“Ha pasado lo que tenía que pasar: nos dan la razón, es lo justo”

La Vanguardia, , 15-03-2013

La sensación que tiene Mohammed Aziz es que se ha hecho justicia. “Ha pasado lo que tenía que pasar, aunque en un principio nos dijeron que no, ahora nos dan la razón ¡Es lo justo! ¡Lo injusto son los desahucios!”, dice en un día en el que no para de entrar en directos de televisión. De atender al móvil. De contestar preguntas de periodistas. Guarda la calma, aunque hay momentos que no puede más y se emociona. “Está siendo una época muy mala, terrible. Y esto es una alegría”, cuenta.

Mohammed tiene 51 años. Su hija mayor, de 25, está viviendo en Marruecos. En Martorell están él, su otra hija de 20 y el pequeño de diez. También su mujer. Viven en un piso social de alquiler por el que pagan cerca de 400 euros. Y viven como pueden con la ayuda que recibe él, 423 euros, y con la solidaridad de vecinos, amigos y servicios sociales. Soldador de profesión, está en el paro desde el 2009. Y eso que, prácticamente, no había parado de trabajar desde que llegó a España en 1991. La suerte se giró, llegó la crisis, fueron viviendo de los ahorros… Pero en el 2011 se quedó sin piso. Se convirtió en un desahuciado.

“Yo no estuve nunca conforme. ¿Por no poder pagar? No es que no quisiera. ¿Por dejar de pagar tres meses? ¡No era justo!”, explica Mohammed que se pasa el día yendo de su casa a la de su abogado, Dionisio Moreno. Un letrado humilde como la mayoría de sus clientes. Quienes lo conocen, no se ahorran los halagos… que es persistente, inteligente y que actuó por justicia. “Todavía no le he pagado. Todavía no me ha cogido nada de dinero”, comenta aguantando la emoción. Su historia es la de muchos desahuciados: perdió el piso pero prosiguió con una deuda que se convirtió en un lastre de por vida. Se quedó sin nada, sólo con deudas. Aunque sabía que tenía la razón y ayer se la dio la Unión Europea. Mohammed fue víctima del banco, del sistema hipotecario español y de sus cláusulas abusivas. “Yo me alegro no por mí, me alegro por todo el mundo. Por la gente que lo está pasando mal. Lo estamos viendo cada día, en la tele, en la calle… Por eso me alegro. Es lo que me llena”, señala. “Es una sentencia que hace justicia”, repite una y otra vez. Porque la búsqueda de justicia fue lo que hizo que, desde un principio, plantase cara a la entidad financiera que lo desahució. “Tenía un piso en Marruecos, el banco me dijo que lo vendiera y que les diese el dinero. Yo les dije que ese dinero lo iba a usar para hacer justicia, aunque el abogado todavía no me ha querido cobrar nada”, insiste. “Es que es amigo de un amigo… Y siempre me dijo que había que luchar, hacer justicia”, añade en referencia a Dionisio. “Esto tiene que servir para que la justicia española cambie, para que proteja al más débil”, sentencia. / Raúl Montilla

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