El nazi que no tiene donde caerse muerto
Patadas contra el coche fúnebre del criminal Erich Priebke, rechazado en los cementerios
El País, , 16-10-2013En vida, Erich Priebke fue un criminal de guerra, un ex oficial de las SS que desde hacía 15 años cumplía en régimen de arresto domiciliario en Roma la pena de cadena perpetua a la que había sido condenado por su participación el 24 de marzo de 1944 en la masacre de las Fosas Ardeatinas, en la que 335 italianos fueron fusilados por los nazis.
Pero desde su muerte el pasado viernes, a los 100 años, Priebke se ha convertido en un problema. Ninguna localidad quiere albergar los restos mortales de ese monstruo, que falleció negando el Holocausto y refirmando su admiración por el nacionalsocialismo.
La prueba de la animadversión que desata Priebke quedó de manifiesto ayer, cuando unas 500 personas personas acogieron con puñetazos, patadas y gritos de «verdugo» la llegada del coche fúnebre con sus restos mortales al convento que el movimiento ultratradicionalista de los lefebvrianos tiene en la localidad de Albano Laziale (a 25 kilómetros al sur de la capital). El funeral se tenía que celebrar allí porque, a pesar de haber muerto en Roma y de acudir regularmente a misa, el Vaticano se negó en redondo a permitir que las exequias de Priebke se celebraran en ninguna iglesia de Roma. Pero no pudo ser: los altercados fueron tan fuertes que tuvo que ser suspendido.
Los lefebvrianos, protagonistas del único cisma que en el siglo XX ha sacudido a la Iglesia católica y uno de cuyos obispos es conocido por ser también un negacionista del Holocausto, habían sido los únicos que accedieron a acoger el funeral de Priebke. Y eso a pesar de la oposición del alcalde de Albano Laziale, Nicola Marini, que hizo de todo para tratar de evitar que el ataúd con el cadáver del ex oficial de las SS pusiera el pie en su territorio, llegando a publicar una ordenanza que impedía la entrada de su coche fúnebre. Pero sin éxito.
Está previsto que los restos mortales de Priebke, que han permanecido toda la noche en Albano Laziale, sean incinerados hoy en el cementerio Prima Porta, a las afueras de Roma. Siempre, claro está, que las autoridades de la capital italiana autoricen a que el cadáver vuelva a entrar en la ciudad. «Haré lo que sea para impedir que Priebke sea sepultado en Roma», dijo hace unos días Ignazio Marino, alcalde de Roma. Nadie quiere ese incómodo cadáver. En Argentina, donde el propio Priebke vivió durante décadas y donde sigue su familia, el Ministerio de Exteriores ha dado «orden de no aceptar ningún trámite que permita el ingreso del cuerpo del criminal nazi Erich Priebke» en el país.
Riccardo Pacifici, presidente de la comunidad judía de Roma, pidió que Priebke fuera sepultado en su Alemania natal. Pero en Hennigsdord, la localidad a pocos kilómetros al norte de Berlín donde nació este ex oficial de las SS, rechazaron la propuesta. Y también el alcalde de Pomezia, Fabio Fucci, ha dicho no a la posibilidad de que Priebke pueda ser enterrado en el cementerio militar alemán de esa localidad italiana. «¿Dónde va a ser enterrado mi padre? Por mí, si queréis, que lo sea en Israel», lanzó provocativamente Jorge, el hijo de Priebke.
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