«No tengo miedo, siento rabia»

La Verdad, T. M. M., 15-02-2013

Francisco Soto, en la ferretería que regenta en la diputación de Torrecilla, señala el lugar donde lo encañonaron los tres individuos. :: P. A. / AGM

La jornada laboral había terminado. Ya eran las nueve de la noche y Francisco Soto se disponía a cerrar la ferretería que tiene en la diputación de Torrecilla cuando tres encapuchados lo sorprendieron por detrás y le apuntaron con tres escopetas, a él, y a su hijo de diez años. «Llevaban armas y me tiraron al suelo. Mi hijo se asustó mucho y lo echaron a un lado. No me dejaban acercarme a él. Querían el dinero de la caja y yo no pude hacer otra cosa que dárselo sin oponer mucha resistencia. En ese momento solo me importaba que me dejaran coger a mi hijo», comenta Fran, como lo conocen todos los vecinos de la zona.

Tras robar el dinero, los tres encapuchados cogieron un monovolúmen que habían aparcado en el camino que hay detrás del establecimiento y se dieron a la fuga. «En cuanto se fueron salí corriendo a avisar a los vecinos, pero ya no se podía hacer nada. Llamamos a la Policía Nacional y la Guardia Civil que vinieron enseguida. Los tres atracadores eran extranjeros, tenían acento árabe».

Los ladrones se llevaron la recaudación del día, unos 1.500 euros, que había en la caja registradora. La Guardia Civil ha abierto una investigación para tratar de atrapar a los tres individuos que amenazaron a Fran. «Cada vez que yo me movía, ellos se ponían a la defensiva, como si me fuesen a dar un culatazo con la escopeta, pero no me llegaron a pegar porque yo no me enfrenté a ellos».

Tras asimilar lo acontecido, el sentimiento que ha embargado a Fran es el de una «gran impotencia». «Asustado no estoy, pero siento mucha rabia de no haber podido hacer nada, de no haber tenido a mano un hacha, aunque entonces, a lo mejor, ahora estaría muerto. Mi hijo se asustó mucho y ya parece que lo va asimilando pero cuando se fueron rompió a llorar y hemos tenido que llevarlo al médico y todo. Ya parece que se le va pasando un poco».

El establecimiento cuenta con alarma de seguridad, pero solo está activada cuando el local está cerrado al público. Se encuentra en un lugar de paso, en el Camino Viejo del Puerto. «Por aquí pasa mucha gente. Yo creo que los que me atracaron llevaban tiempo vigilándome y que incluso en algún momento llegaron a comprar algo en la tienda. Tengo el comercio abierto desde junio del año 2006 y nunca me había pasado algo así. Esta no es una zona conflictiva».

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