una tormenta sacudió la barca, arruinando las provisiones de comida que llevaban consigo y el motor dejó de funcionar. A la deriva en medio del océano, la aparición de un barco que les prestó gasolina para llegar a Canarias les pareció un milagro. Pero, a pesar de las penurias, “lo peor no es el viaje, sino lo que viene detrás”, aseguró a los jóvenes. Al salir de un centro para extranjeros en el que pasó sus primeros días en la península, se ofreció como voluntario para la Cruz Roja “en agradecimiento a la asistencia que nos prestaron”.
Oscuros recuerdos Dos meses más tarde recibió un durísimo golpe: la patera en la que familiares y amigos perseguían su mismo sueño naufragó. Todos murieron, “al igual que más de 21.000 jóvenes africanos en los últimos 14 años”. Entonces se propuso cumplir lo prometido y se enfrascó en un libro que ya va por su tercera edición.
Mamadou fue camarero, administrativo y animador cultural antes de estudiar diseño. Gracias a las ventas de la publicación, Ha Ha Tay ha proporcionado material escolar e informático a 500 niños, ha mejorado las condiciones de trabajo de las mujeres y pondrá en marcha un proyecto de educación ambiental supervisado por el propio Mamadou, que se mudará definitivamente a Senegal en junio.
Por tanto, ¿la odisea ha merecido la pena? En su caso sí, porque “el viaje ha evolucionado hacia un proyecto de vida”. No obstante, aconseja a otros que no cometan esa locura cegados por una imagen irreal de Europa.
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