Casi un cuarto de la población será mayor de 65 años en una década

El INE prevé que todas las comunidades salvo Canarias pierdan habitantes / La caída demográfica se concentrará entre los 20 y 49 años, el tramo de edad más productivo

El Mundo, Olga R. San Martín, 23-11-2013

España será dentro de una década un país mucho más envejecido de lo que es ahora, con más muertes que nacimientos y con más personas que se marchan que las que llegan. En este ocaso demográfico que está a la vuelta de la esquina, viviremos más tiempo y en peores condiciones. Casi un cuarto de la población –el 22%– tendrá más de 65 años allá por 2023.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) sacó ayer, como cada año, su bola de cristal para vaticinar que España perderá 2,6 millones de habitantes en los próximos 10 años, lo que supone el 5,4% del total de la población, si se mantienen las tendencias demográficas actuales.

La denominada Proyección de la Población de España a Corto Plazo 2013-2023 viene a advertir que, como los españoles sigamos teniendo tan pocos hijos y contando tan poco con los inmigrantes, todas las regiones, salvo Canarias, Ceuta y Melilla, tendrán menos habitantes. Las que más sufrirán serán Cataluña, la Comunidad Valenciana y La Rioja.

Ya perdimos población en 2012, y era la primera vez que ocurría desde que se tienen registros estadísticos. Según Eurostat, fuimos el país que más brutalmente experimentó este inédito fenómeno de toda la UE. Ahora el INE nos dice que este año nos tomaremos las uvas con un 0,5% menos de habitantes: pasaremos de 46,8 a 46,7 millones de ciudadanos.

¿Y esto de perder población es bueno o malo? Responde Manuel Herrera, profesor de Sociología de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned): «Tiene repercusiones muy negativas para el sistema de bienestar español, porque aumenta la ratio de dependencia. Dicho de otra forma, hay menos personas que trabajan para mantener a las que no trabajan».

Según Herrera, «la evolución demográfica nos conduce a un país de viejos donde la población activa existente difícilmente puede mantener las prestaciones de bienestar que emanan de la Constitución».

La simulación estadística que ha elaborado el INE aporta datos escalofriantes. Por ejemplo, que el 22% de la población española será mayor de 65 años en 2023. A cambio, sólo habrá un 14% de menores de 15 años. Actualmente, estos porcentajes están más igualados: el primer grupo representa el 17% de la población y el segundo, el 15%. Pero, conforme pase el tiempo, la distancia se va a ir agrandando.

El INE señala que, como consecuencia del envejecimiento poblacional, la pérdida de población se concentrará en el tramo de edad de entre 20 y 49 años, que se reducirá en 4,7 millones de personas en la próxima década. Florentino Felgueroso, director de la cátedra de Capital Humano y Empleo de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), recuerda que, en este tramo de edad, «es cuando las personas son más productivas».

«El envejecimiento significa más gastos en pensiones y en sanidad. Empezamos a perder población también en las edades intermedias y esto supone una gran pérdida de productividad. La sociedad se hace más dependiente y, si no hay un cambio en el sistema de pensiones, nos va a costar muy caro», apunta este profesor de Economía de la Universidad de Oviedo, que vive precisamente en una región, Asturias, que ha sido pionera en España en perder población.

Hace tiempo que en Asturias hay más defunciones que nacimientos, algo que no ha ocurrido nunca en el conjunto de todo el país. Pero la cosa va a cambiar pronto, según el INE. En 2017, morirán más personas que bebés nacerán.

«Será la primera vez que se produce un crecimiento vegetativo negativo», avanza Antonio J. Argüeso, subdirector de Estadísticas Sociodemográficas del INE. El responsable de este estudio explica que el descenso de nacimientos viene determinado, sobre todo, por la reducción del número de mujeres que se encuentran en edad fértil. Ahora hay menos madres potenciales que antes porque estamos sufriendo los efectos de la crisis de natalidad que se produjo a finales de los 80 y principios de los 90. Así que, para 2022, se espera que nazca un 25% menos de niños que en 2012.

De forma paralela, el número de defunciones seguirá creciendo como consecuencia del envejecimiento de la población. Porque la esperanza de vida al nacimiento va a alcanzar los 81,8 años en los varones y los 87 años en las mujeres, lo que supone una ganancia de 2,5 y 1,9 años respectivamente.

«El retraso progresivo de la esperanza de vida es un fenómeno claramente positivo, pero los pensionistas viven 15 años más de media que hace unas décadas, lo que supone un aumento de la presión sobre nuestros sistema sanitario, nuestro gasto en farmacia y nuestro gasto en pensiones», recalca Begoña Pérez, profesora de Política Social en la Universidad Pública de Navarra.

¿Y qué solución hay para todo esto? «Es preciso reformular nuestro sistema social, haciendo énfasis en la cobertura de situaciones de dependencia, que puede servir para crear empleo y riqueza si está bien organizada y regulada desde el sector público, y no desde la economía irregular», responde Pérez.

Y aquí es cuando la cosa se complica, porque ni los inmigrantes vienen ni los trabajadores cualificados españoles se quedan. Por cada persona que llega a vivir a España hay dos que se marchan. El año no ha terminado, pero el INE calcula que más de medio millón de personas van a abandonar durante 2013 nuestro país para residir en el extranjero. A cambio, habrán llegado unas 200.000 personas. La diferencia provocaría una pérdida de casi 300.000 habitantes, lo que significa que tendremos un saldo migratorio negativo por cuarto año consecutivo.

«Éste es otro de los problemas que tenemos», apunta Florentino Felgueroso, «invertimos en capital humano para que los ingenieros españoles que emigran acaben pagándoles la pensión a los jubilados alemanes».

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