Itxaso Oiarzabal servicio psicológico de Cáritas

"Los hombres vienen al despacho con vergüenza y un sentimiento de culpa"

Por el despacho de Itxaso Oiarzabal, responsable del servicio psicológico de Cáritas, pasan muchas personas. La mayor parte de ellas, con graves problemas de exclusión social. Sin embargo, en el último año cada vez recibe más a "víctimas" de la crisis económica, sobre todo hombres

Deia, José Basurto, 06-04-2013

Bilbao. La crisis está cambiando el perfil de los usuarios del servicio de atención psicológica que Cáritas presta desde el año 1995. “Ahora viene gente”, señala Itxaso, “que ha llevado una vida organizada y estructurada, pero que les ha golpeado la crisis”. El año pasado, las tres psicólogas clínicas que atienden el servicio pasaron consulta a un total de 108 personas. De ellas, muchos fueron hombres que “llegaron con un gran sentimiento de culpa y vergüenza por haber llegado a una situación de desempleo”.

¿Tienen una mayor demanda desde que comenzó la crisis?

Sí, ha aumentado mucho. La verdad es que en estos momentos se puede decir que no damos abasto. Estamos saturados. La demanda es muy superior a la que podemos atender.

¿A qué se debe ese aumento?

A que ahora vienen personas que antes no era habitual que acabaran acudiendo a Cáritas.

¿Históricamente, a qué tipo de personas han atendido en el servicio de atención psicológica?

A personas con problemas de salud mental o psicológicos que estaban claramente en una situación de exclusión social, sin apoyo familiar. Este perfil sigue siendo el mayoritario, pero ha aparecido otro.

¿Cómo es el perfil de ese nuevo demandante de ayuda?

Pues el de una persona que ha llevado una vida organizada y estructurada y que siempre ha dispuesto de una red social y familiar, pero que por diferentes circunstancias le ha golpeado la crisis.

¿Y cuáles son los problemas psicológicos más graves que presentan esas personas?

En un primer momento, mucha ansiedad y estrés, y posteriormente, depresión, desesperanza y mucho sentimiento de culpa y vergüenza.

¿Por qué esos sentimientos?

Porque ellos viven con mucha culpa el haberse quedado en paro. Constantemente se preguntan por qué no tienen trabajo o por qué lo han perdido.

¿Llegan a su despacho en situación límite?

No. No es lo habitual. Para cuando vienen aquí ya tienen asimilado, por ejemplo, que han perdido el empleo y ya han pedido ayuda a Cáritas. Además, las personas que han llevado una vida normalizada aguantan mucho.

¿Qué le dicen estas personas?

Que nunca hubiesen pensado que iban a llegar a esa situación. Normalmente expresan desesperanza e impotencia.

¿Alguien llega a pensar, incluso, en el suicidio?

En un servicio psicológico, el tema de ideas de muerte o pensamientos de buscar una solución quitándose la vida siempre es algo que puede estar presente, pero no es lo predominante. Quienes hablan de suicidio o manejan esa posibilidad suelen ser personas con algún tipo de trastorno previo.

¿Se sienten aliviadas las personas que acuden al servicio psicológico?

En líneas generales, sí. Desde el momento en el que se les da cita ya se sienten aliviadas porque saben que se les va a escuchar, a atender y a orientar.

¿Cómo les orientan ustedes?

Tratamos de animarles, pero no con una palmadita en la espalda. Intentamos hacerles ver que todas las personas tenemos una potencialidades y unas capacidades. Y en momentos difíciles es cuando, en muchos casos, se encuentran y se descubren.

¿Algunos de sus pacientes las han encontrado?

Sí. Ha habido personas adultas que han decidido cambiar de profesión y jóvenes que han retomado los estudios que dejaron por pasarse a la construcción. Este es un aspecto sanador de la dificultad. Las crisis son momentos de cambio, y una crisis personal hace replantearse otras cosas en la vida.

¿A cuántas personas atendieron el año pasado?

A un total de 180 personas. De ellas, 114 ya venían siendo tratadas y el resto, 66, fueron nuevos casos.

En cuanto a sexos, ¿cuál es el que predomina?

Las mujeres suponen un 57%, y los hombres, un 43%. Siempre hemos atendido a más mujeres, pero la crisis ha hecho aumentar el porcentaje de hombres.

¿Por qué siempre han atendido a más mujeres?

Porque la mujer siempre ha tenido mayor facilidad para buscar soluciones, no solo las propias sino las de la familia. Cuando había un problema en casa, la mujer era la que tomaba la iniciativa de pedir ayuda. Ahora, son los hombres lo que han tenido que dar el paso.

¿Por qué?

Porque han llegado a una situación extrema y se han visto desbordados. La pérdida de trabajo hace que a muchos hombres se les venga todo abajo y eso hace que pierdan la vergüenza.

¿Las personas sin hogar son las que más pasan por el servicio ?

Sí. El colectivo que más tratamos es el de la exclusión social, que a su vez suele ir asociado con problemas de adicciones, alcoholismo, enfermedades mentales y familias desestructuradas.

¿Tratan a muchos inmigrantes?

El año pasado, un 22% de las personas que pasaron por el servicio fueron extranjeras.

¿Qué problemas les preocupan más a los extranjeros?

Hubo un tiempo, cuando llegaron los inmigrantes a nuestro país, que lo que les preocupaba era el proceso de adaptación y todo lo que suponía dejar a la familia en el país de origen. Pero ahora ha cambiado; ahora tienen dudas.

¿Qué tipo de dudas?

Los latinoamericanos, por ejemplo, se preguntan si les conviene quedarse o volverse a su país, porque en muchos casos son países emergentes. Les cuentan que allí empiezan a mejorar las cosas y eso les genera dudas.

¿Han notado algún aumento significativo en las problemáticas que atienden además del provocado por la crisis?

Sí, el de las mujeres víctimas de violencia machista. En lo que llevamos de año, el 54% de las demandas de atención psicológica para mujeres ha tenido como motivo o causa de consulta principal problemas relacionados con la violencia machista.

¿A qué cree que se debe ese incremento?

A que, igual, debido a la situación precaria y a la falta de medios económicos, se generan mayores disputas, situaciones más soterradas que se desencadenan.

¿Cuál es la situación más difícil que ha visto?

Yo siempre digo que el caso más difícil está por llegar.

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