“Todos somos Trayvon”
Protestas por la absolución del hombre que mató a un joven negro desarmado
La Vanguardia, , 15-07-2013El reverendo Al Sharpton fue de los primeros en estallar. “Esta es una de las mayores atrocidades que he visto en este país. Se ha bendecido que un joven desarmado y que no hace nada malo pueda morir impunemente”.
Sharpton, líder religioso neoyorquino, luchador por los derechos civiles de los afroamericanos y figura mediática, mostró el estupor en el que buena parte de Estados Unidos había caído. Que quede claro: había otra parte que sintió alivio y celebró el fallo.
Se acercaba la medianoche del sábado en la Costa Este cuando el jurado de Florida, compuesto por seis personas, en exclusiva mujeres blancas –al parecer, una hispana–, declaró inocente a George Zimmerman de la muerte de Trayvon Martin, de 17 años.
Actuó en defensa propia, según el veredicto unánime, después de ser Zimmerman, un vecino que se arrogó la condición de vigilante comunitario, el que persiguiera al adolescente, que no portaba ni una navaja. Había ido a comprar dulces y un refresco.
Pero como era negro y vestía sudadera con capucha –llovía, aquella noche del 26 de febrero del 2012–, el ávido justiciero decidió que ese chico tenía intenciones criminales. Le pegó un tiro a quemarropa, se supone que en medio de una reyerta. Zimmerman, boxeador aficionado, disponía de una envergadura superior.
“Esta decisión no hace más que animar a otros a que hagan lo mismo”, lamentó el congresista Chakar Fattah. “Es un precedente muy peligroso”, insistió Raul Grijalva, su colega de Cámara y de militancia con los demócratas.
Aunque en Estados Unidos los blancos ya no son mayoría, la justicia lo sigue siendo. Este país ha sido capaz de elegir y reelegir a un presidente negro, sí, pero hay cosas que no han cambiado. Sólo hay que hacer memoria.
“Respeto la decisión del jurado, aunque me ha decepcionado”, lamentó el fiscal Bernie de la Rionda, que pedía cadena perpetua por asesinato o hasta 30 años de cárcel por homicidio. “Hay unos hechos –añadió–, un joven que está en sus asuntos y el otro que le señala por su aspecto. Si este no hubiera llevado pistola, habría habido una pelea, tal vez violenta, pero seguro que no tendríamos un muerto. En este caso no era apropiado llevar arma”.
El juicio ha despertado pasión. Las televisiones por cable lo han retransmitido en directo. En este asunto se juntan dos cuestiones que cruzan transversalmente a la sociedad estadounidense: el derecho a ir armado y el racismo. Incluso el presidente Barack Obama afirmó en su día que “si tuviera un hijo, sería como Trayvon”.
Nada más producirse la resolución, las manifestaciones de disgusto y protesta se propagaron por diversas ciudades del país, de lado a lado, sin que se registraran graves incidentes. Beyoncé paró su concierto en Nashville y pidió un minuto de silencio. Sólo es un ejemplo de lo que sucedió.
El presidente volvió ayer a hablar mediante un comunicado. En su nota, dijo que sabe que este proceso ha despertado pasiones y que, tras la resolución, puedenir todavía a más. “Somos una nación de leyes y el jurado ha hablado. Pido a cada americano la llamada a la reflexión calmada que han formulado los dos padres que han perdido a su hijo”.
Tampoco desaprovechó la ocasión para llevar el agua a su molino. “Debemos preguntarnos si estamos haciendo todo lo que podemos para frenar la marea de la violencia armada que arranca tantas vidas en este país a diario. Debemos preguntarnos cómo prevenirnos en el futuro de tragedias así, en honor de Trayvon Martin”. El pasado abril, Obama compareció enfadado como pocas veces se la ha visto, una vez que los republicanos frenaron un tímido avance en el control de armas.
“Todos somos Trayvon”, coreaban en las calles de Chicago. “Justice for…”, gritaba una voz en San Francisco. Y el grupo respondía: “Trayvon Martin”. El ánimo de indignación general se mantenía ayer. Mayoritariamente se aludió al tema en las iglesias, muy críticas en las homilías del domingo.
Mark O’Mara, el abogado defensor y uno de los fuelles de la hoguera del enfado al criminalizar al difunto, tiene razón. Dijo que a Zimmerman, de 29 años, los hechos todavía aún le perseguirán. “Hay veredicto, pero la cuestión no se ha acabado”, insistió Benjamin Jealous, presidente de la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP), una de las organizaciones defensoras de los derechos civiles más potentes e influyentes. Según Jealous, esta escandalosa absolución no es el final.
En su opinión, suscrita por una abanico de personalidades y dirigentes, incluidos políticos, ahora le toca al Gobierno mover ficha. “Vamos a perseguir, junto al Departamento de Justicia –subrayó Jealous–, que se imputen cargos por derechos civiles y continuaremos luchando contra la ley de Stand Your Ground en cada uno de los estados donde es vigente. No pararemos hasta que terminemos con la práctica de señalar por la raza”.
A partir de esa citada ley, que viene a ser “defiende tu territorio”, una apelación con ecos mas propios del far west que de una sociedad democrática, la policía ni siquiera abrió una investigación por la muerte de Trayvon.
Hubo que esperar unas semanas, y la destitución del jefe policial de Sandford, donde se registraron los acontecimientos, para que el caso se revisara. Ocurrió por la presión de la comunidad, entre ellos Al Sharpton o Jesse Jackson, otro reverendo de leyenda. Lucir capucha se convirtió en el símbolo de la protesta.
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