El crimen de Tàrrega
La Vanguardia, , 10-10-2013DESDE principios de año se han registrado en España 37 víctimas mortales de la violencia machista. El goteo de crímenes de este tipo es constante –entre tres y cuatro al mes–, de modo que la opinión pública los recibe con una mezcla de indignación, fatalismo e impotencia. Sin embargo, determinados sucesos nos impresionan y nos obligan a analizar de nuevo estas muertes y a reflexionar sobre cómo evitarlas en el futuro. Ese es, precisamente, el caso de una chica de catorce años asesinada por su novio de dieciocho el lunes en Tàrrega.
La menor de Tàrrega es la víctima más joven en lo que va de año en España. La suya fue una relación muy precoz –iniciada, al parecer, con doce años–, que durante un tiempo se desarrolló en el domicilio materno, y que reunía a dos personas de carácter fuerte pese a su juventud y a la brevedad de sus currículum: ella estudiaba tercero de secundaria y él, de origen dominicano, no estudiaba ni trabajaba.
Decíamos que se trataba de un noviazgo precoz, puesto que no es habitual establecer relaciones semejantes a edad tan temprana. Pero quizás no fuera excepcional. En España la edad mínima para mantener relaciones sexuales consentidas se sitúa en los trece años. Y la ansiedad de muchos chicos y chicas, espoleados por mensajes publicitarios, musicales o cinematográficos, por adoptar pautas de conducta adultas es evidente. La aceleración que se aplica al ciclo vital hace que se quemen etapas y se asuman conductas sin tener la madurez para afrontar los vaivenes existenciales.
Sería necesario un enorme cambio cultural para aminorar estos ritmos e invertir la tendencia. Acaso sea más fácil atacar el problema desde la base, desde el ámbito de la educación . En los últimos años se ha hecho un gran esfuerzo de concienciación a nivel institucional y mediático. Pero los resultados obtenidos sólo son relativamente satisfactorios. A grandes rasgos, el número de muertes por violencia machista decrece. Pero si hace diez años, en el 2003, hubo 71 víctimas mortales, en el 2008 la cuenta repuntó hasta 76. El 7 de octubre de este año se habían registrado 37 víctimas, la menor cifra a tales alturas desde el 2003. El problema, en todo caso, está lejos de haberse resuelto. El 13% de los menores de veinte años admite ser o haber sido un maltratador. Y el 9,2% de las adolescentes confiesa haber sido víctima de malos tratos. Es urgente reaccionar, incorporando a todos los programas escolares un apartado educativo específico sobre la igualdad y la prevención de la violencia de género: un apartado educativo que, hoy por hoy, sólo llega al 41% de los adolescentes.
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