La matanza de Washington
La Vanguardia, , 18-09-2013TODAVÍA resuena el no del Congreso de Estados Unidos a la pretensión del presidente Barack Obama, esta verano, de un mayor control de la venta de armas cuando un tiroteo en una base militar de la Marina en Washington, dejaba la mañana del lunes 12 víctimas mortales antes de que la policía abatiera al francotirador, Aaron Alexis, un afroamericano de 34 años con antecedentes. Todavía se desconocen los motivos que empujaron a un hombre expulsado de la Navy por mal uso de las armas a perpetrar el múltiple asesinato que conmovió la capital estadounidense.
Nada lleva a sospechar que, ante esta nueva matanza, habrá otra reflexión sobre el uso de armas que tantas muertes ocasiona en Estados Unidos, una paradoja contra la que el presidente Obama ya se ha estrellado. La conciencia sobre la libertad del individuo para poseer armas de fuego está por encima del riesgo de muerte que comporta. Por supuesto que nadie tiene licencia para matar en el todavía país más rico del mundo y que la pena de muerte, vigente en muchos estados, amenaza con castigar al asesino. Pero el hecho de que un presunto trastornado pueda acceder libremente a un rifle de asalto, como el que manejó junto con dos pistolas anteayer Aaron Alexis, y siegue la vida de doce funcionarios de un centro naval situado en el corazón de la capital federal, tiene que seguir dando que pensar. Y la primera pregunta que se hacen ahora muchos estadounidenses es cómo es posible que una persona expulsada de la Marina por mal uso de las armas pueda seguir teniendo acceso a ellas.
El asesino se valió de su condición de trabajador de una contrata para entrar en el recinto militar para disparar a matar. Sus allegados explican que Aaron Alexis, que participó en el rescate de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en la Torres Gemelas de Nueva York, quedó muy afectado psicológicamente por aquella experiencia. Pero de ahí a perpetrar una matanza va un mundo. Y de momento nadie se explica qué motivaciones tuvo el exmilitar para actuar del modo en que lo hizo. Mientras no se limite la venta de armas, seguirá habiendo víctimas de perturbados, con más o menos motivaciones para matar en Estados Unidos.
Este es un problema más a sumar a los que se enfrenta el presidente Obama, que ha tenido un inicio de segundo mandato desastroso. Empezando por las cuestiones derivadas de la crisis económica, y que mantienen la amenaza de un colapso de la Administración por la actitud del Partido Republicano. Problemas que el Tea Party, el ala más derechista de los conservadores, sigue blandiendo para rehacerse del fracaso obtenido en las primarias de hace poco más de un año. Precisamente, Obama iba a realizar una conferencia sobre la cuestión económica en el quinto aniversario del estallido de la crisis. La hora prevista era justo después de la matanza de Washington. Aunque el presidente retrasó su comparecencia, lógicamente la repercusión mediática que esperaba la Casa Blanca ha quedado en apenas nada. Y encima le han llovido las críticas por no haberla suspendido.
Horas bajas para un presidente que ha visto también en los últimos días cómo los vaivenes en su política sobre la crisis de Siria –aceptando finalmente una propuesta rusa sobre el desarme químico de El Asad– le ha hecho perder popularidad.
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