El zapatero peruano del Papa

Antonio Arellano confecciona los mocasines colorados que calza Benedicto XVI

La Vanguardia, EUSEBIO VAL Roma. Corresponsal, 15-02-2013

Antonio Arellano exhibe con orgullo, en una vitrina, una copia de los zapatos de su cliente más distinguido. Joseph Ratzinger ya frecuentaba el minúsculo taller de la vía del Falco, a dos pasos del Vaticano, cuando era cardenal. Luego, como Sumo Pontífice, decidió encargarle los célebres mocasines rojos del número 42.

“Agradezco a Dios haberme dado este don de saber hacer zapatos a medida –comenta Arellano–. Cuando me levanto, estoy feliz de ir a trabajar”.

Este artesano del calzado nació en Trujillo (Perú) hace 44 años. De muy joven emigró a Italia, donde le reconocieron pronto su valía. En 1998 montó su propio taller, en el que combina el remiendo y la manufactura. Entre sus clientes hay clérigos y laicos.

–¿Hace algún precio especial a los cardenales?

–No, un precio normal para todos. No cambia si son ricos o pobres. O se hace así, o no te toman en serio. –¿Y cuánto le cobra al Papa? –Usted pregunta demasiado… Arellano tiene enmarcada en la pared una foto de la audiencia en la que saludó a Benedicto XVI. Iba con su mujer y su hijo, que también es zapatero. “Me pareció una persona fantástica –rememora Arellano–. Me reconoció, hizo un gesto y dijo: ‘Ahí está mi zapatero’. Lo hizo con una voz fina, delicada. Me sentí muy bien acogido, con cariño. Cuando alguien te acoge así, uno se siente como en casa. Me emocioné”.

Al zapatero papal le sorprendió la noticia de la renuncia. “Si un Santo Padre decide eso, uno debe escuchar y basta –opina Arellano–. A mí me sabe mal. Pero si viene por aquí, yo lo seguiré tratando como Santo Padre”.

Arellano no participará en el cónclave, aunque sí tiene claro a su candidato. El otro día declaró a un diario italiano que le gustaría que fuera papa el secretario de Benedicto XVI, Georg Gänswein, flamante arzobispo. –¿Debió decirlo en broma…? –No. Lo que yo digo son siempre cosas serias.

–Usted perdone. ¿Y por qué le gustaría monseñor Gänswein?

–Porque me cae simpático y es joven. Yo lo comparo con Juan Pablo II, que también era joven y estuvo tantos años. Sería una persona adecuada para la Iglesia. La llevaría hacia adelante. Yo lo veo como una persona capaz. –¿Es también cliente suyo? –Sí, para reparaciones. Arellano interrumpe la charla porque entra Valentina, una clienta. “Es un genio”, le piropea. “Sólo él podría hacer los zapatos del Papa”, agrega.

El zapatero publicará en breve un libro sobre su vida, sobre su difícil infancia. “Es una historia muy bonita –subraya–. Cuando la lea, deberá sacar el pañuelo”.

Por el altavoz suena sin cesar música latina. “Les gusta mucho a mis clientes –confiesa–. Algunos entran bailando”.

Texto en la fuente original
(Puede haber caducado)