Barreras rotas alrededor de un cuscús
Mil vascos y extranjeros comparten mantel en cien casas a iniciativa de SOS Racismo
El Mundo, , 18-11-2013Tres marroquíes, un senegalés, una
mexicana y cuatro vascos comen tabulé
–ensalada con cuscús frío y verduras–
y guacamole en Bilbao la Vieja.
Ella, Claudia, de 40 años, y su pareja,
Juan Carlos, de 39, han invitado
a los demás. En su casa se celebra
una de las cien comidas que ayer reunieron
en torno a un mantel a mil
personas de 200 familias vascas e inmigrantes.
La idea, bautizada como
Bizilagunak-La familia de al lado e
impulsada por SOS Racismo, es pionera
en España. «Ayuda a romper
barreras. Porque si no vamos por la
calle, pasamos delante de ellos y ni
nos damos cuenta», apunta Claudia,
miembro de la Coordinadora de
Grupos por la Rehabilitación de San
Francisco-Bilbao la Vieja y Zabala,
que ha ayudado a que la iniciativa tuviera
éxito en su barrio.
Tenedor a tenedor, los comensales
se van soltando. Mohamed, de 22
años, es el más lanzado. En Euskadi
viven 36.190 africanos como él, según
los datos del padrón. Juntos suman
el 25% de la población extranjera,
y 6.949 de ellos residen en Bilbao.
Él llegó hace siete años desde el
sur de Marruecos, «nadando mucho
». «No en patera ni en camión:
en barco». Recaló en un centro de
menores, consiguió los papeles, estudió
fontanería y se puso a trabajar.
Ahora busca un empleo.
– ¿Cómo te han acogido en el País
Vasco? ¿Hay racismo?
–¡Mejor que abajo! (Cita Madrid,
Tarragona, Almería). Se nota mucha
diferencia al hablar con la gente.
Allí te ven y se asustan, se agarran
el bolso, tienen miedo. Aquí
también, pero menos.
¿Y cuando pasa? «Te sientes mal»,
responde Adil, marroquí de 23 años.
«Parte de la población los ve como
jóvenes peligrosos. Otros los consideramos
jóvenes en peligro», resume
Juan Carlos. «Por eso esta experiencia
es muy buena, porque nos
ayuda a cambiar percepciones».
La inmigración no es considerada
como un problema por la sociedad
vasca –sólo el 2% la menciona–. Aunque
la convivencia es otra cosa. El
62% prefiere vivir en un barrio donde
la mayoría de los vecinos sea de
su misma raza. Los peor vistos son
los magrebíes: obtienen una nota del
3,5 sobre 10, según el Observatorio
Vasco de la Inmigración, Ikuspegi.
«Los jóvenes de aquí…»
Con el peso del estigma sobre la espalda,
estos jóvenes intentan abrirse
camino para cumplir su sueño.
«Quería buscar un futuro bueno», recuerda
Adil. ¿Vino solo? Sí. «Primero
a Ceuta. Me dieron los papeles y llevo
dos años y medio en Bilbao. Los
primeros días son duros…». ¿Por
qué? «No tienes dónde dormir, no sabes
dónde está el albergue». Ahora se
siente integrado, aunque ha situado
su base en Alemania. Y Mohamed:
–Yo era joven…. Veía a gente que
viene de España y vuelve con coche…
(Sonríe). No pensaba que era
así: pensaba que tienes de todo…
¡que hay dinero en la calle…!
El grupo ríe. ¿Quiere volver a Marruecos?
«Me he acostumbrado a vivir
la vida de aquí. Tendría que hacer
lo que hacen ellos. Aquí… aquí eres
libre». Aunque sabe que no igual que
los nacidos en su tierra de acogida.
–Los jóvenes de aquí tienen de todo,
no piensan en nada. Nosotros no.
–La comida hecha, su madre, su
padre… –añade Adil.
–Tenemos que ganarnos la vida.
Al otro lado de la mesa asienten
Mikel (33 años) y Mariana (22), que
viven juntos en este Bilbao demonizado.
(Injustamente: «Estás en casa
y oyes a la gente cantar. Eso en el
centro no pasa», dice ella). Zacarías,
marroquí de su misma edad, suelta
una carcajada con eso de que en la
imaginación de su amigo el dinero
brotara del asfalto. También Mateo
(56 años), cura en la parroquia Corazonistas
de María. «Lo que tanto se
dice en los papeles sobre convivencia
hay que traducirlo en hechos. Como
con esta comida sencilla. Abrir tu
casa es abrir tu corazón».
Todos se escuchan con atención.
Ibrahim, senegalés de 47 años, come otro poco de cuscús. Es el cupido de
la pareja anfitriona: llegó hace siete
años y su caso unió las vidas de
Claudia y Juan Carlos, que trabajaban
para dos asociaciones distintas.
En Senegal dejó a
cuatro hijos y a su
mujer, que no ha soportado
la distancia.
Lo poco que habla parece
inversamente
proporcional a lo que
ha sufrido. Dice que ha alcanzado
una vida «mejor» y que la policía no
le para nunca: «Hay que hacer las
cosas bien en el país donde llegas».
La conversación sigue con los recortes.
Menos ayudas de la Diputación
de Bizkaia y requisitos más duros
para la renta de garantía de ingresos
que gestiona el Gobierno vasco a
través de Lanbide, explica Juan Carlos.
«Aquí hay para dar por detrás a
quienes necesitan la inserción social
y no a quienes defraudan».
Ciento veinte familias ensayaron
el invento el año pasado en Gipuzkoa.
Ayer se extendió a Vitoria,
Getxo, Ermua… con la colaboración
de entidades sociales o ayuntamientos.
Incluso se animaron algunos rostros
conocidos como el director del
Festival de Cine de San Sebastián,
José Luis Rebordinos, o el alcalde de
la ciudad, Juan Karlos Izagirre. En
casa de Claudia y Juan Carlos no había
famosos, pero la comida –coincidieron
todos– valió la pena.
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