Los ultras galos revientan la calle

Preocupación por su agresiva y masiva infiltración en las protestas de grupos ciudad

El Mundo, JUAN MANUEL BELLVER PARÍS CORRESPONSAL, 28-05-2013

Más de 300 detenidos, 231 puestos a disposición judicial y 36 heridos es el desastroso balance de los incidentes violentos que se produjeron el domingo en París, con ocasión de la manifestación contra la ley del matrimonio homosexual convocada por La Manif pour Tous. Pese a que el texto legal fue promulgado el 17 de mayo y la primera boda gay se celebrará mañana, la oposición quiso realizar esta última demostración de fuerza en la capital. Pero, a pesar de los 4.600 agentes policiales desplegados, el evento degeneró en batalla campal al caer la noche sobre la explanada de Los Inválidos.

Y es que una serie de bandas radicales parecen haberse infiltrado en un colectivo que se decía pacífico y apolítico, hasta el punto de amenazar de muerte a su líder, la humorista Frigide Barjot, logrando que no fuera el domingo al desfile. La Primavera francesa lo llaman sus partidarios, que aspiran a impulsar una especie de mayo del 68 partiendo de la contestación de la ley Taubira para fundar una nueva extrema derecha. Como símbolo, han escogido tres puños en alto con los colores de la bandera gala y como eslogan subversivo han adoptado uno histórico del Frente de Izquierdas: On ne lâche rien, que podría traducirse como No aflojamos o no cedemos en nada.

Según Libération, tras esta inverosímil etiqueta se esconden los autores de las recientes agresiones en bares de ambiente de Lille y Niza o de las amenazas y acoso a cargos públicos socialistas en todo el país desde que la ley Taubira empezó a debatirse en el Parlamento. La Primavera francesa habría comenzado a actuar al margen de los moderados liderados por Barjot el pasado 24 de marzo cuando, desoyendo las consignas de la dirección, varios cientos de sus miembros más combativos abandonaron el itinerario establecido de la manifestación por la Avenida de la Grande Armée para buscar en los vecinos Campos Elíseos el enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los antidisturbios del CRS. Y el divorcio se concretó este domingo en Los Inválidos y se confirmó ayer en el Lycée Buffon, a donde el presidente Hollande había acudido para un acto del Consejo Nacional de la Resistencia. Allí, varias decenas de extremistas intentaron sabotear el acto profiriendo gritos contra el matrimonio gay y la «dictadura socialista».

¿A dónde va La Manif pour Tous?, se interrogaba ayer toda la prensa francesa ante la patente división y el auge notorio de la línea dura. «Estamos muy preocupados por este fenómeno, que repudiamos y llevamos tiempo estudiando», ha declarado a la emisora France Info el titular de Interior Manuel Valls. «Se trata de jóvenes ultranacionalistas antisistema que han aprovechado estas últimas jornadas de protesta ciudadana para causar destrozos, agredir a periodistas y enfrentarse con la policía. Su violencia no es sólo física, sino también verbal, ya que sus comunicados llamando a la insurrección instigan igualmente el odio racial».

Generation Identitaire, por ejemplo, es esa pandilla de proto-skins que el domingo allanó la sede nacional del PS en la rue de Solferino, y, en octubre pasado, ocupó una mezquita de Bruxerolles, en las afueras de Poitiers (Charente-Maritime). Pero no están solos. Oeuvre Française, Jeunesses Nationalistes, Renouveau Français o el sindicato estudiantil GUD son otros de los nombres tras los que se ocultan las bandas que integran la Primavera francesa.

Valls los considera «enemigos de la República» y se plantea ilegalizar la Primavera Francesa basándose en el Código de Seguridad Nacional que prevé la disolución de «grupos de combate y milicias privadas cuya actividad tiende a alterar la legalidad republicana o provocar la discriminación el odio o la violencia». Pero en un comunicado del 21 de mayo la Primavera Francesa señalaba que era imposible disolver una asociación que no está legalmente constituida y sólo tiene una página web.

Para Alexandre Gabriac, ex militante expulsado del Frente Nacional por su extremismo y actual cabecilla de Jeunesses Nationalistes, «el sistema está podrido y hay que echarlo abajo».

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