¿Volver o no volver a un país en crisis?

En los años noventa emigraron buscando una oportunidad: ahora descartan volver

La Vanguardia, JAVIER RICOU, 03-09-2013

Algunos ya se han ido, otros se lo están pensado y muchos han empezado a prepararse y recabar información por si un día no muy lejano hay que dar ese paso. La crisis económica ha empujado a muchos jóvenes a buscar oportunidades laborales en el extranjero, que no encuentran ni en Catalunya ni en España. Es un paso difícil, pero en algunas profesiones casi obligado si se quiere optar a un puesto de trabajo. Y aquí entran todos los campos y disciplinas, desde la construcción, servicios hasta los licenciados universitarios. Los más predispuestos a emigrar son los jóvenes, pero en esa lista también se cuentan profesionales ya formados que se han quedado en el paro y no encuentran otras empresas que les contraten.

¿Qué futuro aguarda a esas personas que están abandonando casa y familia para encontrar un trabajo? Habrá que esperar para tener la respuesta. Más fácil resulta hablar de la la suerte de personas que, como las que emigran ahora, dieron ese mismo paso a principios de la década de los noventa cuando España y Catalunya fueron azotadas por otra crisis prolongada en el tiempo, aunque no como la actual. Son historias de personas que emigraron hace ya casi dos décadas y no han vuelto. Encontraron en destinos lejanos una oportunidad laboral y triunfaron. Ahora sólo regresan a sus lugares de origen para pasar las vacaciones.

David Martín, nacido en Barcelona, tuvo siempre en mente, desde muy joven, emigrar al extranjero. Ese sueño se convirtió en realidad en 1993. “Pasado el año 1992 empecé a plantearme seriamente dar el salto a nivel laboral. En España y Catalunya había una fuerte crisis económica, con un alto índice de parados”, recuerda. Tenía 25 años, trabajaba en una conocida empresa de dulces de Barcelona y lo dejó todo para iniciar una nueva vida en Tokio. “Lo más difícil de todo fue separarme de mi familia, alejarme de mi círculo más íntimo de amigos y decirle adiós a Catalunya, la tierra que me ha visto nacer”, añade. “Dejarlo todo es muy duro y antes de partir viví momentos muy tristes que a día de hoy, cuando los recuerdo, aún me afectan”, confiesa David.

Las cosas le han ido bien. En la actualidad vive en Tokio, está casado con una japonesa y tiene dos hijas, Kaori, de 18 años, y Sofía, de 15. Inició su andadura por estas tierras con una empresa de importación y exportación de productos gourmet. Y hace tres años ha abierto su propia tienda (Cuinetes) en el centro de Tokio, donde vende productos gourmet de España, Catalunya, Italia y Francia. A David le cuesta dar consejos a aquellos que ahora pasan por la misma situación vivida por él cuando tenía 25 años. “Es difícil animar a una persona a que deje su entorno por la carga emocional que conlleva cuando estás lejos –afirma– pero nunca hay que olvidar que todos nos merecemos una oportunidad en la vida y si está en el extranjero, ¿por qué dejarla pasar?”, se pregunta.

David Martín considera que la actual crisis es peor que la de los inicios de la década de los noventa, que a él le tocó de lleno. “Cuando vuelvo a Catalunya y veo a gente que ahora tienen la misma edad que yo cuando me fui y que aún no han tenido ninguna experiencia laboral de relevancia me pregunto cómo ven su futuro esos jóvenes”, indica. “Que veinte años después se repita la misma situación, o incluso peor, es una injusticia para todas esas personas jóvenes capacitadas para trabajar y que no encuentran ninguna oportunidad laboral”, opina. “Muchos japoneses me comentan sorprendidos la actual situación de España”, revela este empresario. En Japón también se ha notado la crisis –añade David– “pero aquí aún hay oportunidades”. Y lo que nunca llegó a imaginar este barcelonés es que casi veinte años después de su partida, su caso fuese noticia “al estar ahora en una situación pare-

cida a la mía jóvenes que aún no habían nacido o eran niños cuando yo emigré”.

Las cosas han cambiado mucho, sin embargo, en estas dos últimas décadas. “Cuando yo llegué a Japón fui a vivir a una ciudad a 150 kilómetros de Tokio. Era el único occidental y durante tiempo me sentí observado, como si fuese algo exótico”. Seguir la actualidad catalana era mucho más complicado que ahora. David sigue la radio (es un fiel oyente de RAC 1) por internet, al igual que los programas de televisión que le interesan o los partidos del Barça. Eso le hace sentir más cerca de casa.

¿Volver? De momento ese viaje no está en su agenda. Con la ayuda de su esposa ha ampliado la empresa y reconocidos restaurantes de Tokio ofrecen los productos de alta gama que importa. Fue un pionero, asegura, a la hora de abrir ese mercado. Su apuesta ha sido, sin duda, un acierto.

Tampoco hay, de momento, pensamientos de vuelta en la mente de Marta Comellas, que vive en Holanda desde hace doce años. “Si la situación en España estuviera mejor, si yo encontrara un buen trabajo y mi marido también, quizás nos plantearíamos volver”, afirma esta doctora en Química. Pero el quizás no suena nada esperanzador.

Marta se ha acostumbrado ya al ritmo de vida y al estilo de ese país en el que ha encontrado también una oportunidad laboral que no le ofrecieron aquí. “Es verdad que echas de menos a la familia, los amigos, también el clima y la comida… pero me gusta la vida que llevo en Holanda”, afirma.

El caso de Marta es diferente al de David ya que ella encontró su oportunidad con un Erasmus. Luego, cuando acabó Químicas, le ofrecieron una beca para hacer un master en Nimega. “Y más tarde me brindaron un trabajo… y conocí al que ahora es mi marido. Ahora mismo no entra en nuestros planes volver, no es un buen momento” afirma al ser muy consciente de la realidad de España y Catalunya.

Marta Comellas viaja a Barcelona, su ciudad natal entre tres o cuatro veces al año, mientras que David Martín no puede hacerlo, por la larga distancia, más que una vez o dos. En Holanda ya tiene a sus amigos: “Me gusta ir en bici y la calidad de vida que hay en este país”. Y no le importaría en absoluto criar a sus hijos allí. “Volver no es un tema que me preocupe excesivamente y tampoco se ha dado la oportunidad”, dice. Y es que, tal y como están las cosas, tampoco ella se ha puesto seriamente a buscar trabajo en su ciudad.

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