Un ataque de manual, una respuesta de libro

El Mundo, Felipe Sahagún, 24-05-2013

Si, de verdad, quiere entender cómo dos lunáticos, cuchillo y machete en mano, salen a la calle en Londres a vengarse de lo que Occidente hace o deja de hacer en cualquier rincón del mundo en el cuello del primer recluta que se encuentran, antes de seguir leyendo este artículo entre en internet, viaje por Inspire, la revista de Al Qaeda, o, mejor aún, teclee Lone mujahid pocketbook, de acceso libre en Internet Archive.
Es lo que hizo tras las bombas caseras en el maratón de Boston Michael Moynihan, de Newsweek. Con sus conclusiones y un recorrido rápido tras sus pasos, el último ataque de Londres –como el de Boston– como la mayor parte de los que se neutralizan a tiempo (afortunadamente casi todos) mes tras mes, lo de Londres ha sido de manual y la respuesta de las autoridades británicas, de libro.
Las explicaciones de los asesinos a los testigos de su crimen –es un soldado que mata a musulmanes, así que ojo por ojo hasta que los ejércitos extranjeros se retiren de tierras musulmanas– con el cuerpo de la víctima aún caliente en la carretera, son una copia calcada de las justificaciones esgrimidas por los dirigentes de Al Qaeda, empezando por Bin Laden, desde su declaración de guerra a «los enemigos de Islam».
«Las redes (extremistas) son un problema muy grave», reconocía ayer Brooke Rogers, del King’s College de Londres. «Cualquiera puede encontrar la información que quiera en ellas… Necesitamos mantener un equilibrio entre libertad de acceso a la información y el desafío de personas y de procesos psicológicos al ver esta información». Obama lo reconocía tras la matanza de Boston: «Los individuos autorradicalizados que ya están aquí (al menos uno de los asesinos de Londres nació en Gran Bretaña), si no forman parte de ninguna red, son más difíciles de detectar».
Aunque levanten sospechas por declaraciones o mensajes hostiles, ningún juez se atrevería a encerrarlos en un Estado de Derecho. Si lo hiciera, habría que multiplicar por 10 el número de cárceles y nunca se lograría la seguridad absoluta, imposible incluso en las dictaduras más represivas.
No hay dos casos iguales. Algunos lobos solitarios, contaminados en la Red, dan el paso final con ayuda directa de grupos más o menos conectados a la estructura de Al Qaeda, tan fragmentada que en ella cabe casi todo. Como la CIA llevaba un año tras los hermanos Tsarnaev y el MI5 había detenido e impedido la salida del Reino Unido hace meses a uno de los asesinos de Londres, ¿significa que siguen fallando, 12 años después del 11-S, los servicios de seguridad? ¿Se evitarían estos atentados de reales o supuestos lobos solitarios, con más seguridad y menos libertad?
Tanto Obama como Cameron han respondido negativamente a ambas preguntas, aunque, en la práctica, ambos se sienten obligados a extremar las medidas de seguridad. En su declaración al país, el primer ministro británico prometió unidad y firmeza contra el extremismo violento, separó este extremismo del islam y de los musulmanes, víctimas principales del mismo e hizo un llamamiento a la calma para no echar gasolina al fuego.
«Se trata de dos individuos perdidos, adoctrinados y con sus cerebros lavados», explicaba en la BBC Jahan Mahmood, especialista de Birmingham en extremismo violento. «Los musulmanes estamos hartos de estos radicales y de sus interpretaciones tan torcidas del islam». Para combatirlos, como otros muchos, Mahmood lleva años luchando por una mejor colaboración entre las autoridades y la comunidad musulmana británica, trabajando con jóvenes, pidiendo programas de formación de predicadores e imanes, y campañas de opinión pública. «Se habla mucho de ello, pero se hace muy poco todavía», advertía. El propio Cameron reiteró ayer la necesidad de trabajar mucho más en el discurso narrativo (la mente y los corazones, la propaganda y la información que circula a raudales por las redes) para reducir los riesgos.
Si se ha hecho tan poco para silenciar a los predicadores radicales que tanto daño han hecho entre los 2,5 millones de musulmanes británicos, en las redes mucho menos. Se necesita una cooperación internacional entre estados y de gobiernos con empresas mucho más estrecha, y una supervisión jurídica que garantice al mismo tiempo la libertad de expresión y de información.

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