Aumenta más de doce puntos en un año el rechazo a los ‘sin papeles’

Uno de cada cinco vascos quiere expulsarlos y la mitad dejarlos sin Sanidad y Educación

El Mundo, MARTA G. COLOMA / Bilbao, 22-06-2013

Un año ha sido suficiente para que
la crisis económica desgaste no sólo
los bolsillos de los ciudadanos,
sino también su percepción social
de los inmigrantes . La pelea por el
mantenimiento de los servicios públicos
y el empleo en un entorno
generalizado de austeridad ha llevado
a endurecer el discurso hacia
este colectivo. Así, por ejemplo, uno
de cada cinco vascos (un 21,3%) se
muestra partidario a día de hoy de
expulsar a todos los inmigrantes
irregulares; una cifra que ha crecido
en 12,5 puntos respecto a 2011,
cuando sólo un 8,8% de los vascos
apoyaban esta medida, según informó
el Observatorio vasco de Inmigración
(Ikuspegi), en la presentación
de su barómetro anual.
El informe, elaborado en colaboración
con la UPV/EHU, fue presentado
ayer en Bilbao por el director
de Política familiar y desarrollo
comunitario, José Luis Madrazo, el
vicerrector de la universidad vasca,
Carmelo Garitaonandia, y el director
de Ikuspegi, Gorka Moreno,
que concretó que el índice de tolerancia
de los vascos hacia este colectivo
ha pasado del 57,17% al
53,62% en un año, unos datos «hijos
de la coyuntura actual».
Aunque, como apuntó Madrazo,
la sociedad vasca sigue siendo «tolerante
e inclusiva», su preocupación
por «mantener las cotas de bienestar
social» se muestra cada vez con
más claridad, ya que en un año ha
descendido en 15 puntos (del 72,9%
al 57,5%) el número de ciudadanos
que consideran que todos los extranjeros
deben tener la asistencia
sanitaria garantizada. Un 42% de los
vascos, además, excluiría de la educación
pública a los inmigrantes regularizados;
y un 60,1% haría lo
mismo con la asistencia jurídica.
El 59,9% de los encuestados cree
que este colectivo se beneficia excesivamente
del sistema de protección
social, unos recelos que disminuyen
si el inmigrante posee un contrato de
trabajo para un 62,1% de los vascos.
En cuanto a los perfiles de tolerancia,
los más mayores, religiosos
y con ingresos de hasta 1.000 euros
mensuales siguen siendo las más recelosos
con los inmigrantes , mientras
que las personas jóvenes, cualificadas
y con más de 2.500 euros al
mes los aceptan con más facilidad.
El barómetro también evidencia
que el hecho de compartir modos
de vida es cada vez más importante,
ya que un 72,4% de los vascos cree
que los inmigrantes deben esforzarse
por adoptar nuestras costumbres,
10 puntos más que en 2011.
Una alarma menor
Aunque los niveles de tolerancia
hayan descendido, los impulsores
del estudio destacaron ayer que las
alarmas no son ensordecedoras.
Mientras que en países como Francia,
Reino Unido o Grecia han cristalizado
movimientos anti-inmigración
e incluso formaciones políticas
basadas en la exclusión, en
Euskadi se sigue viendo a los inmigrantes
como víctimas y no como
culpables del estallido de la crisis.
Así lo certificó Moreno, que se
mostró satisfecho de que «con la
que está cayendo», la inmigración
no se haya convertido en un «chivo
expiatorio»; y alabó la «madurez»
de la clase política vasca y española
a la hora de evitar que las actitudes
de rechazo calen en este espacio.
El problema de la inmigración, no
obstante, sigue siendo minoritario
en la agenda ciudadana, pues sólo
es mencionado como primera preocupación
por un 4,6% de los encuestados,
por debajo del desempleo
(53,5%) y el coste de la vida (12,7%).

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