William Nicholson: «El mal siempre está originado por el miedo»
El novelista y guionista de «Gladiator» y «Tierras de penumbra» publica «La tierra de nuestros padres»
ABC, , 13-11-2013Un triángulo amoroso al que la Segunda Guerra Mundial rompe todos sus vértices. Triángulo de amor y pasión al que se le vienen abajo sus ángulos. Y un escenario de espanto, el del desastre aliado en el desembarco de Dieppe, en 1942, la fallida Operación Jubilee.
Con esta munición, William Nicholson (autor por poner dos ejemplos muy relevantes de los guiones de «Gladiator» y «Tierras de penumbra») ha armado su nueva novela, «La tierra de nuestros padres» (Alianza Editorial), donde el amor intenta sobrevivir bajo una lluvia de metralla.
-La guerra todo lo trastoca, todo lo cambia, los valores pierden su sentido…
-Enmarcar mi historia en el marco de una guerra, supone que sus terribles acontecimientos intensifican los cambios en la forma de ser de las personas, y nos enseña algunas verdades que desconocemos sobre nosotros mismos. Hoy no vivimos una guerra y por ello no podemos saber cómo seríamos en mitad de una batalla, si valientes, si cobardes… Bajo el fuego enemigo eso y muchas cosas más se descubren.
-¿La fuerza del amor puede enfrentarse a la violencia de la guerra?
- Es la pregunta que intenta responder el libro. El daño que hace la guerra a todos es un daño terrible, esto es algo que reconocemos hoy cuando tenemos un término que es estrés postraumático, que nos habla de los gravísimos daños mentales que produce una guerra. Pero en 1945 eso no existía, nadie hablaba con esos términos. Parecía que los soldados volvían a casa y seguían haciendo una vida normal, que eran personas como las de antes. Sin embargo, haber estado en una guerra planta en el individuo la semilla de muchos males y tragedias posteriores.
-Entrar en combate es un camino iniciático durísimo.
-Es dramático, pero nos enseña mucho de la naturaleza humana y de los límites que tiene el amor. Si yo, por ejemplo, leo “Guerra y paz”, las experiencias no son las mías, no son propias, pero me enseñan mucho sobre cómo es el género humano.
-El pasado domingo, Inglaterra vivía el día de la amapola, el Remembrance Day, el Día del Recuerdo. ¿Inglaterra no ha olvidado a sus héroes?
-Creo que posiblemente sí los ha olvidado. Ahora mismo, tenemos soldados jóvenes en Afganistán, pero no estamos viviendo algo como la Segunda Guerra Mundial, de la que creo que hoy por hoy tenemos una visión sentimental.
-Olvidar no parece nunca una buena solución.
-Si entendiésemos lo que fue aquella guerra terrible, si lo recordásemos claramente, nuestros políticos no podrían meternos en otro conflicto como lo han hecho. Aunque al final creo que cada generación acaba olvidando.
-Europa vive tiempos difíciles y asoman viejos fantasmas como el racismo y la xenofobia. ¿Es usted pesimista?
-Para empezar, soy un hombre generalmente optimista. Y creo que lo que de verdad quiere la gente es amar, ser amada y vivir en paz, creo que la gente es buena. Y si es mala, siempre es por culpa del miedo. La crisis está haciendo que en muchos lugares ese miedo por el futuro esté rebrotando, pero no creo que sea igual que en los años treinta. Hoy en día, hay muchas posibilidades de que el miedo no acabe por dominarnos, sabemos que podemos vivir juntos y en paz aunque por supuesto sigan existiendo las discusiones.
-¿Cree que una novela puede cambiar algo el mundo en que vivimos?
-Cuando escribo, lo que busco es que la gente sienta compasión La vida de todo el mundo es una lucha, y las circunstancias pueden hacer que la gente se convierta en cruel, o violenta, quiero que las personas sepan las razones por las que esos malos comportamientos se producen. Cuánto más sabemos de los demás, cuánta mayor comprensión tengamos sobre sus posibles motivaciones, más compasivos podremos ser y ese es el camino para que el mundo sea más amable, esa es la única esperanza.
-Novelista, guionista de cine y televisión, dramaturgo… es usted un pluriempleado de la literatura.
-Son trabajos muy diferentes. Cuando trabajo en un guión el control sobre lo que hago no es mío, mucha gente me hace sugerencias, me pueden decir que lo cambie. Es más, pueden echarme a mí y poner a otro guionista, pero me gusta… y me pagan mucho dinero. En una novela no me pagan tanto, pero todo lo que escribo es cosecha mía, nadie me dice lo que tengo que hacer, y puedo entrar mucho más directamente en mis personajes que en una película.
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