Juicio / Neonazis
10 años por apalear a un indigente
El Mundo, , 04-04-2013A uno de los cuatro presuntos neonazis que le dieron una paliza le cayeron ayer 10 años de prisión, pero Rafael Santamaría, indigente cuando sucedieron los hechos, «no entendía ni la sentencia, no era capaz de comprenderla» ayer.
Santamaría, que dormía en un fotomatón aquella noche en que empezaron a lloverle palos y despertó «en el hospital, sin saber qué había pasado», se ha quedado con una «notable» incapacidad para comprender qué le pasa, según los médicos. «No identifica bien las cosas, le cuesta explicarse y entender», dicen quienes le conocen.
La causa de sus problemas: la agresión recibida, sin comerlo ni beberlo, aquel 23 de agosto de 2009. La Audiencia Provincial de Madrid condenó ayer a 10 años a Mykhaylo T., a quien se considera autor de un delito de lesiones con la agravante de alevosía. Además, el condenado deberá indemnizar a la víctima con 300.000 euros.
También se condena a Javier R. B., María Leticia G. D. e Iván L.G. a pagar una multa de 24 meses a razón de 10 euros por un delito de omisión del deber de socorro. Estas tres personas, que según las acusaciones participaron en la agresión, deberán responder de forma solidaria en la cantidad de 100.000 euros de los 300.000 euros fijados al anterior.
La sala, además, anunció que valorará en una resolución diferente el escrito a ella dirigido por uno de los abogados de los presuntos agresores, Ángel Pelluz, quien justificó los hechos porque «los mendigos no son humanos, sino que son un cáncer para la sociedad».
La sentencia da por sentado que Mykhaylo T. agredió a Santamaría enfadado porque no le dejaron acceder a un bar de las inmediaciones, y que los amigos que iban con el agresor no hicieron nada por impedir los hechos, y se marcharon del lugar cuando esto sucedió.
A consecuencia de todo ello, el hombre sufrió un traumatismo craneoencefálico con contusión hemorrágica intraparenquimatosa, del que tardó en curar 541 días.
Como secuela, además, a Rafael le ha quedado una alteración cognitivo-conductual que le limita para cualquier actividad de cierta complejidad, circunstancia en la que requiere supervisión de terceros.
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