Ciudad Lineal, un barrio con curvas

El distrito se ha llenado de tiendas de moda latina, que sorprenden por la voluptuosidad de sus maniquíes

ABC, jorge s. casillas, 04-09-2013

Llaman la atención por su música, por el color de la ropa… Y por sus maniquíes. Un exuberante reclamo al que cualquier mirada termina cayendo, aunque sea por sana curiosidad. Desde hace varios años, unas mujeres de cartón y plástico adornan los escaparates de las tiendas de moda latina que invaden las calles de Ciudad Lineal. Algunas llevan cerca de una década al servicio del consumidor inmigrante; pero el tiempo y la integración han hecho que más de un español —mujeres sobre todo— se atreva con diseños de origen sudamericano.

Son un fenómeno cada vez más extendido y como tal se están sometiendo a las mismas dificultades que cualquier otro negocio. Pese a su implantación, todavía el cliente español se resiste y mira con cierto recelo carteles que le ofrecen «pantalones levanta cola». Alguno se alarma, al desconocer que en Latinoamérica «cola» viene a ser sinónimo de «trasero».

Tras el «boom» de los años 2010 y 2011, las tiendas de moda latina forman parte del paisaje comercial de la ciudad. Sufren con la competencia y con la crisis, pero quien se lo sabe trabajar tiene en el cliente español una oportunidad para salvar su hoja de resultados. Estos locales son mucho más que un museo del escote; son un trozo de Colombia en la capital.

¿Quién no se ha sentido aliviado cuando, estando en el extranjero, ha encontrado una tienda idéntica a la de su barrio o a la del centro comercial que frecuenta? Los europeos, más acostumbrados a la globalización, no valoramos quizá tanto ese detalle. Pero quien vive a miles de kilómetros de su casa tiene con estas tiendas la oportunidad de ser fiel a las marcas que vistió en su día.

Gloria Ester regenta Picardías Moda Colombiana. Dice que sus clientes son «en su mayoría latinos». «Viene mucha gente preguntando por tallas grandes, aunque solo tenemos hasta la 16, que es como la 46 española», explica. Esta colombiana, que lleva 13 años residiendo en nuestro país, se queja de cómo la industria china se ha convertido en un importantísimo competidor gracias a sus imitaciones. «También nos plagian a nosotros. Tenía marcas como Fiara, Dojeans o N2, firmas muy conocidas en Colombia; pantalones de unos 70 u 80 euros, pero que hoy no se venden nada. La gente busca ahora ropa de 19 euros o un pack de 2 por 30 euros», se lamenta.

Gloria Ester también denuncia el trato que ha sufrido su tienda —situada en el Centro Comercial Alcalá Norte—, en comparación con otros comercios. Asegura que recibió de manera continuada la visita de una responsable de consumo: «Venía aquí a cada momento». Y añade la comerciante, que lleva cuatro años como autónoma: «¿Por qué no supervisaba a los chinos o a Cortefiel? No porque yo venda este tipo de ropa tienen que estar por aquí de continuo».

En Canela Store atiende al público Marta, otra colombiana que, en su caso, lleva siete años al frente de su propio negocio. Ella explica «que la crisis son oportunidades». «No vemos ni las noticias; hemos optado por imitar nosotros el modelo asiático. Tenemos productos caros, pero no en su mayoría», asegura. Marta calcula que aproximadamente uno de cada diez clientes que entra en alguna de sus tiendas es español. Aunque cree que todavía hay una barrera cultural muy fuerte que separa al consumidor patrio de la moda latina.

Las latinas, «más alegres»

«A la mujer española todavía le cuesta ponerse esta ropa. En países como Colombia, con un clima más caluroso, usamos más el color, somos más alegres», explica. «La española que viene aquí es porque tiene relación con gente también latina», añade. Marta es una emprendedora en toda la extensión del término. Viaja a Estados Unidos y Colombia con bastante frecuencia «para que el género sea nuevo y exclusivo». Piensa en grande.

En la misma planta encontramos una tercera tienda de moda latina. La competencia, con los tiempos que corren, es feroz. En Fashion Line, Evelyn cuenta que también traen absolutamente todo el género desde Medellín. Tampoco se queja de cómo va el negocio: facturan unos 800 euros diarios. Sobre los exuberantes maniquíes que expone en su tienda nos cuenta que también los traen desde allí.

El paisaje del Alcalá Norte ya no se entiende sin estas mujeres articuladas y llenas de curvas.

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