Estocolmo, ciudad sin ley

La política sueca de inmigración desata el caos en las calles de la capital

El Mundo, ROSALÍA SÁNCHEZ BERLÍN ESPECIAL PARA EL MUNDO, 23-05-2013

Estocolmo lleva tres días de disturbios y violencia callejera. Hordas de jóvenes inmigrantes, entre los que hay también suecos que se ocultan bajo pasamontañas, asaltan durante la noche los barrios residenciales incendiando decenas de coches, destruyendo mobiliario urbano y vaciando tiendas de telefonía móvil.

Los actos vandálicos, que comenzaron como protesta por la muerte de un inmigrante con problemas psíquicos tiroteado por la policía, se suceden en los suburbios de la capital ante unas fuerzas de seguridad que se muestran impotentes. En el acta policial consta que el hombre abatido pretendía atacarles con un hacha, pero esta versión no convence a los grupos violentos.

Las consignas sobre dónde concentrarse y sobre cuáles son los objetivos que habría que destruir se difunden en clave o en idiomas africanos a través de las redes sociales, de forma que la policía siempre llega tarde. La televisión sueca ha grabado imágenes de los enfrentamientos en las que se aprecian claramente cargas policiales indiscriminadas contra niños y ancianos. Además, algunos medios acusan a los agentes de proferir insultos contra los manifestantes como «negros», «monos» o «ratas», lo que no está precisamente ayudando a apaciguar los ánimos.

Entre los encapuchados que la policía ha logrado identificar figuran numerosos menores de edad, incluso de 12 años, que les arrojan bombas incendiarias y piedras. La policía se ve obligada a defender a los bomberos, a los que la intifada quería impedir apagar los incendios en una escuela, un aparcamiento y una lavandería.

La policía ha abierto una investigación interna sobre los incidentes, pero la versión oficial rechaza que se trate de protestas espontáneas y habla de «violencia política organizada». El partido de extrema derecha Demócratas de Suecia, que tiene desde hace tres años presencia parlamentaria y al que las encuestas otorgan buenas perspectivas de cara a las elecciones generales del próximo año, trata de sacar provecho electoral y su portavoz, Richard Jomnshof, ha propuesto que se declare el estado de excepción y el toque de queda en los barrios en los que están teniendo lugar los incidentes.

La asociación Megafon, que trabaja con jóvenes inmigrantes marginales en el distrito de Husby, donde comenzaron las protestas, vincula la violencia a la situación de racismo y abandono que se vive en los barrios periféricos de Estocolmo, donde uno de cada cinco jóvenes ni estudia ni trabaja. Los recortes en los subsidios de desempleo llevados a cabo por el actual Gobierno sueco afectan especialmente a estos barrios con una alta concentración de población inmigrante y han agudizado la situación de conflicto.

La principal preocupación de los voluntarios que trabajan en Megafon es ahora la situación de los ocho detenidos en los últimos tres días, con los que no han podido comunicarse.

El primer ministro, el conservador Fredrik Reinfeldt, ha condenado la violencia y el «hooliganismo» desatado en la periferia, pero ha reconocido «la necesidad de prestar más atención a estos barrios», así como de mejoras en el sistema educativo que permitan una mayor integración de la población inmigrante.

Un inmigrante con problemas psíquicos abatido por la policía fue el detonante
Hordas de jóvenes asaltan barrios por la noche destrozando el mobiliario urbano

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