Refugiados de ida y vuelta
Deia, , 09-06-2013Cerca de 500.000 palestinos huidos de los conflictos contra Israel en 1948 y 1967 habitaban en Siria antes del comienzo de la guerra, donde gozaban de unas condiciones de vida excelentes en comparación con los limbos legales a que son sometidos en otros países de la zona. Pero la violencia les ha vuelto a alcanzar y, de nuevo, vuelven a huir.
Y una vez más, comprueban que los países usan su nombre para sus políticas exteriores, pero ninguno quiere hacerse cargo de ellos… especialmente Jordania. Un informe de Human Rights Watch (HRW) denunciaba ya en abril de 2012 que las autoridades jordanas estaban devolviendo a los palestinos a Siria a punta de fusil, en algunos casos obligándoles a firmar un papel de retorno voluntario con el que poder justificarse más tarde ante la UNHCR o la Cruz Roja Internacional. Como resultado, miles de palestinos se hacen pasar por sirios en la frontera – con documentos falsos o robados a sirios muertos – y los pocos a los que se les permitió el paso acabaron en el parque industrial de Cyber City en unas condiciones que han hecho a HWR elevar el estatus del lugar a “centro de detención.”
el campo El caos y la masificación humana de Zaatari, el mayor campo jordano para refugiados sirios, contrasta con el silencio del olvidado Cyber City. Un viejo y destartalado edificio de seis pisos y 120 cubículos habitacionales escondido al fondo del parque industrial alberga a 300 refugiados, la mitad de los cuales son los únicos palestinos que han accedido a Jordania. Estos, a diferencia de los sirios, no tienen la posibilidad de obtener la garantía de un amigo o familiar jordano que se haga responsable de ellos para salir del campo. Las débiles justificaciones del ministerio de Interior jordano para aplicar esta política van desde “si abrimos las puertas a los refugiados palestinos incumpliremos las resoluciones de la ONU” a “los palestinos en Siria no sufren la violencia; no hay razón para que vengan.”
Desde su oscuro cubículo, Abu Haidar, descendiente de refugiados de Gaza y padre de cuatro, cuenta que “comencé mi actividad cuando mis vecinos empezaron a ser asesinados; usaba mi condición de palestino para obtener medicinas del otro lado de la frontera y alojaba reuniones del ELS en mi sótano.” El régimen lo apresó por sospechoso, y lo mantuvo encerrado y frecuentemente sometido a tortura durante tres meses. En cuanto lo liberaron, en abril de 2012, huyó a Jordania con su familia. “Pensé que podría moverme por el país, no que me encerrarían en este edificio. En Siria me sentía como un sirio más pero, desde que he llegado a Jordania, me siento más palestino que nunca.” Abu Haidar rechaza los argumentos del gobierno jordano: “La razón real es el resentimiento, que aún perdura, del Septiembre Negro – en referencia al conflicto armado entre las tropas jordanas y las milicias armadas de la OLP entre 1970 y 1971 en las que la OLP fue finalmente expulsada a Líbano – y del hecho de que los palestinos forman el 60% de la población jordana. Dicen que si dejan entrar a los palestinos, Israel conseguirá su propósito de hacer de Jordania la sustituta de Palestina.”
Israel trató también de aprovechar la situación: el pasado enero ofreció a los refugiados palestinos en Siria permiso para vivir en Cisjordania si renunciaban a su derecho al retorno a Israel, donde realmente se encuentran sus hogares. El presidente palestino, Mahmoud Abbas, rechazó la oferta. En su lugar, la embajada palestina en Jordania comenzó a ofrecer pasaportes temporales a Gaza.
La mayoría de los refugiados palestinos del campo de Yarmuk, en Damasco, optaron por huir a otras zonas de Siria. Pero Ayman, hijo de refugiados de Hebrón y residente en Jordania hasta los noventa, pensó que podía permitirse un plan mejor: “Yo tengo carné de identidad jordano y desde el 99 también libro de familia, por lo que pensamos en ir a Amman. Pero cuando llegamos a la frontera, me dijeron que mi número de identidad había sido eliminado y acabé aquí.” Según Ayman, “lo que sucede en Siria es un despropósito. Países islámicos, árabes y occidentales se aprovecharon de las primeras manifestaciones para entrar en el país y convertirlo en un caos. Siria ya no tiene una voluntad propia sobre su situación.”
Nadia, anciana refugiada de Haifa, no tiene tiempo para discutir sobre política. Necesita un marcapasos y sufre de insuficiencia renal, pero no se le permite el traslado a un hospital. “Me dicen que a nosotros nos atiende la Agencia de Naciones Unidas para Refugiados Palestinos (UNRWA), y no la UNHCR, como a los refugiados sirios. Y para poder salir, UNRWA Amman tiene que mandar una solicitud a UNRWA Nueva York y tardan semanas en contestar. Llevo meses esperando la autorización”, asegura.
“Salimos de Palestina, pasamos por Jordania y acabamos en Siria”. Ayman ironiza: “Ahora que estamos de nuevo en Jordania, quizás signifique que estamos haciendo el camino de vuelta y que dentro de poco tendremos un país palestino al que poder volver”.
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