Un empresario chino consigue la exclusiva del cigarro electrónico

Se hace con 137 patentes en España y amenaza con presentar 1.000 querellas contra tiendas

El Mundo, NOA DE LA TORRE VALENCIA , 30-10-2013

El boom de los cigarrillos electrónicos en España puede llegar a su fin. Y el responsable no es otro que un empresario chino afincado en la localidad valenciana de Manises, que se ha hecho con el registro de estos artilugios tras invertir 1,5 millones de euros en la presentación de 137 patentes.

Según explicó a este diario uno de los colaboradores de Yi Hu Wang Ji, «ya no se puede comercializar ninguno de estos productos en España, pues es el empresario chino quien los tiene registrados». Sin embargo, «las franquicias siguen vendiéndolos a pesar de que no pueden» desde principios de este mes de octubre, que es cuando el empresario obtuvo la concesión de los registros para infinidad de accesorios de los famosos cigarrillos por parte de la Oficina Española de Patentes y Marcas.

Así que, ante la negativa de las franquicias a dar marcha atrás en la venta de los dispositivos tras un primer requerimiento, Yi Hu envió ayer hasta 1.000 burofaxes para poder presentar en 48 horas contra las tiendas otras tantas querellas en el juzgado.

Según el entorno del empresario, éste pretende reclamar hasta 100.000 euros a cada tienda en concepto de indemnización –en el envío de los burofaxes Yi Hu se ha gastado ya 30.000 euros–, ya que los establecimientos se han negado hasta ahora a firmar un contrato para la cesión temporal del uso del diseño registrado por el empresario chino. Y hay que tener en cuenta que por un contrato anual de este tipo, el empresario puede llegar a pedir 250 euros al mes. Es tal el negocio en juego que sus socios han tenido que presentar en comisaría denuncias por amenazas.

En la actualidad, hay unas 3.000 tiendas repartidas por toda España que venden estos cigarrillos que emiten vapor y que, a su vez, pertenecen a unas 300 franquicias. Yi Hu espera que próximamente puedan ser aceptadas otras 200 patentes, pues los registros de diseño industrial no afectan únicamente a la apariencia externa del cigarrillo. La exclusividad con la que se ha hecho el empresario afecta también a los envases, las baterías o los mecanismos de funcionamiento; incluso a los colgantes.

La primera acción de Yi Hu para reclamar sus derechos se llevó a cabo durante el Salón Internacional de la Franquicia, celebrado recientemente en Valencia. Allí acudió el empresario, acompañado de un notario, para levantar acta notarial de los expositores y franquicias que estaban vendiendo los cigarrillos registrados por él, y tratar de lograr así la retirada de los artículos.

«Puede que un cigarrillo no se parezca al de la patente, pero el mecanismo en todo caso es mío», argumenta Yi Hu, que lleva en España más de 30 años importando productos para sus 18 bazares chinos de Valencia. Le ampara la Ley de Protección Jurídica del Diseño Industrial, según la cual el titular de una patente puede impedir cualquier explotación del diseño del producto en cuestión, desde la fabricación hasta la comercialización, pasando por la importación o la exportación.

La normativa española permite la comercialización de un producto aunque no esté registrado. Eso sí, si en menos de un año alguien lo registra, pasa a convertirse en el titular de esa patente en España. La pregunta es: ¿cómo se le ocurrió registrar todo lo relacionado con el cigarrillo electrónico? «Yi Hu conoce a todos los fabricantes chinos», argumenta un socio. Es decir, que aunque a España lleguen franquicias de Italia o Alemania, «los cigarrillos vienen de China».

Son directamente un producto chino. Y son los propios empresarios asiáticos los que empiezan a comercializarlo, de forma que si ellos los vendían por 12 euros, los de cualquier otra marca pueden encontrarse por 45 euros.

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