De Luther King a Gandhi...

La Vanguardia, , 10-12-2013

Ajes que lograron lo que parecía imposible, justo el paralelismo que intenta transmitir Mas cuando los utiliza como referentes.

En el caso de Israel, la analogía que se pretende es similar: un pueblo perseguido que consigue con una voluntad hercúlea edificar un estado. Para la tradición política liberal, el mito es un atraso, un elemento irracional que no favorece el progreso de la humanicudir a los referentes es un instrumento muy útil para transmitir mensajes políticos y aunar voluntades. En las últimas semanas, el president Artur Mas ha subrayado varios arquetipos en los que busca inspiración: primero fue Martin Luther King, después Israel, vino más tarde Mahatma Gandhi y el último ha sido Nelson Mandela. En todos los casos subyace la lucha por una causa y en las tres figuras históricas hay un nexo común: el combate mediante procedimientos pacíficos, siempre buscando una conexión con el movimiento por la independencia de Catalunya.

Los héroes son la representación de los mitos. Sus hazañas suelen revelar una moral elevada y una gran tenacidad, puesto que el héroe, por lo general, debe pasar por dificultades titánicas antes de alcanzar su meta. Luther King, líder del movimiento por los derechos civiles de los negros norteamericanos; Gandhi, pieza esencial en la independencia de la India –por quien Mas ha expresado su admiración en varias ocasiones– y Mandela, símbolo de la libertad que removió las conciencias en todo el mundo hasta derrotar el régimen de apartheid en Sudáfrica, y de quien el president destacó su contribución a la formación de una “identidad nacional sobre la reconciliación” en ese país. Todos ellos personadad, que debe basarse en un contrato político que favorezca la convivencia. Para algunos autores marxistas, en cambio, el mito político ha servido para levantar a los oprimidos, a las clases desfavorecidas, en favor de un cambio de sistema.

El mito permite representar un nuevo orden social. Y sus héroes encarnan el cambio cuando las circunstancias reclaman a gritos una regeneración. A veces se quedan en meras simulaciones, otras alcanzan a transformar la realidad. La fría racionalidad no suele alimentar revoluciones, mientras que el mito ha sido motor de transformación porque apela a la épica, a los sentimientos, a la voluntad. Por ello, Convergència, ya desde el pujolismo y más aún ahora, ensalza la “voluntad de ser”. Los mitos y sus héroes han abonado aberraciones históricas y también saltos para la justicia social.

Por eso, es aconsejable manejarse con prudencia cuando se eligen determinados mitos como referente y aplicarse la famosa frase de Gramsci: “El pesimismo es un asunto de la inteligencia; el optimismo, de la voluntad”. Ser consciente de que la combinación de intelecto y entusiasmo es la mejor receta para un buen gobierno y no olvidar que la forja de los héroes procede de una alquimia muy infrecuente.

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