Obama, en el corazón de la esclavitud
El presidente visita la isla de Gorée, de donde partían los barcos negreros a EEUU Pide la despenalización de la homosexualidad en África en la primera etapa de su gira
El Mundo, , 28-06-2013Barack Obama ha construido su identidad sobre sus raíces africanas. Por eso era mayor el simbolismo de su visita ayer a la casa de los esclavos en la isla senegalesa de Gorée: un lugar desde el que dejaron el continente decenas de miles de personas cuyo influjo ayudaría a moldear la Historia de Estados Unidos en episodios como la Guerra de Secesión o la lucha contra la segregación racial.
El presidente escuchó las indicaciones del guía Eloi Culy sobre las desventuras de los esclavos africanos, separados por sexos al llegar y encerrados en celdas minúsculas donde se les ponían grilletes para prevenir cualquier motín. «Ha sido un momento muy intenso y me ha recordado que debemos seguir alerta a la hora de defender los derechos humanos», dijo Obama al final de la visita. «Yo creo firmemente que la humanidad es buena, pero sólo si las buenas personas defienden lo que es correcto y éste es un recuerdo de lo que puede pasar si no se está alerta».
Al presidente lo acompañaron durante la visita su hija Malia, su suegra Marian Robinson y su esposa Michelle. Tres mujeres entre cuyos ancestros hay esclavos africanos y que siguieron con atención las explicaciones del guía senegalés sobre los orígenes de la trata de blancas.
A Obama le impresionó especialmente lo que en Gorée conocen como la Puerta sin Retorno: un tablón de madera de color turquesa que se abre hacia el océano y desde el cual la leyenda dice que los cautivos dejaban para siempre el continente para embarcar en los buques que los llevaban a la esclavitud. El presidente se detuvo durante unos minutos delante de la puerta junto a su esposa y escuchó después detalles estremecedores sobre su odisea. A los varones les pesaban y a las mujeres les medían las piernas para asegurarse de que estaban listos para trabajar en una plantación. A quienes se rebelaban les colgaban del tórax y no de la garganta para prolongar su agonía y dar ejemplo a quienes se hacinaban en las celdas del recinto.
Algunos historiadores han puesto en solfa la relevancia histórica de la casa de los esclavos de Gorée, cuyos archivos fueron rescatados por el senegalés Boubacar Joseph Ndiayé, que fundó el museo en 1962 y lo dirigió hasta su muerte hace cinco años. Pero nadie cuestiona la importancia de Senegal en las rutas del comercio de seres humanos hasta la abolición de la esclavitud. Entre 1536 y 1848 millones de personas dejaron África para trabajar en lugares tan dispares como Brasil, Jamaica o Nueva Orleans. La mitad solían morir durante el viaje diezmados por las epidemias o arrojados por la borda y la mayoría eran separados de sus cónyuges o de sus hijos antes de partir. Obama aprovechó la visita a Gorée para reunirse con líderes de la sociedad civil africana, a quienes animó a seguir trabajando por la libertad. Unos minutos antes había recordado la necesidad de defender los derechos de los homosexuales africanos durante la rueda de prensa junto al presidente senegalés, Macky Sall, que aseguró que su país no estaba preparado para cambiar ley para despenalización de la sodomía, que es un delito en otros 37 países africanos.
Consciente de las limitaciones de su anfitrión, Obama optó por enfatizar la fortaleza de la democracia de Senegal. Un país en cuyas calles no se ha producido ningún golpe de estado desde su fundación y cuyas instituciones contrastan con las de otros países africanos que el presidente ha optado por no visitar.
A Obama le habría gustado volver a Kenia, donde estuvo años antes de su primer triunfo electoral. Pero la Casa Blanca descartó incluir el país de su padre en la gira para evitar el apretón de manos con el presidente Uhuru Kenyatta, al que el Tribunal Penal Internacional ha procesado por la muerte de cientos de personas durante las elecciones de 2007.
Kenia no es el único país que el presidente debía esquivar durante la gira. Aliados estadounidenses como Uganda o Etiopía tienen gobiernos autoritarios y regiones como el Sáhara o el Cuerno de África no reúnen los requisitos básicos de seguridad. Obama no ha cumplido las expectativas que generó su triunfo entre los africanos. Entre otras cosas porque su relación con el continente se ha visto condicionada por la intervención en Libia y la amenaza terrorista de Al Qaeda en el Magreb.
Hoy el presidente llegará a Sudáfrica en una visita ensombrecida por la gravedad de Nelson Mandela, que podría alterar la agenda oficial de la Casa Blanca. Obama recordó ayer que su primer evento político fue un mitin contra el apartheid sudafricano y definió al líder negro como «un héroe personal y un héroe para el mundo» cuyo legado «permanecerá a través de los siglos».
El presidente y Mandela sólo se han visto una vez durante un breve encuentro en un hotel de Washington. Entonces Obama apenas llevaba un año en el Senado y ni siquiera había lanzado su carrera a la Casa Blanca. Esta vez su entorno aspiraba a una segunda imagen con el líder sudafricano y a una segunda visita a su celda en la prisión de Robben Island.
>Videoanálisis de E. Suárez.
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