Conventos para acoger ‘ilegales’

El Papa Francisco pide que los que estén vacíos se abran a refugiados y no a turistas

El Mundo, IRENE HDEZ. VELASCO ROMA CORRESPONSAL, 11-09-2013

Sus celdas de clausura fueron una vez ejemplo de espiritualidad y de austeridad. Pero hoy numerosos conventos y abadías de toda Europa han acabado convertidos en hospederías turísticas y hoteles de lujo, con televisores de plasma, jacuzzi y menú de almohadas. Una tendencia contra la que ayer arremetió con energía el Papa Francisco, para quien los conventos abandonados no deberían servir a la Iglesia para hacer dinero sino que tendrían que ponerse al servicio de los más desfavorecidos. Léase refugiados e inmigrantes . «¿Para qué sirven a la Iglesia los conventos cerrados?», se preguntó ayer el Papa durante la visita privada que realizó a un centro para refugiados y solicitantes de asilo gestionado por jesuitas y situado en pleno centro de Roma. «Queridísimos religiosos y religiosas: los conventos vacíos no sirven a la Iglesia para transfomarlos en hoteles y ganar dinero. Los conventos vacíos no son nuestros, son para la carne de Cristo, que son los refugiados», subrayó el Papa con rotundidad.

El Pontífice lanzó su propuesta de destinar los edificios abandonados a acoger a refugiados durante la visita que ayer por la tarde realizó al centro Astalli de Roma, fundado en 1981 por el español padre Arrupe cuando era superior de la orden de los jesuitas siguiendo el espíritu del fundador, san Ignacio de Loyola, quien en su residencia en Roma quiso destinar un espacio para acoger a los más pobres. Con su coherencia habitual, el Papa que predica la pobreza y la solidaridad con los más desfavorecidos fue el primero en dar ejemplo: llegó al centro sin escolta y a bordo de un pequeño coche utilitario. Y, nada más bajarse del vehículo, lo primero que hizo fue entrar en el comedor y saludar a los refugiados a quienes les estaban siendo distribuidos alimentos, y entre los que se encontraban numerosos musulmanes. «Muchos de vosotros sois de otras religiones, llegados de países distintos, de situaciones diversas. No debemos tener miedo de las diferencias. La fraternidad nos hace descubrir que son una riqueza, un regalo para todos. Vivamos en fraternidad», destacó posteriormente Francisco en su discurso dirigido a los refugiados del centro, que duró unos 20 minutos.

El Papa denunció que la caridad no consiste en prestar ayuda puntual a los desfavorecidos, sino que debe aspirar a hacer «justicia» y a que los pobres dejen de serlo. Francisco arremetió en ese sentido contra las instituciones públicas y contra la propia Iglesia, a las que ha pedido hacer más de lo que hacen a fin de que nadie «tenga necesidad de recurrir a un comedor de caridad, a un alojamiento por suerte o a un servicio de asistencia legal para ver reconocido su propio derecho a trabajar, a ser plenamente persona».

Pero, sobre todo, Francisco cargó contra la Iglesia, haciendo un llamamiento a los religiosos a aplicar con mayor intensidad el concepto de caridad y a «superar la tentación de la mundanidad espiritual para estar próximos a las personas simples y sobre todo a los últimos». «El Señor nos llama a vivir con más valor y generosidad la acogida en comunidad, en las casas, en los conventos vacíos».

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