juventud
Un billete con destino a...
Cuatro licenciados vascos buscan su futuro profesional en el extranjero. Joana Arrizabalaga, Mikel Azcoaga, Idoia Salsamendi y Ainize Iriondo, como muchos otros jóvenes vascos, han hecho sus maletas y han emigrado
Diario Vasco, , 25-08-2013La situación está complicada. Miremos por donde miremos, es prácticamente imposible encontrar trabajo, y más siendo un recién graduado. Seis meses por aquí, cuatro por allí y dos en paro, o lo que es peor, sin trabajo porque solo son prácticas. Así lo indica al menos el contrato. Entonces, no queda otro remedio que levantar el culo del sofá y buscar una oferta tentadora y barata para marcharse a labrar un futuro lejos de aquí. Y todo ello, después de veintidós años de estudio: quince en el colegio, cuatro o cinco en la Universidad y uno en el máster…,con tres idiomas casi en el bolsillo y otro a medio camino.
Después de haberlo pensado unas ochenta veces, por fin hacen las maletas, aunque los hay quienes se tiran a la piscina sin mirar si está llena o vacía. Se montan en el avión, tren, autobús o medio de transporte más económico que hayan encontrado y se dirigen a su nueva casa, su nueva ciudad, a conocer sus costumbres, sus manías y según el destino su idioma, porque el inglés no es la única lengua que existe.
Este ha sido el caso de cuatro jóvenes que tras terminar sus estudios universitarios han tenido que hacer el equipaje, dejar sus amigos y familias y marcharse a otro país.
Joana Arrizabalaga Múnich
«Sé que tendré más oportunidades de trabajo con el alemán»
Joana Arrizabalaga, una chica de Ondarroa, está licenciada en Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de Deusto, sabe hablar euskera, castellano, inglés, algo de francés y ahora alemán. A sus veinticuatro años ha pasado de estar un año en Estados Unidos para terminar sus estudios, a buscar trabajo en Múnich (Alemania). «Vine expresamente a aprender el idioma, porque sé que tendré mayor oportunidad de trabajo en un futuro». Aunque tenía claro que quería alejarse de casa, al menos por un tiempo para afrontar nuevos retos y tener nuevas experiencias, no era su primera opción. Después de barajar diferentes alternativas, una de ellas fue quedarse en Estados Unidos a trabajar, valoró estudiar un curso intensivo de alemán.
Tras seis meses de experiencia y otros seis como mínimo que le quedan, ya que ha encontrado trabajo en la empresa Stylight, una comunidad de moda online en el que se pueden compartir estilos y personalidades tanto de publicistas como de personas corrientes, hace un balance positivo. «Soy muy afortunada por haber llegado hasta aquí. Al principio no fue fácil, el alemán es más difícil de lo que pensaba, pero la gente es disciplinada, trabajadora y luchadora», señala Joana, quien cree que en muchos aspectos Alemania se parece al País Vasco.
En cuanto al trabajo, desde pequeña negociaba con su madre para elegir la ropa, «un día yo y otro día ella», explica. Adora ir a comprar y observar diferentes tendencias y estilos. «La moda siempre ha sido uno de mis sectores favoritos para trabajar», recalca Joana. Cuando supo de la oferta de trabajo de Stylight sabía que podía encajar en su cultura empresarial.
Ahora colabora en el lanzamiento de la página web en España, en el departamento de marketing, donde crea contenidos editoriales, mejora la reputación y posicionamiento de la plataforma, observa y analiza distintos mercados, y por supuesto, está pendiente de las últimas tendecias. Pese a estar a más de 1.500 kilómetros de su casa, es feliz, porque tiene trabajo y un techo donde vivir.
Mikel Azcoaga Bruselas
«Tener una titulación no asegura nada»
Deportista, amistoso y aventurero. Así se define Mikel Azcoaga, un joven donostiarra que acaba de volver de Bruselas tras haber cursado un máster en Derecho Internacional y Europeo. Durante cuatro años, ha estudiado Derecho en la Universidad del País Vasco y al finalizar la carrera se quedó, como muchos otros jóvenes, en la calle.
La razón principal para dejar atrás su familia y amigos fue la dificultad para encontrar trabajo, y teniendo en cuenta el obstáculo, decidió estudiar un máster. «Pensé que una experiencia en el extranjero estaría bien valorada en mi futuro profesional», destaca Mikel, a quien le interesa el Derecho europeo. A diferencia de Joana, Mikel se lo pensó varias veces antes de marcharse. «Me costó tomar la decisión, estuve dudando hasta el final», señala.
Sin embargo, y según este joven donostiarra, al instalarse en una ciudad cosmopolita y algo ajetreada, con un tiempo horrible, pero una buena cerveza, supo que tomó la decisión correcta. «La situación es mala, tener una titulación no asegura nada. Además de haber poco trabajo, los jóvenes jugamos con desventaja, porque no tenemos experiencia», reclama Mikel Azcoaga.
Ahora está de nuevo en casa, en San Sebastián, y quiere encontrar trabajo en algo relacionado con el Derecho, pero si no es así, «volveré a irme, aunque para un abogado trabajar en el extranjero sea complicado porque los sistemas jurídicos son distintos». Aún y todo, cree que «es muy recomendable realizar el esfuerzo, porque aporta visión crítica y conocimientos valiosos», señala.
Ainize Iriondo Lund
«Mi plan era quedarme en Bilbao, pero no había trabajo»
Terminó la carrera y quería empezar a trabajar como lo quieren hacer otros tantos estudiantes después de pasarse cinco o seis años «hincando codos». Pero desafortunadamente tuvo que cambiar de planes. «Yo quería quedarme en Bilbao, pero no había trabajo», señala Ainize Iriondo, una joven vizcaína que estudió Derecho Económico en la Universidad de Deusto en Bilbao. Entonces, se fue a San Francisco, California, a seguir estudiando, esta vez un master y especializarse en Derecho de la Propiedad Intelectual y las tecnologías de la información y comunicación, y esperar a que la situación se estabilizara. Pero no fue así. A su vuelta, empezó a estudiar el doctorado y a trabajar como abogado por su cuenta, pero «en lo económico, allí está muy difícil salir adelante», explica.
Inquieta, sin miedo al cambio y con facilidad de adaptación decidió solicitar una beca de la Fundanción Novia Salcedo al extranjero y dejar el doctorado que estaba haciendo por un tiempo. Cuando recibió la carta de aceptación no lo dudó ni un segundo. «Lo tenía claro, era una oportunidad increíble. En dos semanas ya estaba en Lund (Suecia), viviendo una experiencia profesional en un centro europeo», dice Ainize.
Desde finales de mayo está trabajando en la European Spallation Source, un proyecto en fase de construcción de un centro de investigación de materiales con la técnica de espalación de neutrones. Se ha incorporado en el departamento legal de la empresa, en el que realiza tareas de contratación, propiedad intelectual y establece las bases que dirigirán la empresa.
De momento, se queda hasta finales de noviembre, pero no descarta quedarse por más tiempo. «Las condiciones que nos ofrecen en Suecia no son, por desgracia, comparables con las que ahora mismo están viviendo muchos de mis compañeros. Por lo tanto, me considero muy afortunada», recalca Ainize.
Idoia Salsamendi Mumbai (India)
«La situación laboral hace que volver a casa sea menos atractivo»
Dos veranos en Nueva Jersey y seis meses en Ohio, Estados Unidos. Antes de aterrizar en Mumbai (India), la azpeitiarra Idoia Salsamendi, licenciada en Administración y Dirección de Empresas e Ingeniería Tecnica en Información de Gestión, tuvo sus primeras experiencias en otros países extranjeros. Las circunstancias de la vida y, sobre todo, la beca de internacionalización a la que se presentó, han hecho que a sus veinticinco años haya dejado su pueblo natal. Del mismo modo que Ainize y Joana, Idoia tampoco se lo pensó dos veces. «Vivir en el extranjero era algo que tenía en mente desde hacía tiempo, e India era un destino que me apetecía». Esta azpeitiarra piensa que estar unos años lejos de casa «te abre mucho la mente y te da la posibilidad de conocer realidades, además de formarte para que en un futuro tengas un buen trabajo», señala. Después de siete meses trabajando como asesora de comercio internacional para empresas vascas y españolas en la Oficina Económica y Comercial donde identifica socios potenciales, organiza agendas de reuniones con empresas indias y asiste a ferias de negocios, puede decir que India ha cumplido sus expectativas. De hecho, dice que lo podría describir con una frase muy común en el país: «Todo es posible, pero nada es seguro».
En cuanto a su futuro, le entusiasmaría trabajar cerca de casa y formar parte del departamento de estrategia de una empresa vasca, gestionando temas de internacionalización y que le permitiera pasar temporadas cortas en el extranjero. Sin embargo, «la situación laboral hace que el volver sea menos atractivo. Dentro de siete años ya se verá». De momento, se queda en India al menos un año más, y después tiene pensado seguir varios años por el extranjero.
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