Merkel rompe el tabú de Dachau con una criticada visita electoral
En 65 años ningún canciller visitó este campo de concentración de Baviera
La Vanguardia, , 21-08-2013JOERG KOCH / GETTY IMAGES La canciller Merkel deposita una corona de flores junto al superviviente del holocausto Max Mannheimer, ayer en el campo de Dachau
“Había otras oportunidades de hacerlo”, opina el historiador Wolfgang Benz, especialista en la historia del nazismo. Queda feo irse a dar un discurso electoral tras haber puesto una corona de flores y expresado recogimiento.
Para la comunidad judía alemana, para lo poco que queda de ella, y a juzgar por las declaraciones de sus responsables en Munich y Berlín, no parece haber problema con esta visita que, según el diario muniqués Süddeutsche Zeitung, deja mal sabor de boca. La presidenta de la comunidad en Baviera, Charlotte Knobloch, ha defendido a Merkel.
Vestida de negro, Merkel colocó la correspondiente corona de flores en el memorial y expresó su “vergüenza y tristeza” ante lo que representa el lugar.
En cualquier caso, más vale tarde que nunca. La de ayer fue la primera vez que un canciller federal visitaba Dachau, donde murieron más de 30.000 personas.
Los políticos alemanes visitan periódicamente campos de concentración y no puede decirse que el tema haya dejado de estar presente en la agenda oficial, pero algo ocurre con Dachau, que ha precisado de 65 años y de una coyuntura electoral para que la canciller, que ha visitado Munich en infinidad de ocasiones, se acerque al lugar.
El antiguo campo está en los suburbios de la capital bávara, a sólo 19 kilómetros, pero ni siquiera Josef Ratzinger, bávaro de nacimiento, que fue cinco años obispo de Munich, se molestó en visitar el lugar, pese a su relevancia para la Iglesia Católica.
Dachau fue el principal centro de reclusión de religiosos –sobre todo Testigos de Jehová, uno de los colectivos más discretos del holocausto cometido por los nazis– de la red de campos del régimen hitleriano. Más de 2.500 sacerdotes, religiosos y seminaristas católicos pasaron por sus barracones, de los que la mitad murieron. Entre ellos, figuras importantes como Titus Brandsma, fundador y rector de la Universidad de Nijmegen (Holanda), muerto por una inyección letal; o el sacerdote bávaro Karl Leisner. Ambos clérigos fueron beatificados por Juan Pablo II. Al igual que Ratzinger, que como papa visitó Auschwitz, también los cancilleres federales, e incluso los presidentes hasta Horst Köhler en el 2010, ignoraron Dachau.
Tampoco a los ministros-presidentes de Baviera, una región muy conservadora y tradicionalista, les gustaba visitar el lugar y de hecho tuvieron que pasar muchas décadas después de la guerra para que lo hicieran.
En la propia ciudad de Dachau, durante muchos años las autoridades locales no ocultaron su desagrado porque la imagen local se asociara al campo de concentración, que cada año es visitado por 800.000 personas. Mientras tanto, los tiempos han cambiado, el actual municipio ya no vive descaradamente de espaldas al campo y los políticos bávaros lo visitan.
A los alemanes no les gusta el crudo oportunismo político electoralista, así que Merkel tuvo que declarar el grueso de su visita cerrada a la prensa para evitar que su gesto se volviera contra ella, pero al final el asunto quedará como una de las muchas polémicas electoralistas de esta campaña, que algunos describen como la más aburrida de la historia de la República.
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