Los manteros se van al Maremagnum
La venta ilegal se dispara en el Port Vell entre quejas de los comerciantes
La Vanguardia, , 06-05-2013Con un sencillo paseo se confirman las quejas de quienes tienen una tienda en el Maremagnum. Los alrededores de este emblemático polo turístico y comercial están poblados por decenas y decenas de vendedores ambulantes que llenan el suelo y el puente levadizo que nace junto a la antigua sede del Port de Barcelona. La pasarela llega a estar tan sobrecargada que los visitantes acaban transitando en fila india. Los comerciantes que tienen alquiladas tiendas en el recinto se quejan de que es competencia desleal y de que cuando el puente está tan lleno supone un freno para el recién llegado. Están seguros de que algunos dan la vuelta y van Rambla arriba. La masiva presencia de estos vendedores dota a la escena de connotaciones propias de otras latitudes. La Policía Portuaria hace continuas vigilancias, pero hacia el mediodía, en los cambios de turno, los mercaderes de la falsificación ocupan a gran velocidad la superficie.
ROSER VILALLONGA
1 1. Salir del escondite. Un par de vendedores ambulantes salen de su escondrijo bajo el puente del Maremagnum tras comprobar que la presencia policial ha remitido. Acarrean enormes fardos que cargan a la espalda y con los que huyen a toda velocidad cuando llega el momento.
Es un juego del ratón y el gato. Mientras la Portuaria vigila el puente, los ambulantes pueblan la superficie que va desde los cines del Maremagnum hasta el Imax. Cuando la patrulla se retira sobre las 13.00 horas, los teléfonos de los vendedores con hatillo a la espalda se ponen en marcha. Se comunican mediante ese mecanismo el momento en que el campo está libre. Es fácil darse cuenta con una ligera observación. Cuando se produce la llegada sorpresiva de una patrulla o se hace una redada –los comerciantes con tiendas alquiladas no recuerdan bien cuándo fue la última–, entonces se esconden a toda velocidad. En cualquier sitio, bajo la pasarela si es necesario, y acarrean su mercancía en un hatillo gigante.
A partir de la difusión por teléfono de la retirada de las patrullas, empieza la vorágine comercial del producto falsificado en el suelo. La oferta es variada. Quizá resaltan algunos artículos. Una de las estrellas son las camisetas falsificadas del FC Barcelona y del Real Madrid. “Te la vendo por 25 euros”, dice un vendedor. Es una réplica de la camiseta de Messi. El comprador frota el tejido y le dice que no está mal la imitación, pero que es una copia sin duda. El vendedor se resiste: “Es auténtica”. “Que no”, le responden. Al final, el vendedor de origen subsahariano sonríe de forma luminosa y admite la falsificación. El acuerdo se cierra por 15 euros. El comprador se echa atrás en el último momento. Da la sensación de que era un curioso y no alguien que realmente quisiera comprar una. Dentro del Maremagnum, hay una tienda oficial del Barça donde estas prendas superan los 50 euros. Xavier Boronat es uno de los comerciantes del Maremagnum concienciado y molesto con el actual estado de las cosas. “¿Dentro del recinto no hay ni un mantero, pero fuera, sí?”, se pregunta. “Hay una crisis de consumo y ellos siguen ampliando negocio. Llegaron hace tres años y temporada tras temporada van a más. No estamos contra las personas, pero sí contra las redes de venta de artículos falsificados”, explica Boronat en tono enérgico. “Yo querría una presencia policial como la que se da en el resto de la ciudad y la que impide que estampas como ésta puedan verse en lugares como Manhattan o Londres. ¿A que resultaría impensable?”, añade este comerciante.
Desde la Autoridad Portuaria se pide cierta comprensión. “Cada día los guardamuelles montan dispositivos de vigilancia y cada día echan la venta ambulante de allí dos o tres veces”, explican fuentes portuarias. “Pero se van y vuelven”, admiten con cierto tono de resignación. Estas fuentes reconocen que los momentos de cambio de turno son un punto débil del operativo. “Es verdad que a esas horas el fenómeno se concentra mucho”, confirman fuentes del puerto.
Estos mismos informantes explican que cuando el fenómeno es muy denso, se llevan a cabo redadas conjuntas con la Guardia Urbana de Barcelona. “Hacen una de estas redadas al año. Se van los manteros a toda velocidad, pero al cabo de dos semanas ya han vuelto”, explica otra comerciante del Maremagnum, Maria Raventós. Son dispositivos especiales que en el pasado han llegado a generar, incluso, ciertos problemas de inseguridad. Se han llegado a producir enfrentamientos entre agentes de uno y otro cuerpo con el cada vez más numeroso grupo de vendedores. En una ocasión, llegó a ser atacado un coche patrulla.
De un simple vistazo, se deduce que la situación actual está lejos de estar atenuada o resuelta. Además de las ya referidas camisetas de fútbol, el siguiente artículo con más oferta son los bolsos de una determinada marca de lujo. Se venden réplicas de piezas que en el mercado oficial oscilarían de los 1.000 a los 15.000 euros por un precio de salida, negociable, de 25 euros.
Mayoritariamente, predominan los vendedores de origen subsahariano. Son los más numerosos y parece que los más organizados. Disponen de vigilantes con teléfono móvil. Les siguen algunos vendedores de origen pakistaní, algún magrebí y algún nacional. Parece haber sitio para todo el mundo. Las líneas son ordenadas. Los más móviles, sin embargo, y los que disponen de los mejores sitios, son subsaharianos.
“Nosotros pagamos alquileres muy altos. Yo querría que ellos no estuvieran aquí. Quizá en tiempos de bonanza no nos hubiera importado tanto, pero entre que la venta ha descendido y ellos cada vez son más, no puede ser”, dice Raventós.
Las manecillas del reloj pasan de las 13.30 horas. Es el momento de máximo apogeo. Los vendedores ambulantes aparecen como de la nada y empiezan a ocupar el puente levadizo del Maremagnum. Saben que la Policía Portuaria ahora no está y es como si supieran que van a llegar columnas con centenares de turistas desde la Rambla. Y es así. Visitantes de aspecto centroeuropeo, todavía muy blancos de piel, avanzan decididos. Poco a poco, la velocidad de avance se ralentiza. Muchos se paran a curiosear los artículos que ofrecen estos mercaderes de la calle. Se genera un tapón. Un joven se prueba tranquilamente una camiseta falsa del Real Madrid al final del puente.
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