Los neonazis de Munich implican a la policía secreta
El fiscal asegura que no hay indicios de complicidad
La Vanguardia, , 16-05-2013En la tercera jornada del juicio que se sigue en Munich contra la trama neonazi NSU, responsable de la peor ola de terrorismo en los últimos veinte años de historia de este país –diez asesinatos, dos atentados con bomba y quince atracos–, la abogada de uno de los cinco neonazis acusados, Nicole Schneider, ella misma simpatizante neonazi, sacó a colación los enormes puntos oscuros rodean a este sospechoso caso.
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La acusada Beate Zschaepe (centro) a su llegada a la sala del juicio
Schneider mencionó la “implicación de servicios secretos nacionales y extranjeros” y alegó la investigación del “verdadero trasfondo” para solicitar la interrupción del juicio. Que los propios neonazis aleguen este aspecto es la mejor manera de desprestigiar como “teoría de la conspiración” la principal pregunta de este caso, a saber: cuánta complicidad de Estado contiene este escandaloso asunto en el que, según la versión oficial, un trío rodeado de 25 infiltrados y colaboradores policiales cometió los peores atentados a lo largo de once años sin que la policía se enterara del asunto.
Que dos de los tres miembros, precisamente los autores directos, se suicidaran en un episodio bien confuso, dejando todo un ordenado y meridiano rastro de pruebas de su única y exclusiva responsabilidad, mientras los servicios secretos iban destruyendo documentación relevante por doquier y realizando declaraciones incompletas o mentirosas a la comisión de investigación, todo eso, queda despejado con una sola expresión: “teoría de la conspiración”. La abogada Schneider abonó ayer ese escenario, pues si los propios criminales lo alegan para exculparse, no puede ser verdad.
La respuesta del fiscal, Herbert Diemer, no se hizo esperar: “No hay ningún indicio de implicación de servicios secretos”, los medios de comunicación pueden publicar lo que quieran pero no pueden “frustrar la reclamación penal del Estado en este caso”, dijo. La presunción de inocencia del Estado, tan firmemente anclada aquí en la conciencia de sus funcionarios y periodistas, pone el resto. La mera sospecha es de mal gusto. El problema es que no sospechar es pasar por tonto.
El juicio de Munich ha dejado fuera lo principal, opina Angelika Lex, juez de la Corte Constitucional de Baviera y abogada de la viuda de Teodoros Bulgarides, uno de los nueve emigrantes asesinados por NSU.
“En este juicio no se trata de delimitar la culpa de los acusados y de su castigo, sino también de clarificar los hechos y su trasfondo”, dice Lex. “El tribunal no es una supercomisión de investigación, pero no debe conformarse con juzgar los hechos probados sin meterse en su trasfondo y en el fenomenal fracaso estatal que lo rodea”, agrega contundente la defensora.
Luego, menciona “la colaboración del Estado en crímenes terroristas” y recuerda el precedente de la matanza de la Fiesta de la Cerveza de septiembre de 1980, “donde a pesar de los muchos indicios, se nos vendió un atentado como obra de una sola persona”.
Alemania sufrió el 26 de septiembre de 1980 en Munich el peor atentado con bomba de su historia, 13 muertos y 213 heridos y mutilados, un caso no resuelto con la misma destrucción y desaparición de pruebas que en el actual caso, que muchos consideran que fue teledirigido por los servicios secretos.
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