Algo nos pasa
La Suiza exclusiva
Deia, , 26-04-2013Una de las grandes ventajas de no pertenecer a un club es no tener que sentirte obligado a participar ni en sus decisiones ni en sus desgracias o alegrías. Suiza es ese país neutral que eleva la admiración y la desconfianza a partes iguales. Lo mismo te pasmas boquiabierto por sus altos niveles de PIB, sus ciudadanos civilizados y su turismo invernal de lujo que no termina de cuadrar que un país sepa hacer en la misma medida de maestría quesos, relojes y productos financieros. Suiza no quiere contaminarse de las hordas de ciudadanos en paro de la Europa de la tercera velocidad y cierra sus puertas durante un año a todo europeo que quiera trabajar intramuros pero recibe sin despeinarse al que llegue con los suficientes billetes bajo el brazo que le haga mantener su halo superior regado de secretos bancarios y paraísos fiscales.
El suizo es esa casta de ciudadano que no habla de dinero porque le sobra mientras pasea por los escaparates de la lujosa Bahnhofstrasse de Zúrich y degusta todos los contrastes del verde, conoce las infinitas categorías del praliné y fuma marihuana. Un país sin noticias, ni grandes acontecimientos y que, como el supuesto amigo que a nadie defiende de los ataques de los demás, no genera nunca confianza porque su silencio y neutralidad siempre expresan que jamás te defenderá a ti.
Suiza es ese lugar virtuoso y extraño que estando en todo el medio de Europa ha conseguido aislarse bajo esa premisa preventiva de no querer participar en un proyecto sin garantías, ese lugar con envidiables tasas de paro inferiores al 4% y que lo mismo si quieres ir te da un portazo que te ofrece una cálida bienvenida, siempre y cuando avises y tu falta de rentabilidad no te haga resultar un huésped inquietante.
Suiza no recibe personas, pero sí dinero, aunque sea de dudosa procedencia, sabedora de que si terminara Suiza tal y como la conocemos, un sofisticado diseño de belleza, calidad y hermetismo, más de un suizo tendría que hacer la maleta.
Suiza se blinda y en su neutralidad de país eternamente correcto ha conseguido sortear guerras mundiales desde el mismísimo cogollo, trabajar por su propio rendimiento con una cara de cemento armado escondida en sus cajas fuertes viviendo del dinero negro de toda Europa y vacunarse contra todos los demás. Aquellos que a partir de ahora pegarán la nariz al escaparate de las bombonerías exclusivas donde compran a los ladrones de guante blanco.
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