Nir Baram: «La literatura del buenismo no suele ser muy buena»

En «Las buenas personas», el autor israelí aporta una visión diferente de los judíos en la Segunda Guerra Mundial

ABC, sergi doria, 11-11-2013

Nir Baram se niega a perpetuar la imagen del judío como eterna víctima de la Historia. Su novela “Las buenas personas” (Alfaguara), nos presenta a Thomas y Sacha, dos judíos que colaboran, respectivamente, con la maquinaria criminal de Hitler y Stalin. Su visión, inédita y provocativa, recibió los elogios de Amoz Oz y A. B. Yehoshúa.

Nacido en 1976 en Jerusalén e hijo de una sefardita de origen español, Baram es muy crítico con la instrumentalización del concepto de “holocausto” por el gobierno de Israel. Al comparar cualquier situación actual con el holocausto, “lo sacamos de su lugar en la Historia”, afirma.

“Las buenas personas” de Baram no son los perversos criminales nazis o siniestros comisarios de la NKVD soviética, sino “gente normal, que se proclama apolítica, cumplidora en sus cometidos profesionales que sostuvieron, sin atisbo de culpa y sin llegar a ensuciarse las manos de sangre, las atrocidades del totalitarismo”. Es el perfil de Thomas, coprotagonista de la novela: “Proviene de una familia burguesa y trabaja para una empresa norteamericana que exalta la libertad individual y el capitalismo. En principio parece inmune a la propaganda nazi…”.

Thomas coincidirá con Sacha cuando se consume el siniestro pacto Ribbentrop-Molotov. A Baram no le extraña que ella colabore con el estalinismo: “Mis padres admiraban el proyecto comunista: hablaban bien de Stalin y Kruschev: conozco bien esas afinidades de la izquierda tradicional”, apunta. Thomas y Sacha acabarán organizando un desfile germano-soviético en Brest-Litovsk…

Si tuviera que compararlos con otros tipos literarios, Baram opta por el Ulrich de “El hombre si cualidades” de Musil y el Gatsby de Scott-Fitzgerald: “Unos, se pueden identificar con ellos y otros verlos como simples villanos. Eso es literatura: la literatura del buenismo no suele ser muy buena”, subraya.

Sobre la situación actual del conflicto en Oriente Medio, Baram no duda en apostar por un único estado israelí-palestino: “No quiero que mis hijos acaben viviendo en un nuevo gueto judío, protegido por un muro. Más que de los dirigentes políticos, la solución ha de nacer de un consenso social inclusivo: la lección del Holocausto es decir no al racismo; lamentablemente, demasiada gente de mi país sigue sin aprenderla”.

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