El jugador que ignoraba ser nazi
EL ZOO DEL SIGLO XXI / GIORGOS KATIDIS El futbolista griego celebró un gol con el saludo fascista y luego dijo no saber cuál era su significado. La Federación le ha vetado de por vida en la selección
La Vanguardia, , 18-03-2013Giorgos Katidis era sólo un puñado de párrafos en blogs de estudiosos del fútbol internacional. De él, mediapunta, 20 años, se podía leer que asociaba el espíritu aguerrido tópicamente griego con cierta delicadeza en el toque, inusual en el país que santificó el unocerismo en 2004, y un buen disparo lejano. Se sabía que Héctor Cúper lo hizo debutar en Primera con el Aris de Salónica, su ciudad natal, en 2011 y que el AEK de Atenas lo fichó esta temporada por 200.000 euros para hacerle jugar 20 partidos en liga, 10 como titular.
Su paso por las selecciones de formación de Grecia se valoraba excelente. Jugó en la sub’17 y brilló el verano pasado en la sub’19 que perdió el Europeo ante la España de Jesé y Deulofeu. Capitán del equipo y máximo goleador con tres tantos, se había ganado un paso más, el debut con la sub’21. Indisciplinado y entendido en la ofensa al árbitro, su vida extrafutbolística era la habitual a su edad en el sector: ropa cara, alguna discoteca, alguna novia y un profundo amor por grabarse la piel.
Todo eso era Katidis hasta el sábado pasado. Entonces, saliendo como suplente, anotó el segundo gol de su carrera en liga ante el recién ascendido Veria. Un tanto en el minuto 83 que le dio el triunfo a su equipo por 2-1. Enorme jolgorio y, como debía, corrió a celebrarlo. Se fue a una esquina del Estadio Olímpico quitándose la camiseta y alzó tieso, bien tieso, el brazo derecho. Saludo fascista ante los ultras de su equipo que precisamente no se caracterizan, como otros, por apoyar esa ideología. Lo taparon rápido sus compañeros entre abrazos pero no le costó repetir el gesto luego, para que los fotógrafos pudieran captarlo.
Ahí su carrera, y su vida, cambió. Y la excusa no ayudó. «No lo entendí hasta que me lo explicaron en el vestuario. Detesto el fascismo, no soy racista, no conocía el significado. He recibido críticas y pensaba que era un gesto que invitaba a todo el mundo a ponerse de pie ante alguien. Había visto algunos vídeos en YouTube», explicaba el joven centrocampista a los periodistas tras el partido, aún sonriente, con el apoyo de su entrenador («lloró al saber de su error», dijo el alemán Ewald Lienen) y sin saber la que se le venía encima.
La Federación Griega se reunió rápidamente de forma extraordinaria para darle la primera y quizá más dura reprimenda. El ente le vetó «de por vida» para jugar con la selección helena y además pidió a los responsables de la liga, que determinarán el miércoles, una sanción «ejemplarizante». Su afición, a través de los ultras Original 21, exigió su despido inmediato a una directiva que ya anunció una reunión de urgencia y muchos jugadores, como el internacional Giorgos Tzavellas, le criticaron públicamente.
Su celebración en el campo de Atenas, además, saltó en plena conmemoración del 70 aniversario de la deportación de miles de judíos griegos a campos de concentración. Los partidos gobernantes exigieron mano dura con él mientras Amanacer Dorado, partido neofascista, lo defendía argumentando que es «un gesto de la Antigua Grecia». Su carrera, su vida, iba en ese gesto.
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