Viaje a Europa desde la guerra y el hambre

ACNUR reclama que la UE proteja a los ‘sin papeles’ susceptibles de obtener asilo

El Mundo, ROSA MENESES, 05-10-2013

Un día después de la catástrofe de Lampedusa, las embarcaciones llenas de migrantes siguen llegando a las costas del norte del Mediterráneo. Su origen, la desesperación. Su destino, la incertidumbre o la muerte. Proceden de países en guerra, como Siria o Somalia, o de estados en los que reina la pobreza y el hambre (Ghana, Níger, Chad…).

Miles de africanos emprenden cada año un viaje hacia Europa atravesando desiertos, poniendo sus vidas en manos de las mafias, sufriendo vejaciones y cruzando el mar arriesgándose a morir o a ser enviados de vuelta a sus países. Muchos mueren en el camino, que puede durar meses.

Desde África Subsahariana, los que atraviesan el desierto del Sáhara hasta Marruecos, Túnez o Libia, pagan entre 1.000 y 3.400 euros a las mafias. Algunos nunca llegan a cruzar, porque son encarcelados por no tener papeles en países como Libia. Desde la caída del régimen de Gadafi, los inmigrantes han visto cómo ha empeorado el trato que reciben en este país, donde sufren la discriminación y son extorsionados por las milicias libias.

Una vez en el norte de África, los subsaharianos pagan entre 1.000 y 2.000 euros a los coyotes del mar, para garantizarse una plaza en una hacinada barcaza. También hay jóvenes de Marruecos, Argelia, Túnez y Libia dispuestos a irse a Europa. Les llaman harraga porque queman sus papeles para no ser devueltos a sus pueblos de origen.

Todos anhelan una vida mejor, pero las razones que les empujan a emprender tan peligrosa travesía no son meros sueños de grandeza, sino las penosas condiciones que viven en su propia tierra: huyen de la guerra y de la miseria. En sus aldeas hay reclutadores que van casa por casa buscando carne de cañón. Cada noche, los barcos-patera salen en busca del espejismo de Europa en las costas de Lampedusa y Sicilia (en Italia), Malta o España.

«Algo va realmente mal en el mundo cuando los que necesitan protección tienen que recurrir a viajes tan peligrosos». Es la reflexión de António Guterres, Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), tras la catástrofe humanitaria este jueves en Lampedusa. No es la primera, pero sí la que más víctimas ha arrojado al mar en una sola vez: más de 300 personas en el naufragio de una embarcación que salió de la costa de Misrata (Libia) 13 días antes.

Los equipos de rescate han logrado recobrar 111 cuerpos y ayer continuaban las labores de rescate. Esperan encontrar a un centenar de cadáveres más en el casco sumergido del barco, que se hundió a tan sólo un kilómetro de la costa. La mitad de los fallecidos eran mujeres. Aunque las cifras de muertos y desaparecidos son estimaciones. Sólo 155 personas, entre ellos 40 menores, lograron sobrevivir.

El ministro del Interior italiano, Angelino Alfano, reconoció ayer que nadie sabe exactamente cuántas personas murieron en el naufragio. «Nadie es capaz de dar una información precisa» sobre el número de personas que se ha tragado el mar. «Decenas de cuerpos siguen entre los restos del barco hundido», dijo Alfano, quien pronosticó que habrá más catástrofes como esta.

Italia pidió ayer que se cambie la política de inmigración europea. El presidente, Giorgio Napolitano, pidió revisar las leyes de la UE. «Vamos a alzar nuestra voz en Europa para modificar las leyes que hacen recaer toda la carga de la inmigración ilegal en los países de entrada», dijo el ministro del Interior. Y el primer ministro, Enrico Letta, incluso propuso la creación de «corredores humanitarios» para dar protección a los barcos de la inmigración. A petición de Italia, el debate sobre la tragedia de Lampedusa se ha incluido este martes en la agenda del Consejo de Ministros del Interior, informa Javier G. Gallego desde Bruselas. Los países miembros podrían discutir si dar más dinero a Italia para la vigilancia o repartir entre los estados miembros a los inmigrantes que alcanzan la costa. El Parlamento Europeo también estudia incluir la cuestión en la sesión plenaria de la semana que viene.

Sin embargo, para las ONG y el ACNUR, el centro de debate debería ser otro. Como reclamó Guterres son necesarios «cambios legales» para que los migrantes accedan de forma segura a aquellos países en los que puedan encontrar protección. Por su procedencia, muchos de los sin papeles que llegan a las costas europeas deberían ser considerados refugiados y tener garantizado el asilo. Es el caso de somalíes y eritreos, cuyos países están en guerra. Los 155 inmigrantes que sobrevivieron el jueves son eritreos, menos uno que es tunecino.

Cáritas, SOS Racismo y la Comisión de Ayuda al Refugiado (CEAR) pidieron que la Unión Europea cambie sus políticas de inmigración y retome la concesión del derecho de asilo. «Las personas que han muerto en Lampedusa procedían de países en los que hay conflictos bélicos, persecuciones y atropellos de los derechos humanos. Por tanto, no eran ‘inmigrantes ilegales’ , sino personas susceptibles de ser solicitantes de asilo», sostiene CEAR según recoge Servimedia.

«Estas personas son refugiados. Tenemos el deber de acogerles. Deben ser respetados», reclamaba ayer la propia alcaldesa de Lampedusa, Giusi Nicolini, en declaraciones a la agencia Reuters. «Esta ley de inmigración está matando a la gente», decía un pescador de la isla.

La ONG francesa Migreurop, afirma que 17.000 migrantes han muerto en los últimos 20 años tratando de llegar a Europa.

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