El sueño de Luther King 50 años después

La Vanguardia, , 29-08-2013

LA existencia de un presidente negro en Estados Unidos podría significar la culminación del sueño de Martin Luther King sobre el fin de la segregación racial. Pero este hecho no es suficiente, no basta, como el propio Barack Obama reconoció ayer en el mismo lugar –frente al monumento a Lincoln en Washington– en el que hace 50 años el histórico activista de los derechos civiles pronunció su importante discurso “Tengo un sueño” ante cerca de trescientas mil personas. Obama, para quien la figura de Luther King es una de sus referencias personales, quiso poner de manifiesto con su presencia en la conmemoración de este discurso –junto con los expresidentes Carter y Clinton– que queda mucho por hacer para cumplir sus ideales.

“Sueño que un día los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad (…) Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad. Sueño (…) que los niños y niñas negros puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancos, y caminar unidos, como hermanos y hermanas”.

Las palabras del famoso discurso son verdad sobre el papel, sobre las leyes de igualdad civil y política que Lyndon Johnson se vio obligado a promover en los años sesenta del siglo pasado ante la enorme presión popular desatada en el país por el potente movimiento de los derechos civiles que Luther King –considerado uno de los grandes líderes de EE.UU. y premio Nobel de la Paz de 1964– lideró durante toda su vida, hasta que fue asesinado en 1968 en Memphis a los 39 años.

En la práctica, como reconoció el propio Obama, todavía queda mucho por hacer para lograr la verdadera igualdad entre negros y blancos en Estados Unidos. Las cifras hablan por sí solas: la tasa de desempleo de la población afroamericana dobla la de la población blanca. Pero los negros no sólo son más pobres, sino que viven en barrios más inseguros, tienen una peor calidad de vida, una mortalidad más elevada y acostumbran a ser detenidos y declarados culpables en mayor porcentaje que los blancos, como refleja la elevada proporción de ciudadanos de este origen que pueblan las cárceles estadounidenses. Nadie discute que se ha avanzado muchísimo en la lucha por la igualdad racial, por la equiparación de derechos legales, por la integración educativa y social, y que la lucha de Luther King no fue en balde. Pero todavía queda mucho por hacer.

¿Cuál es el problema? Las barreras que impiden una auténtica igualdad, en opinión de los sociólogos, persisten todavía en el inconsciente de muchas personas, y eso es muy difícil de combatir. Con todo, hay una evidente desigualdad económica entre los ciudadanos de ambas etnias. El propio Luther King, en varias ocasiones, se refirió a la necesidad de que los afroamericanos deberían ser indemnizados por los perjuicios sufridos durante los largos años de esclavitud, y propuso un programa –que nunca se ha llevado a cabo– para reducir la brecha económica que los separa de los blancos, y que contribuiría a reducir muchos de los problemas aún actuales, como el abandono escolar, las altas tasas de criminalidad y la escasa formación de amplias capas de la población negra. Todavía queda, pues, mucho por hacer para que el sueño de Luther King se cumpla plenamente.

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