Esclavitudes
La Vanguardia, , 22-07-2013LC. SÁNCHEZ MIRET, a sentencia a Zimmerman es de ahora, Martin murió en el 2012 y el malestar y la sospecha no se acaba porque parece que este es ya un problema tan viejo y tan perpetuo como la misma sociedad que representa. Una noche de 2012 Trayvon Martin, de 17 años, paseaba por una zona residencial en el estado de Florida, en Estados Unidos, de la que George Zimmerman, de 29 años, era vigilante. El primero no ha podido explicar qué hacía allí o lo que pasó, porque el segundo le disparó y lo mató; el jurado ha concluido que en defensa propia, después de considerar que quedaba demostrado que abrió fuego después de ser atacado y golpeado.
Ahora bien, el adolescente no llevaba arma y era negro; no hace falta nada más para entender que la polémica es inevitable. Tanto da cómo de claros estén los hechos, tanto da cuál sea la composición del jurado, tanto da como se haya hecho la investigación y lo que digan los testigos. Tanto da, la verdad. La historia de la relación entre las dos comunidades es demasiado larga, demasiado tendenciosa y demasiado injusta para que ahora cualquier caso sea visto sólo con la objetividad que permiten las pruebas.
No todos los problemas entre blancos y negros tienen que estar relacionados con la cuestión racial, pero se hace difícil que la comunidad afroamericana lo crea y a los blancos se les hace imposible que los crean. Todos pierden, aunque, en este caso, nadie ha perdido más que Martin.
Tanto los hechos como la sentencia han vuelto a poner sobre la mesa el tema de las armas y las leyes del tipo Stand your ground que eximen de culpa a quien ataca a otro si se cree en peligro de muerte; pero las autoridades no han tenido que pedir calma por esta polémica, sino porque los ánimos se han calentado muy especialmente en el debate sobre la igualdad racial.
No hace mucho, a principios de febrero, en Misisipi, abolieron la esclavitud. Sí, este 2013. Era el último estado que quedaba y todavía no lo había hecho. Cuando menos oficialmente, porque se habían olvidado de entrar un papel en el registro federal para ratificar el acuerdo. Sin embargo, la esclavitud de los prejuicios no se acaba con un papel, y sus cadenas no por ser invisibles son más débiles o menos pesadas que las que llevaban los esclavos cuando bajaban de los barcos.
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