El lado “correcto” del corazón

Las palabras de una jurado culpando a Trayvon Martin, la víctima desarmada, acrecientan el agravio racista

La Vanguardia, FRANCESC PEIRÓNNueva York. Corresponsal, 17-07-2013

Más allá de debates y estadísticas, el caso Trayvon Martin, la verdadera víctima de esta historia, ha puesto el dedo en la herida que no cesa en Estados Unidos, desde su fundación hasta hoy: el racismo.
JASON REDMOND / REUTERS
Redada. La policía de Los Ángeles no se lo pensó dos veces y detuvo de decenas de activistas que protestaron de forma pacífica contra el veredicto del caso Trayvon Martin
Unos, por lo general blancos y conservadores, niegan cualquier influencia de prejuicios raciales en George Zimmerman, de 29 años, cuando en febrero del 2012 mató de un tiro a quemarropa a un joven negro, de 17, y desarmado. Incluso se permiten sostener que la exculpación es una derrota para Obama –el primer presidente negro– y su seguidores liberales–progresistas, escandalizados porque creen que el jurado ha ignorado la motivación racista del justiciero de Florida.
Unos por negación y otros por afirmación, todos hablan de lo mismo. Pasados tres días, la discusión aún se calentó ayer a costa de las declaraciones de una de las seis mujeres –todas blancas– que compuso el jurado.
Deliberaron más de 16 horas. De entrada, confesó a la CNN la jurado B-37. hubo tres –incluida ella, por lo que se leía entre líneas– persuadidas de la inocencia. Otras dos veían a Zimmerman autor de un homicidio imprudente y la sexta optaba por el asesinato. Lo expresó así: “Había unas que lo querían hallar culpable de algo”. Se impuso el parecer de las tres primeras.
“Creo que nunca pensamos que el racismo tuviera papel alguno”, afirmó. La acción del acusado, al que siempre se refirió con la familiaridad de su nombre, George, se cimentó en el miedo a perder la vida. En el vecindario se habían producido robos y Zimmerman, que se otorgó el papel de vigilante, se puso a seguir al adolescente porque merodeaba por el lugar. En realidad, Trayvon había ido a comprar.
“Se fijó en él al ver que actuaba de forma extraña”, insistió, totalmente convencida. “Su corazón estaba en el lugar correcto, sólo que hizo una mal juicio, la situación se convirtió en un terrible error”. Pero se atrevió a responsabilizar al adolescente, “se puso loco y le atacó”. No se planteó que, si se comparan envergaduras, Trayvon era un peso mosca al lado de Zimmerman.
Se convención de la versión del encausado, que renunció a declarar en el juicio para esquivar al fiscal, al estimar que fue éste el que hizo la llamada al 911 de emergencias. Esta es la prueba de la discordia. Ni los testigos, que se han contradecido en función del bando, ni los expertos han logrado determinar a quién correspondía ese grito.
Esta jurado, de mediana edad, casada con un abogado, madre de dos adultos, hija de un capitán de la Fuerza Aérea y que habría firmado para escribir un libro de esta experiencia, ha sorprendido por su “simpatía” hacia el pistolero o por declarar que “ambos fueron responsables” y que “siento pena por los dos”.
Pero lo que más ha molestado es la descalificación hacia Rachel Jeantel, la testigo amiga de Trayvon, también negra, con el que conversaba por el móvil cuatro minutos antes del incidente. Ella escuchó como Trayvon se dirigía al otro al ver que lo seguía y le pedía que le dejara en paz. “No me pareció creíble”, indicó la anónima B-37. Remató con un comentario que ha servido para retratarla como una mujer de prejuicios: “Jeantel se sintió fuera de lugar por su educación y escasa capacidad de comunicación”.
No es más que una muestra de la división del país. Y mientras surgen más analistas que advierte de la práctica imposibilidad de que el Departamento de Justicia pueda sacar adelante una acusación por odio racial, los críticos con el veredicto van a más. Ya han recogido más de un millón de firmas para que se actúe contra Zimmerman y, además, anuncian un movilización en más de 100 ciudades para este sábado.
Obama, que una vez dijo que “si tuviera un hijo sería como Trayvon”, guarda ahora silencio.

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