Se hallan fuera de la legalidad
La Agencia del Agua pide retirar las chabolas del Urumea por "riesgo real" para las personas
abrirá expediente sancionador al titular del terreno La construcción de las casetas está promovida por la Diputación y los municipios de Hernani y Astigarraga
Diario de noticias de Gipuzkoa, , 16-09-2013Donostia. La Agencia Vasca del Agua ha pedido al Ayuntamiento de Astigarraga que “retire de modo inmediato” las chabolas que se construyen entre el río Urumea y la regata Oialume, de la que se hallan a cinco metros. La pasada semana, el organismo que controla la seguridad en las márgenes de los ríos de la CAV advirtió de que la construcción de viviendas en el emplazamiento elegido en Hernani y Astigarraga se hallaba fuera de la legalidad ya que es un entorno inundable. Ahora da un paso más y reclama la retirada de las construcciones, de las que aún solo se ha levantado alguna estructura. Asimismo, pide la paralización de las obras y anuncia la apertura de un expediente sancionador al titular de los terrenos.
La principal edificación que se está construyendo en la zona constituye la sala polivalente de lo que está llamado a convertirse en un nuevo poblado de gitanos rumanos, que han tenido que desplazarse de su anterior localización, en el término municipal de Hernani, a causa de las obras del Tren de Alta Velocidad.
La construcción que preocupa a la Agencia Vasca del Agua está promovida por los dos ayuntamientos en los que se asienta la experiencia y dentro del programa foral de integración social del colectivo de gitanos rumanos Romi Etxea, que incluye cursos de “bioconstrucción” en los que los asistentes aprenden a edificar chabolas en condiciones, utilizando materiales como la madera, la paja y el barro.
próximas lluvias El director de la Agencia Vasca del Agua URA, Iñigo Ansola, mostró ayer en una nota informativa su “gran preocupación” porque en breve “comenzarán las lluvias y los caudales crecerán”. El responsable insistió en que “el riesgo está ahí y es preocupante” y añadió que “de ello han de ser conscientes tanto esos ciudadanos los futuros residentes como las instituciones y organizaciones que solidariamente les apoyan”. “Es un riesgo real para la seguridad de las personas que vayan a utilizar la edificación y justifica la inmediata paralización y reconsideración de la construcción”, pide URA.
La puesta en marcha de poblados de chabolas es una decisión controvertida, que ha tenido su reflejo días atrás en las páginas de este periódico. El exdirector de Acción Social de la Diputación, Jon Lasa, de Alternatiba, y el juntero del PP, Txema Murgiondo, han polemizado sobre la conveniencia de crear emplazamientos chabolistas. Mientras el primero ha defendido la necesidad de promover la integración social de los colectivos marginados, el segundo ha considerado que la creación de estos asentamientos es una vuelta al pasado y que estas viviendas no son dignas. Otras voces se quejan de que no todos los ciudadanos logran permisos para instalarse en terrenos sin uso.
De cualquier modo, la reclamación de la Agencia Vasca del Agua no hace alusión a la conveniencia social de construir casetas residenciales para estas familias sino que hace hincapié en el peligro de avenidas de agua, así como en las normativas en vigor que impiden la construcción de viviendas en estos terrenos. “Está claro que esos asentamientos no son posibles y que son vidas humanas las que están en juego”, dice Ansola, que añade que “se trata de cauces de regatas y ríos que siempre van a volver a ocupar su curso natural en caso de lluvias y aumento de caudales”.
En concreto, URA sostiene que el terreno elegido para construir las chabolas “queda peligrosamente afectado por las avenidas de agua de diez años de periodo de retorno” y que está incluido en el Área de Riesgo Potencial Significativo de Inundación. En estos puntos no es autorizable ninguna nueva edificación, tal y como se recoge en el Plan Hidrológico del Cantábrico Oriental. El Plan Territorial Sectorial de ordenación de los Márgenes de Ríos y Arroyos especifica que se trata de un entorno rural en el que las edificaciones tienen que respetar un retiro de 50 metros respecto al río Urumea (el terreno en cuestión está a 20 metros) y de quince respecto a la regata Oialume (está a cinco).
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