Cerco a los ‘pasivos’

El Mundo, FERNANDO LÁZARO, 13-06-2013

Neutralización. Actuaciones preventivas. Caza a los que acuden a ser adoctrinados en el radicalismo, a aquellos que son ‘pasivos’, que se limitan a sentarse ante el ordenador o a acudir a mezquitas con imames radicales, y recibir lecciones y más lecciones encaminadas a buscar su sequedad de cerebro y su ruptura de voluntad total. Son futuros terroristas y hay que actuar contra ellos. Ese es el objetivo.

Y en ese aspecto se centran las actuaciones policiales. «Tenemos que adelantarnos. Ir por delante. No podemos esperar a que estén ya preparando una acción porque se nos puede ir de las manos», comenta uno de los máximos responsables en la lucha antiterrorista. Sabe que ese punto es la clave, que los detenidos únicamente puedan ser acusados, de momento, de exaltación del terrorismo. Pero prefieren esta práctica preventiva al riesgo de que puedan perpetrar una acción indiscriminada en cualquier momento. Y es que, como sostiene, el salto cualitativo de los últimos terroristas yihadista de Londres o París demuestra que no queda más remedio que dar una «vuelta de tuerca» a la legislación, a las políticas de seguridad comunes.

Y por este motivo, el ministro del Interior, Jorge Fernández, ya puso sobre la mesa de los socios europeos la necesidad de ampliar la definición de terrorismo: se trata de incluir no solo a los que aleccionan a radicales sino también a los que asisten de forma pasiva a todo tipo de actos de proselitismo. Plan contra el «adiestramiento pasivo». «No sólo contra el que cuelga una información en la web o el que la difunde a través de un púlpito radical sino contra el que la consulta o la escucha», resumió el ministro.

Y Fernández se encontró con un gran respaldo a su propuesta por parte de Francia. Gran Bretaña también ha trasladado mensajes en esa misma línea. La lucha contra los «lobos solitarios» debe ser cada vez más intensa y preventiva. «No queda más remedio». Los responsables de la seguridad defienden una legislación más dura para todo aquel que tenga en mente convertirse en un asesino indiscriminado.

Ahora, solo la intención no cuenta y las excarcelaciones son continuas. La legislación no permite más y a muchos de los que tienen su radicalismo aflorando hasta por los lagrimales de los ojos no se le puede aplicar mayor dureza judicial. Solo queda la posibilidad de la expulsión por motivos de seguridad. Los que saben apuntan de nuevo a las cárceles como uno de los focos de mayor radicalización. El peligro invisible sigue latente.

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