La leyenda negra que bateó Hollywood

La historia del primer afroamericano en un equipo profesional de béisbol arrasa en taquilla con '42'

El Mundo, PABLO SCARPELLINI LOS ÁNGELES ESPECIAL PARA EL MUNDO , 16-04-2013

A Jackie Robinson le denegaron el uso del cuarto de baño en una gasolinera de carretera por ser negro. Después, sus propios compañeros le dijeron que no podía jugar al béisbol en un equipo donde se iba a convertir en el único jugador afroamericano, en la época de la segregación racial, un discurrir que se terminó por convertir en una leyenda americana, en una leyenda negra, que tiene todavía más mérito.

Esa épica con las consabidas escenas lacrimógenas se ha traducido en fenómeno en taquilla y en revolución en las redes sociales, siempre tan ávidas de emociones fuertes. El lunes por la mañana amanecieron encendidas de comentarios, dándole las gracias al hombre que han aprendido a conocer a través de una película, 42, y cuyo legado no ha hecho más que empezar a expandirse. En solo un fin de semana en cartelera, el filme de Brian Helgeland ya ha ingresado 27,5 millones de dólares, más que ninguna otra película de béisbol en la historia de Hollywood.

El filme ha superando los arranques de El mejor, de 1984, con Robert Redford de protagonista. De Ellas dan el golpe, la cinta de Madonna y Genna Davis; o de Moneyball, la más reciente con Brad Pitt al frente.

Fue, sin duda, la propuesta más interesante del fin de semana en Estados Unidos, imponiéndose sin problemas a Scary Movie 5 y a Evil Dead, en plena crisis de taquilla y sin que ninguna película haya conectado con el público como lo ha hecho esta en lo que va de año.

Los rumores previos sobre su fuerza narrativa cristalizaron en una importante lluvia de millones, una cinta biográfica con Harrison Ford como cabeza más visible del reparto. Su papel, como el resto del largometraje, tiene una considerable carga histórica, metido en la piel de Branch Rickey, el ejecutivo del mundo del béisbol que insistió en hacer valer la figura profesional de Robinson cuando nadie había apostado antes por un jugador afroamericano.

Rickey ayudó a romper esa barrera racial, primero con un jugador de color y después con un latino como Roberto Clemente, el primero antes de la llegada masiva de jugadores procedentes de países caribeños. Curiosamente hoy dominan la liga los extranjeros, sin los que los ejecutivos estadounidenses del béisbol no podrían llenar estadios.

Pero nadie como Jackie Robinson, un hombre rebelde y de personalidad problemática que aún así logró superar la oposición de sus compañeros de los Dodgers, en 1947, justo antes de hacer su debut el 15 de abril ante 26.623 espectadores, 14.000 de ellos de raza negra. Fueron varios los que le comunicaron a su entrenador, Leo Durocher, que no pensaban jugar si Robinson se unía al conjunto, lo que desató las iras del técnico.

«No me importa si este tipo es amarillo, negro o si tiene rayas como una puta cebra», afirmó Durocher en el vestuario. «Soy el manager de este equipo y yo digo que juega. Y digo más, os cuento que nos puede hacer ricos». Eso proclamó antes de amenazar a los opositores con un despido fulminante.

Durocher tenía razón. Robinson no solo se convirtió en un estandarte de la lucha contra el racismo y la segregación, sino que fue un extraordinario jugador. Ese 15 de abril logró anotar una carrera en la victoria de su equipo por 5-3, dejando atrás las ligas de béisbol negras en las que los suyos estaban obligados a participar como aspiración máxima. Ayudó además a llenar estadios, algo que los dueños del equipo nunca olvidaron y que eventualmente pavimentó el camino para otras estrellas afroamericanas.

«Jackie Robinson no sólo cambió el deporte del béisbol, sino que cambió el ámbito deportivo y fue un paso más allá, cambió el país», dijo al The New York Times Mark Roesler, jefe ejecutivo de CMG Worlwide, la marca que maneja los derechos de imagen de deportistas fallecidos. «Vivimos en una sociedad en la que es más fácil para las nuevas generaciones entender y valorar a la gente que ayudó a cambiar sus vidas».

El agradecimiento, por suerte para empresas como la suya, generalmente llega en forma de mercancía para mostrar la fe en el ídolo de turno. El caso de Robinson ha ido in crescendo en las últimas semanas, con unas ventas imparables de su camiseta con el número 42 de los Brooklyn Dodgers. De acuerdo al portal de internet Fanatics.com, en total han aumentado un 1.000% en las últimas dos semanas en comparación con la misma fecha el año pasado.

Para Roesler es indudable que la cinta de Helgeland ha contribuido de forma notoria a ese ascenso en las ventas, aunque también sostiene que la de Robinson ha sido siempre una figura venerada por coleccionistas y curiosos del béisbol. Una pelota firmada por la estrella afroamericana vale ahora 7.500 dólares, un aumento del 50% con respecto a 2004. Y su cromo de colección aún más: de los 3.200 dólares que valía hace años a los 8.100 que cuesta en la actualidad.

También ayudó el hecho de que Spike Lee la llevara puesta durante el rodaje de una de sus cintas, Do the right thing en 1989. Lee hacía el papel de un repartidor de pizzas que lucía orgulloso la camiseta más reverenciada de los Brooklyn Dodgers mientras recorría las calles del barrio neoyorquino, marcado también por las tensiones raciales de finales de los 90.

Pese al auge de la figura de Robinson en las últimas horas son varias las voces que insisten en que queda mucha historia que contar sobre lo que vivieron los hombres descendientes de esclavos en el deporte profesional americano.

Travis Reitsma, fundador del portal de bésibol Runs Batted Out, asegura que aunque Robinson fue el primer jugador negro en la liga profesional, también hay que recordar a las legiones de jugadores afroamericanos que jugaron de forma profesional en la era previa a la segregación racial y que soportaron la misma carga que Robinson, una presión feroz que hoy se admira y se celebra.

Gracias a su determinación, cada 15 de abril es un día especial en la liga de béisbol, un momento para recordar la figura del hombre que abrió las puertas para otros como él, un fenómeno que Hollywood, como casi siempre, está sabiendo explotar como nadie.

«Estoy agradecido y honrado por poder lucir el número 42 del gran Jackie Robinson», dijo a través de su cuenta de Twitter, un privilegio que comparten todos los miembros de la Liga Profesional de Béisbol (MLB) cada 15 de abril, el Jackie Robinson Day.

Es un día que sirve para recordar sus números, un hombre que tuvo muy complicado el acceso pero que logró sobrevivir durante 10 temporadas en la MLB, casi siempre como segunda base. Su papel fue decisivo en los éxitos de los Dodgers, llegando a disputar seis veces la final del campeonato y entrando en seis ocasiones en la listas de los All Star, además de ganar el trofeo del novato del año en 1947, meses después de que sus propios compañeros de equipo se opusieran a su concurso.

Su retirada llegaría en 1956, siempre con los Dodgers de Brooklyn, equipo al que llegó procedente de los Montreal Royals, donde también fue víctima de la discriminación. Ahora, ya es parte del salón de la fama del béisbol, con su nombre escrito en letras mayúsculas.

Sentido homenaje

Pese a que la tradición se ha mantenido año a año desde 1947, no hay duda de que el empujón de la meca del cine contribuyó a que el de ayer fuera un 15 de abril especial. Carl Crawford, por ejemplo, jugador de campo de los Angeles Dodgers la ciudad en la que ahora reside la franquicia en la que jugaba entonces Robinson, no dudó en dedicar varios comentarios a la figura del mito, además de una foto de unas zapatillas de deporte especiales con el número 42 en su honor.

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