Más barrera que puente
La identidad religiosa del inmigrante en Europa le supone trabas; en Estados Unidos, menos. “La sociedad europea está secularizada, con actitud negativa hacia la religión”, arguye el sociólogo Casanova “En Norteamérica, el reconocimiento de la diversidad religiosa tiene más historia”, dice el experto Koenig
La Vanguardia, , 09-09-2013Existe una metáfora a la que recurren con frecuencia los sociólogos al analizar el impacto de la identidad y la práctica religiosas en el inmigrante, en función del tipo de sociedad al que arriba: el puente y la barrera. En Estados Unidos, la religión del recién llegado tiende a ser puente para su integración, mientras que en Europa suele convertirse en barrera. Tanto Catalunya como el resto de España no constituyen en eso una excepción.
“A grandes rasgos se puede decir que en Estados Unidos, por la actitud positiva hacia la religión y el alto grado de pluralismo religioso, las identidades y agrupaciones religiosas han sido un recurso positivo, un puente, en el proceso de integración de los inmigrantes ”, explica desde Washington el español José Casanova, sociólogo de religión de la Universidad de Georgetown.
En cambio, en la Europa continental (el Reino Unido es en eso diferente) se dan tres circunstancias que hacen que la fe del inmigrante sea una barrera. “Son sociedades muy secularizadas, y por tanto con actitud negativa hacia la religión como algo tradicional propio de sociedades todavía no modernas –añade Casanova–; son sociedades homogéneas en religión (es decir, protestantes o luteranas en el norte; católicas en el sur; y biconfesionales en la zona intermedia: Países Bajos, Alemania, Suiza), con dificultades para acomodar el pluralismo religioso; y son culturalmente de identidad cristiana”.
Un reciente estudio en la revista International Migration Review –del alemán Matthias Koenig, sociólogo de religión de la Universidad de Göttingen, y el estadounidense Phillip Connor, experto en esa misma disciplina del Pew Forum on Religion & Public Life– confirma que la religión desempeña un papel muy distinto en la integración de inmigrantes en Europa occidental y Norteamérica.
Koenig y Connor recuerdan que hay sociedades con fronteras religiosas brillantes, es decir, en las que “las imágenes de la comunidad nacional siguen refiriéndose a una memoria religiosa particular”, resume Koenig desde Göttingen. Es el caso de Europa, “donde la referencia al legado cristiano o judeocristiano es más fuerte que en Norteamérica; allí el reconocimiento de la diversidad religiosa tiene una historia más larga”.
Consecuencia: “esas fronteras religiosas brillantes tienen un impacto negativo en el estatus socioeconómico de las minorías religiosas; vemos que la primera generación de musulmanes tiene desventaja en los logros laborales”. En Estados Unidos, donde hay más diversidad de credos, “los inmigrantes se benefician de la participación religiosa porque tienen acceso a redes sociales y a información, así que acudir al templo tiene algún impacto positivo en sus logros laborales”, aclara Koenig. Atención: con todo, ese efecto positivo se ve en creyentes de religiones mayoritarias en Estados Unidos.
En Europa, la fe del inmigrante, sobre todo la musulmana, sigue siendo una barrera para la integración. “Hay un rechazo generalizado del islam, o por lo menos levanta sospechas como religión no europea y no cristiana –tercia Casanova–. Los inmigrantes de países musulmanes, sean o no practicantes, son agrupados y percibidos como tales por los europeos”. Casanova recuerda que no ocurre con otros grupos: “Los inmigrantes ecuatorianos, nigerianos del sur y filipinos no son agrupados y percibidos como católicos, pero sí les pasa a marroquíes, turcos, pakistaníes, indonesios y nigerianos del norte, que son agrupados y percibidos como musulmanes”.
A los musulmanes llegados a Europa les persiguen “los prejuicios sobre el islam como religión fundamentalista, antimoderna, antidemocrática, antiliberal y misógina –detalla Casanova–. Son los mismos prejuicios que despertaba el catolicismo en sociedades liberales y protestantes, incluida la estadounidense, de mitad del siglo XIX a mitad del XX”. Esos prejuicios fueron superándose, así que aún hay esperanza para los de ahora.
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