El asesinato de un soldado en plena calle conmociona a Londres

El Gobierno se reúne en gabinete de crisis al sospechar que se trata de un ataque islamista

La Vanguardia, RAFAEL RAMOSLondres. Corresponsal, 23-05-2013

Un ataque a machetazos, al grito de “Alá es grande”, se cobró la vida de un soldado y dejó herido a otro en Woolwich (Londres). Uno de los dos asaltantes, heridos y detenidos por la policía, lanzó un mensaje islamista a una cámara que finalizó con el “diente por diente”. Woolwich, un barrio humilde del sudeste de Londres, se convirtió por un día en Bagdad, Kabul o Grozny, cuando un joven soldado de un cuartel de artillería fue asesinado con un machete, con premeditación y alevosía, por dos individuos que gritaron “Alá es el más grande”, y a continuación, como si fuera la cosa más natural del mundo, permanecieron en el lugar del suceso charlando con los atónitos vecinos, pidiendo que les sacaran fotos y comentando su acción ante las cámaras de vídeo doméstico.
ITN
Violencia extrema. Woolwich, un barrio popular de Londres, fue escenario ayer de una violencia propia de los peores conflictos africanos; uno de los agresores aparece en un vídeo doméstico con el cuchillo que utilizó para matar al soldado
Los dos asesinos en ningún momento intentaron darse a la fuga, como si su propia suerte les trajera sin cuidado. No fueron los protagonistas de un atentado suicida, pero esperaron con absoluta tranquilidad e indiferencia a que llegase la policía y los abatiese a tiros, en plena calle, delante de los curiosos, igual que en una película del Salvaje Oeste. Ambos resultaron heridos y fueron trasladados a dos hospitales distintos, mientras las autoridades esperan ansiosamente su recuperación para poder interrogarlos.
Uno de ellos, negro por lo que se ve en un vídeo rodado por un individuo que pasaba en autobús por el lugar del incidente, ofreció antes de sucumbir a los disparos de la policía un anticipo de sus motivos. Con las manos todavía ensangrentadas, vestido con un chándal deportivo gris con capucha, se dirigió a la cámara amateur como quien comenta un partido de fútbol, ávido de publicidad, y dijo: “Tenemos que luchar contra ellos como ellos luchan contra nosotros, ojo por ojo y diente por diente. Lamento que mujeres hayan tenido que presenciar lo ocurrido, pero en nuestra tierra (que no dice cuál es) las mujeres también se ven obligadas a verlo. Nunca estaréis seguros. Quitad a vuestro gobierno, que no se interesa lo más mínimo por vosotros”. En el escenario del crimen se han encontrado machetes, cuchillos, hachas, un gancho para colgar las reses, un revólver y diversas armas blancas.
En vista de estas declaraciones, y de que la víctima es un soldado, el Gobierno británico ha llegado a la conclusión de que los asesinos son radicales islamistas inspirados por motivos políticos o religiosos, y ha hablado de un “presunto ataque terrorista”.
El primer ministro, David Cameron, acortó una visita oficial a París para entrevistarse con el presidente francés, François Hollande, y asistir en Londres a las reuniones del gabinete Cobra que –con participación de ministros, directores de los servicios de inteligencia y generales– se convoca cuando hay emergencias de seguridad nacional.
Se desconoce por el momento si los atacantes (también veinteañeros) son vecinos del barrio de Woolwich, sus nacionalidades y países de origen, la relación entre ellos y cómo escogieron a la víctima, si la conocían de algo o fue al azar, por qué la mataron con saña. El soldado, de unos veinte años, no llevaba uniforme militar pero sí una camiseta con la inscripción Help the heroes (Ayudad a los héroes), una organización caritativa que recauda fondos para quienes resultan heridos en combate y sus familiares.
Si se considera que efectivamente se trata de un ataque terrorista, como quiere el Gobierno, sería el primero en la capital inglesa desde los atentados suicidas de julio del 2005 en el metro y autobuses. Apelar al sentimiento de inseguridad de los votantes y crear un clima de terror es una de las tácticas más viejas de los gobiernos, a fin de distraer la atención de otros problemas. Tony Blair no dudó en enviar los tanques al aeropuerto de Heathrow con el pretexto de que tenía informes de inteligencia sobre una agresión inminente –que nunca se produjo–, y David Cameron no ha dudado en hacer saltar todas las alarmas después de una semana aciaga en la que ha sido humillado por el ala derecha euroescéptica del propio partido conservador.
“Hay numerosos indicios de que se trata de un atentado terrorista”, afirmó solemne y desafiante el primer ministro en París, en un lenguaje del nosotros contra

ellos curiosamente parecido al del asesino que habló a las cámaras. “No se trata de la primera vez que somos objeto de un ataque de este tipo, pero nunca nos rendiremos”, añadió antes de volver a Londres.

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