Historia ejemplar de un neonazi

La Vanguardia, , 04-11-2013

“En Hungría, desde hace unos meses, se habla de un caso que, a pesar de ser sorprendente y ejemplar, ha pasado desapercibido en nuestros pagos. Un europarlamentario del país, Csanád Szgedi, orador formidable que excitaba a las multitudes con incendiarias proclamas antisemitas, ha descubierto sus raíces hebreas. Y esto le ha cambiado no sólo la vida, sino su visión del mundo”, explica Antoni Puigverd.

En Hungría, desde hace unos meses, se habla de un caso que, a pesar de ser muy sorprendente y ejemplar, ha pasado desapercibido en nuestros pagos. Un europarlamentario de aquel país, Csanád Szgedi, orador formidable que excitaba a las multitudes con incendiarias proclamas antisemitas, ha descubierto sus raíces hebreas. Y esto le ha cambiado no sólo la vida, sino su visión del mundo.
RAÚL

Antes de hablar del caso de Csanád Szgedi les invito a dar un rodeo por dos libros de la literatura húngara. No sé si están familiarizados con Imre Kertész, premio Nobel del 2002 y superviviente de Auschwitz. Si no conocen Sin destino (Acantilado), búsquenlo sin tardar un instante. Cuenta la historia de un adolescente de 14 años, sometido primero a la segregación del régimen pronazi de Ferenc Szálasi y enviado después a los campos de exterminio. La personalidad del protagonista, recién salido de la infancia, se impone como un puñetazo en la sensibilidad del lector; y permite al autor un punto de vista ingenuo sobre la barbarie nazi (ingenuo, que no azucarado: nada que ver con niños de pijamas a rayas). La manera con que el adolescente soporta los sufrimientos diarios da la idea (insoportable para el lector, pero vivida con indolencia kafkiana por el protagonista) de una infinita crueldad sufrida sin causa ni destino.

En el libro Kertész hay escenas estremecedoras. Una de ellas es especialmente representativa del antisemitismo húngaro. Cuando el convoy de los judíos deportados llega a la frontera entre Hungría y Austria (anexionada al Reich), los gendarmes húngaros exigen a los connacionales deportados que entreguen las joyas y el dinero que llevan consigo y los acusan de mal patriotas por el hecho de llevarse al extranjero “las riquezas de Hungría”. La perversión mental de los pequeños funcionarios húngaros es insuperable: ni en el momento más trágico pueden resistir la avidez por las riquezas de otros y el desprecio antijudío. Incapaces de respetar a unos compatriotas que avanzan, amontonados, hacia una muerte segura.

El espacio que he dedicado a Kertész no me deja margen para comentar una de las novelas con más ingenio estructural que he leído últimamente: El libro de los padres (Lumen), de Miklós Vámos, considerado el García Márquez húngaro. Esta novela que los críticos han descrito como los “300 años de soledad,” propone un recorrido realista por la historia Hungría, desde 1705 hasta hoy, siguiendo el hilo argumental de una familia. Una familia cuyos primogénitos tienen el raro don de anticipar el futuro o de evocar escenas antiguas. En un momento dado, un primogénito se casa con una mujer judía y, desde entonces, el relato del libro refleja las vicisitudes de los judíos húngaros. Hacia el final de la novela, un joven regresa de Auschwitz. Ha desaparecido toda su familia y casi todos los judíos del pueblo. Decide ocultar su identidad y esconde la memoria judía a sus descendientes.

El capítulo de esta novela de Vámos coincide punto por punto con la historia real del político húngaro Csanád Szgedi. Es una historia que podrían haber escrito a dos manos Shakespeare y Dickens. Shakespeare se habría lucido con el argumento de un hombre que descubre en su sangre la identidad que siempre había odiado. En nombre de este descubrimiento Csanád Szgedi decide iniciar una guerra contra sí mismo. Es decir: inicia una guerra contra el personaje que fue. Pero esta historia también es dickensiana. Se inscribe en la tradición del famoso Cuento de Navidad: un hombre que milagrosamente pasa del mal al bien.

Csanád Szegedi, número dos del partido antisemita Jobbik, ha descubierto que tenía orígenes judíos. Tal como él mismo ha explicado, su abuelo ha reconocido que había sido sometido a trabajos forzados y que la abuela había sobrevivido a Auschwitz. Por miedo a la repetición de la tragedia, el abuelo Szegedi decidió que las raíces judías de la familia debían permanecer en secreto. Pero cuando su hija se casó, se lo explicó; y también al yerno. Y este yerno, el padre de Csanád, por razones que sólo Shakespeare podría describir, no se conformó con mantener en secreto de la familia, sino que se convirtió en un furibundo antisemita. Csanád creció en este ambiente. Fue iniciado en el antisemitismo y en el racismo más extremos. Después, ya adulto, hizo rápida y brillante carrera política en el partido neonazi Jobbik hasta obtener un escaño en Europa. Ahora recuerda sus delirantes campañas de odio racial con profundo arrepentimiento.

Atención: no caigamos en una lectura almibarada de esta historia. Una lectura buenista sobre el malo que se pasa a los buenos nos tranquilizaría por su fácil final feliz. Si la historia de Csanád Szegedi fuera la del judío que, al descubriese judío sintió pena por el daño realizado a su gente y, después de arrepentirse, se hubiera implicado en la defensa de la causa judía, estaríamos ante un caso de conciencia respetable, pero de modesta dimensión ética. Lo realmente interesante de la historia de Csanád Szegedi es que, habiéndose descubierto judío, ha renegado no sólo del daño que había causado a los judíos, sino del daño que había causado también a los gitanos, a los moldavos y a todas las minorías de su país, incluidos los inmigrantes, a los que había perseguido con saña en nombre del etnicismo nacional. Csanád Szegedi ha renegado no sólo del odio contra los judíos, sino del odio en general y del racismo como ideología. Ahora se siente judío, pero no como aquel que abraza el destino de una sola tribu, sino abrazando el destino de toda la humanidad.

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